La acumulación de reservas y la avalancha de dólares le dan aire al Gobierno, aunque también plantean el incómodo desafío de administrar una bonanza que puede volverse frágil si se prolongan ciertos desequilibrios.
Al principio de la semana, los dólares financieros se comercializaban 50$ por debajo de los paralelos. Sin embargo, el gobierno dejó de controlar ese mercado y se dispararon fuertemente en pocas horas.