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Por qué el coronavirus va a cambiar la educación para siempre

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01 Abril de 2020 11.47

Este artículo es imperdible: algunas personas se las arreglaron para poner en loop videos suyos prestando atención para que sus jefes o profesores no se dieran cuenta de que estaban haciendo otra cosa.

No pude evitar sonreír al imaginarme a mis estudiantes escuchándome de fondo por si los llego a llamar mientras juegan videojuegos o chatean con amigos.

Por suerte, tengo el privilegio de tener alumnos cuya capacidad de atención se corresponde con las sumas que pagan por su educación y el proceso de selección que pasaron. Nuestra relación se basa en la confianza: ellos quieren que les enseñen de la manera más productiva posible, lo mejor que se pueda en estas circunstancias y yo quiero darles la mejor clase que pueda en estas circunstancias.

En algunos casos, en particular en los cursos donde uso el viejo (y casi retirado) Adobe Connect, queda claro que la interacción se ve afectada. Lo que solemos hacer es dejar que el profesor hable mientras los estudiantes miran por la cámara, compartir la pantalla con nuestras presentaciones y que las preguntas y respuestas se hagan por chat (podríamos usar el micrófono, pero es incómodo). Cuando usamos herramientas más avanzadas, como WoW in a Box o, en otras universidades, Zoom, GoToMeeting, Webex o Google Classroom, la interacción mejora y los profesores pueden verles las caras a los alumnos y dejar que hagan preguntas cuando levantan la mano. Así ?con algo de prácticá, la experiencia se parece bastante a la de una clase presencial.

Las diferencias están a la vista y plantean una pregunta fundamental: ¿La educación online es un simple sucedáneo de la enseñanza presencial o ya se la puede considerar comparable o incluso mejor como experienciá Si creemos solo en reemplazar una modalidad por otra, estamos equivocados.

Según las opiniones de los estudiantes, los cursos online de IE University son algunos de los más satisfactorios: el formato de foro (complementado con algunas oportunidades de interacción personal y otras para hacer videoconferencias online interactivas) tiende a ser mucho más rico que una situación presencial. Sé que suena ilógico, pero lo vengo probando hace mucho tiempo: en una clase presencial, los alumnos pueden participar a lo sumo uno o dos minutos cada uno (antes de impacientar a los demás), mientras que en un ambiente online asíncrono pueden hacerlo cuando quieran, aprovechar el tiempo para organizar sus pensamientos y hasta incluir otros recursos, como enlaces a notas o videos. El resultado, con una curva de aprendizaje relativamente simple, son discusiones más profundas y mejores oportunidades para aprender.

Un período de confinamiento como el que estamos viviendo debería ser el momento para evaluar hacer experimentos, probar herramientas y tratar de brindarles la mejor experiencia posible a nuestros alumnos, una que esté a la altura de las expectativas que generamos cuando comenzaron a cursar. Si no, no podremos avanzar a la siguiente etapa, la que sin dudas comenzará cuando termine la cuarentena: la de los cursos al mismo tiempo presenciales y online, para que los alumnos puedan decidir si van a una clase o la siguen ?con el nivel adecuado de interaccióñ por internet (por ejemplo, si tienen gripe o cualquier otra enfermedad que pueda ser contagiosa).

Si creemos que la situación actual es excepcional y que después de la cuarentena todo va a volver a ser como antes, me parece que nos equivocamos.

Autor: Enrique Dans

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