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En los últimos años, los centros de pensamiento y las universidades han avanzado mucho en el campo de la investigación educativa. La educación debe encaminarse hacia un modelo más personalizado que acompañe el ritmo de progreso de cada estudiante, y que el aprendizaje basado en proyectos contribuye a potenciar habilidades como la creatividad, la indagación, la colaboración y la motivación.

16 Julio de 2020 17.29

Las pruebas internacionales estandarizadas como PISA, impulsadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), brindan desde hace ya dos décadas información valiosa a los países sobre el desempeño de sus estudiantes, para que a partir de ellas puedan ratificar o rectificar el rumbo de sus políticas.

Además de estas evaluaciones, que nos permiten conocer cómo aprenden los estudiantes en el mundo, hoy contamos con mucha más información sobre el funcionamiento del cerebro; información para comprender con más exactitud los procesos cognitivos claves para la enseñanza y el aprendizaje. Gracias a estos aportes de la neurociencia entendimos que la capacidad de jugar está fuertemente relacionada con el desarrollo cognitivo y que la calidad de la imaginación en la infancia se asocia a la creatividad a lo largo de la vida. Es por esto que hoy nadie pone en discusión la importancia del jardín de infantes en la vida educativa de las personas. 

Las investigaciones que se han realizado en distintas poblaciones con malnutrición también han probado que la deficiencia nutricional impacta negativamente en el desarrollo cognitivo, y que la pobreza es uno de los mayores determinantes en el rendimiento de los estudiantes. Este vínculo ya no se basa en el sentido común, sino en el hecho de que existe evidencia sobrada de ello. 

Sumado a los avances en materia de investigación educativa, muchos países también han coincidido, en los últimos años, en la necesidad de invertir entre un 5 % y 6 % de su PBI en el fortalecimiento de la educación. Ahora bien, si solo se tratara de conocimientos teóricos y de financiamiento, deberían ser más los países que ostenten hoy una curva ascendente en muchos de sus indicadores educativos.

 Sin embargo, si uno observa los resultados de las evaluaciones internacionales, estos indican que son muy pocos los que han logrado mejoras significativas y en un corto período de tiempo, y que la mayoría de los países están estancados en lo que se refiere a la mejora de los aprendizajes.

Y una explicación para ello puede ser que, por más que existen evidencias y buenas prácticas que conforman políticas educativas, las decisiones muchas veces se ven condicionadas por la realidad, por las particularidades de los sistemas a gobernar y por un sinfín de factores que hoy no forman parte del debate educativo. 

¿Qué propone este libro?

Hoy en día abundan las teorías sobre lo que se debe hacer para mejorar y, sin embargo, nadie nos cuenta cómo hacerlo.  Se trata de las lecciones aprendidas durante el tiempo que Sanchez Zinny se desempeño en el cargo; unas que pueden contribuir a un debate que hoy no tiene tanto lugar en los libros y manuales de educación: lo que no nos cuentan sobre el día a día de las reformas educativas.

¿Cuán importante es el uso de la evidencia para la toma de decisiones? ¿Se puede iniciar una transformación sin un rumbo claro y sin un equipo que persiga el mismo propósito? ¿Es posible avanzar sin el apoyo de todos los actores que forman parte del sistema? ¿Cómo las distintas realidades condicionan la toma de decisiones?

Todos estos aspectos son realmente importantes en la práctica. Desde contar con evidencia y consolidar un buen equipo, hasta tener muy presente que, de un día para el otro, una situación puede acelerar o cambiar el rumbo de nuestras acciones. 

Hay un debate que no se está dando y ha llegado la hora de tener. ¿Estamos preparados? 

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