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Ciencia vs. prudencia: por qué salir a correr tendrá que esperar

Matías Loewy Forbes Staff

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25 Mayo de 2020 08.20

Frente a la expansión de una pandemia que aún no llegó a su pico en el país, para la adopción de muchas medidas la cautela pesa más que la evidencia. ¿Pero podría ser de otro modó

Los lunes, extraño correr. Los martes también. Los miércoles es el día en que extraño salir a correr. El jueves, oh sí, extraño mucho correr. El viernes, que es mi día de descanso, extraño correr. El sábado extraño correr las cuestas y el domingo, no voy a mentirles, extraño correr los fondos también”.

Para el maratonista y crítico de cine Santiago García, la prohibición de salir a correr en la Ciudad de Buenos Aires es casi un tormento. Algo nunca imaginado. Este sábado, La Pampa se sumó a las provincias que volvieron a habilitar esa actividad y García bromeó: “¡Voy!”

Su cuenta de Twitter convoca testimonios de otros desesperados. Mariano Zabaleta, un fotógrafo que corrió siete maratones, todas las semanas completa 400 vueltas en un pasillo de su PH de un metro de ancho y 27 de largo para sumar 10-12 kilómetros, aunque confió que tiene miedo de que se le arruinen las rodillas. “(Rodríguez) Larreta, necesito salir”, imploró.

Más extremo fue un francés, Elisha Nochomovitz, de 32 años, que hizo el recorrido de una maratón (42 km) dos veces en su balcón de 7 metros, aunque, eso sí, con una buena vista a los Pirineos.

Pese a que la mayoría de los países nunca impusieron o ya empezaron a flexibilizar esas restricciones, en Argentina, que comenzó una cuarentena precoz pero todavía no llegó a lo que se espera sea el pico de casos, los aficionados al running del área metropolitana de Buenos Aires y otros distritos y provincias con circulación viral deberán contener su ansiedad.  “Angustiante es enfermarse”, espetó el sábado a la noche el presidente Alberto Fernández cuando anunció la extensión de la cuarentena, sin ninguna mención al tema. “Este es un virus desconocido que mata”, recordó. Hay otras prioridades.

De todos modos, las medidas alrededor del running son un caso testigo de algunas lógicas de decisión en esta pandemia.

 

Varios expertos creen que no existe evidencia científica sólida para justificar esa restricción. Un estudio aerodinámico muy difundido, liderado por ingenieros de Bélgica y los Países Bajos, modeló las gotitas que se liberan en la exhalación y determinó que la distancia social equivalente al metro y medio cuando se camina crece a 10 metros cuando una persona corre detrás de otro corredor, en lo que se conoce como “slipstream” o zona con menor resistencia al viento por el aire que arrastra quien marcha adelante.

Sin embargo, los mismos investigadores aclararon que ese “rango de seguridad” de 10 metros no se aplica cuando los runners corren uno al lado del otro o en posición escalonada, en cuyo caso con un metro y medio es suficiente. Mucho menos se aplica si corren sin compañía y solo se cruzan de manera circunstancial con otros transeúntes.

El sitio oficial de la British Heart Foundation también resalta que el estudio tiene una base aerodinámica y es muy prematuro para saber si puede aplicarse a la potencial diseminación de coronavirus. “No es evidencia de que no se pueda correr, andar en bicicleta o caminar durante la pandemia, De hecho, sabemos que tienen claros beneficios para la salud mental y física”.

“De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros, uno necesita estar a dos metros durante 10 a 15 minutos para generar una probabilidad significativa de transmisión de COVID-19”, dice a FORBES Argentina Chris Kenyon, epidemiólogo del Instituto de Medicina Tropical de Amberes, Bélgica, y de la División de Enfermedades Infecciosas y Medicina del VIH de la Universidad de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica.

“Correr solo no va a generar esa intensidad de contacto y, por lo tanto, prohibirlo no está basado en evidencia”, añade Kenyon, para quien la actividad fisica incluso podría reducir el riesgo de contagio o de desarrollar formas severas de la enfermedad.

