La economía mira a la política: ¿toma fuerza el proyecto de un candidato alternativo?
Daniel Hadad lanzó el nombre de Jorge Brito: “Sería un gran candidato”. No descartó su propia postulación en 2027. El economista Carlos Melconian y el evangélico Dante Gebel también amagan. ¿Por qué plantean la necesidad de una tercera opción frente al actual oficialismo libertario y la dispersa oposición peronista?

El último lunes por la noche, en la señal de noticias A24, Daniel Hadad movió una ficha de alto voltaje y fue una ficha política. Entrevistado por Santiago Fioriti y Nicolás Wiñazki, el fundador y director de Infobae dijo: “Creo que Jorge Brito sería un gran candidato”. Explicó que, desde su punto de vista, el presidente del Banco Macro y expresidente de River Plate “es un tipo centrado y tiene todo para dedicar su vida al país en los próximos cuatro años”.

¿Pero puede el propio Hadad eventualmente ser candidato a presidente en 2027? Estrictamente, en la misma entrevista, no lo descartó. Aunque aclaró que no es una decisión que haya tomado, respondió: “Mi abuelo me diría que no sea cobarde, pero no lo sé, el tiempo dirá”. Hadad vive gran parte del tiempo en Estados Unidos desde hace cinco años y planea volver a tener una residencia permanente en Argentina en el corto plazo. Mientras tanto, habla de una revolución en el sector educativo, con eje en nuevas tecnologías, y de aprovechar el talento argentino para el desarrollo de una nueva industria de inteligencia artificial.

Hace apenas un mes, en diálogo con Alex Milberg en el Forbes Studio Miami, Hadad ya había dado un paso en esa dirección. “Hay gente antigua que no va a volver al poder”, afirmó en aquella oportunidad. “Milei representó una esperanza muy fuerte en 2023, hizo cosas bien y en otras se empecina en parecer el pasado”, enfocó sobre la actual gestión. “La Argentina —concluyó— necesita consensos, con acuerdos políticos y un proyecto a mediano y largo plazo”.

Sus declaraciones representan lo que un sector del “establishment” interpreta con respecto al año electoral que se avecina, a pesar de que no suele expresarse públicamente al respecto. Y es que el país requiere una experiencia alternativa al actual gobierno libertario y al peronismo en cualquiera de sus versiones, materializada en un candidato alternativo y de tipo “outsider”.

El ensayo de una tercera opción, entre el pasado kirchnerista y el presente libertario, tiene como escenario a muchas de las últimas encuestas. La más reciente, conocida esta misma semana, es la de Jorge Giacobbe, correspondiente a un sondeo realizado durante el último mes de julio. Esa medición indica que el presidente Milei cuenta con una imagen positiva del 33,9% y una negativa del 57,2%.

En imagen positiva, según la misma encuesta, el actual jefe de Estado es superado por Axel Kicillof, con un 36,7%, y por una astilla del propio palo, la senadora Patricia Bullrich, con el 34,5%. Cristina Kirchner, imposibilitada judicialmente de ser candidata, tiene una positiva del 29,6%. Todos ellos con imagen negativa por arriba del 50%, pero inferiores a la del presidente de la Nación.

Sin embargo, el dato que más llama la atención en la encuesta de Giacobbe, y que tal vez condicione a todos los anteriores, es que el 58,9% de las personas consultadas cree que “la economía está empeorando”. Sólo un 24,1% dice que “está mejorando y lo estoy sintiendo”, y otro 11,8% comparte la visión de que sí está mejorando, pero “no lo estoy sintiendo”.

¿Está el Gobierno a tiempo de hacer algo para que esos sectores empiecen a sentir los beneficios del actual modelo económico? Es una de las preguntas clave que emergen. La otra es si la Casa Rosada tiene verdaderamente voluntad de hacerlo, y eso parece estar en duda cuando su estrategia choca con la opinión pública, como sucedió con la frustrada “ley de tierras”. También cuando pone al país en una situación frente a la cual hay mucho para perder y poco para ganar, como sucedió durante el reciente intento de desregulación de la actividad de los prácticos portuarios, que derivó en un paro con fuertes pérdidas económicas para el sector precisamente más dinámico de la economía, que sí crece y genera divisas para las arcas del oficialismo. En ambos casos, el Gobierno debió dar un paso atrás y volver a empezar.

Al mismo tiempo, otro proyecto fundamental para el desarrollo económico, como el Super RIGI, permanece estancado en el Parlamento. El sector empresario lo considera de vital importancia para lo que viene, mientras la política impone sus propios tiempos.

Mientras tanto, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, se puso al frente de la mesa política con la cual el Gobierno aspira a revertir ese escenario adverso, empezando por la provincia de Buenos Aires. Junto a su mano derecha en el territorio bonaerense, Sebastián Pareja, se reunió con legisladores provinciales, entre ellos el exintendente de Tres de Febrero y actual senador provincial Diego Valenzuela. “Estamos empezando a hablar de la economía real”, dijo poco después ante un micrófono de Clarín. “Hay motores que están encendidos y otros que hay que encender un poco más”, reconoció. Como exintendente, tiene el pulso de la calle.

Así las cosas…

El tercio del electorado, que expresa escasa voluntad de elegir entre un peronismo con más o menos dosis de kirchnerismo y, al mismo tiempo, se muestra distante del actual modelo, empieza a ser un objetivo tentador para una eventual nueva experiencia política. Además de los nombres de Brito y Hadad, aparecen en la lista tentativa el autoproclamado Carlos Melconian y el evangélico Dante Gebel, que ya aclara no ser pastor.

El peronismo permanece empantanado en una encrucijada, entre el control remoto que pretende conservar CFK desde San José 1111 y las aspiraciones de Kicillof, quien pasa el rastrillo político por todos lados y acaba de sumar a sus filas, curiosamente, al dirigente Santiago Cúneo.

Y el Gobierno, con idas y vueltas, busca retomar la iniciativa, tratando de volver a penetrar en la clase media con un mensaje que algún otro presidente definió como “estamos mal, pero vamos bien”.

Finalmente… el propio Milei, con su propia agenda, más apuntada a blindar el superávit y a las batallas libertarias que vienen: las elecciones en Estados Unidos y en Brasil.