El propio infectólogo Anthony Fauci, la contracara racional de Donald Trump con relación a COVID-19 en Estados Unidos, alentó a sus compatriotas a salir este fin de semana a correr, caminar o pescar, “salvo que haya un brote espectacular, que no es el caso ahora”, y siempre manteniendo la distancia social y con barbijo.

 

 

Un cuento de dos pandemias

 

Otros especialistas ponen el foco en otros efectos negativos del sedentarismo. “Es un cuento de dos pandemias: la de COVID-19 y la de la inactividad física”, que, según la OMS, causa 3,2 millones de muertes por año, afirman investigadores de Estados Unidos liderados por Ross Arena, del Departamento de Terapia Física del Colegio de Ciencias Aplicadas a la Salud de la Universidad de Illinois, en Chicago.

Como contrapartida, otros médicos (y una porción no despreciable de la población) consideran que preocuparse por el tema es frívolo o irrelevante cuando hay vidas en juego si se descontrola el número de contagios. Cuando también están vedadas o muy limitadas otras actividades laborales o desplazamientos que comprometen la subsistencia económica inmediata, así como los paseos de niños. O cuando se puede hacer ejercicio en casa.

Como ocurre en otros aspectos del manejo de una pandemia de estas características, donde no hay manuales sólidos para guiar las políticas de salud pública y la construcción y revisión del conocimiento científico es tan dinámica, la prudencia convive con la evidencia. Una especie de extensión del principio precautorio: en casos de incertidumbre, debe adoptarse la conducta que (al menos en apariencia) minimiza los riesgos. Y donde se calibra el impacto del permiso con el mensaje social que se transmite.

“Las decisiones basadas en la evidencia deberían ser un pilar del gobierno, especialmente en una pandemia en cuya respuesta la ciencia resulta de vital importancia. Sin embargo, debemos reconocer tanto el potencial como los límites de la ciencia”, posteó días atrás en un blog Venki Ramakrishnan, presidente de la Royal Society de Londres y Nobel de Química 2009.

“Los datos para tomar decisiones pueden ser inciertos, incompletos o incluso faltantes”, añadió.

Cuando los infectólogos que asesoran a Fernández discutieron semanas atrás la posibilidad de permitir el running, consideraron el vacío de datos, los imponderables de las conductas sociales, el temor a las transgresiones, la resistencia destemplada de otros confinados, y optaron por la cautela. “Ante la duda, y al no tratarse de algo esencial, sugerimos por ahora decirle no a la actividad física", explicó Pedro Cahn a fines de abril en LA NACIÓN. "No sabemos si es peor que caminar, pero seguro que mejor no va a ser".

Como reza un principio de la ciencia que repetía Carl Sagan, la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia. No hay modelos en la literatura que hayan proyectado un efecto nocivo de los runners solitarios en la diseminación del virus. No hay eventos de “supercontagio” constatados en ningún país a partir de corredores. No hay mecanismos biológicos plausibles que sugieran un riesgo sustancial de salir a trotar o patinar al aire libre. Pero todo es tan novedoso y rápido que, en el fondo, no se puede excluir la posibilidad.

También influye el miedo de los políticos a los desbordes. Y la máxima atribuida a Hipócrates, “primero, no dañar”, especialmente en un consejo asesor con amplio predominio de médicos.

Pablo Corinaldesi, médico especialista en medicina del deporte, reivindica estrategias “duales” para entrenar el cuerpo y la mente durante la cuarentena, de modo tal de potenciar aptitudes que no solo se expresan en el plano físico. “Hay que entretener al músculo y al cerebro al unísono”, dice a FORBES Argentina, y propone, por ejemplo, leer un libro o hacer crucigramas mientras se usa la bicicleta fija. También hidratarse de manera adecuada.

 

Pero ¿qué le parece salir a correr u otras actividades deportivas que preserven la distanciá El asesor médico para Argentina del Instituto Gatorade de Ciencias del Deporte hace una pausa y sonríe. “Encontrar el balance en situaciones críticas es muy complicado y las medidas de salud pública no siempre son simpáticas. La recreación y las actividades físicas son variables innegociables para tener bienestar, pero hoy la salud pública es prioridad. Estoy convencido de que los infectólogos y epidemiólogos que asesoran al presidente es lo primero que van a sugerir flexibilizar cuando estén dadas las condiciones”, asegura.