La nueva generación que está transformando la enología de las bodegas argentinas
Egresados de distintas universidades y con gran experiencia, los jóvenes enólogos trajeron vientos de cambios y propuestas creativas a la vitivinicultura. Testimonios de algunas promesas argentinas.

Una función más cerca del consumidor: María Agustina Hanna, enóloga de Ruca Malen (foto apertura)

Tenía apenas 9 años cuando una visita a una bodega organizada por su escuela le activó el interés por la enología cuando vio un viñedo en plena vendimia. Nacida el 24 de mayo de 1990, dice: “Todavía me acuerdo de la flor del remontaje llenando de colores y perfume toda la bodega, las personas yendo y viniendo para todos lados y esa adrenalina que se respiraba en el aire. Fue un momento mágico, en el que nació mi deseo de dedicarme a hacer vino”.

Sin pensarlo demasiado, una vez que terminó el secundario se inscribió en la Universidad Juan Agustín Maza, en Mendoza. Su primera experiencia fue en Bodega Monteviejo, en el año 2010. Asegura que continúa con la misma curiosidad y ganas pero con más profundidad y detalle.

Luego pasó por Catena Zapata, Zuccardi, Rolland, Nieto Senetiner y Cadus Wines en Argentina. También tuvo la posibilidad de trabajar en España, en Bodega El Grillo y la Luna en Somontano y Señorío de Otazu en Navarra; y también en Francia (Vignoble Rasse en Provence) a las que considera a todas igualmente enriquecedoras. Pero rescata algo indispensable para su formación que fue la pasión de cada líder para hacer el mejor vino posible y la generosidad para enseñar y formar al equipo.

Sostiene que su mejor cosecha fue la 2021 ya que fue su primera experiencia 100% a cargo de un proyecto “además significaba un cambio de rumbo y la creación de un nuevo Portfolio para Ruca Malen”.

Cree que su mejor vino aun no llegó: “¡Soy muy autoexigente”, se define. Aun así revela que Capítulo 3 de Ruca Malen representa un poco de esa aspiración, sobre todo, porque el mejor vino depende del momento.

En su relación con los enólogos mayores, valora que “fueron quienes nos abrieron las puertas y posicionaron a Argentina como país productor de gran calidad, hicieron fuerte al Malbec, y son quienes comenzaron a mostrar nuestro potencial”. Respecto a los jóvenes entiende que gozan de un grado mayor de libertad, para seguir explorando y profundizando en terruños y diversificando en estilos. Es muy lindo ver cómo se ha ampliado la oferta de vinos en el país, siempre con calidad.

Agustina Hanna.

Agradece que actualmente el rol del enólogo no solo queda puertas adentro, si no que salimos al mercado y de esa manera nos acercamos a las personas desde otro lugar. Y recuerda que a partir de su llegada, se inició un cambio estilístico en los vinos “hacia un perfil donde la pureza de la fruta y la energía es lo que marca su personalidad. Para lograrlo comenzamos a trabajar con nuevas técnicas de vinificación, muchas de las cuales aprendí estando afuera (como estabulación de blancos) y también incorporamos nuevas regiones para poder aportar mayor diversidad de texturas y aromas”. No ha quedado afuera el tema del cuidado del medio ambiente; la bodega estaba certificada como orgánica desde 2020, lo cual los inspiró a manejar todas las vinificaciones bajo la misma filosofía de elaboración. “A partir de ahí, junto con el equipo de Agronomía comenzamos a trabajar para certificar nuestro viñedo”. 

Ruca Malen elabora unos 500.000 litros por año aproximadamente. Cuenta con portfolio muy versátil con 4 líneas, cada una llamada en Capítulos que reflejan la historia de cada persona con el vino. En total son 18 vinos donde encontramos varias partidas limitadas. Trabajan con diferentes microregiones de Valle de Uco y Luján de Cuyo, entre las cuales encontramos: Chardonnay, Sauvignon Blanc, Semillon, Garnacha, Pinot Noir, Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Petit Verdot. Mis predilectas a la hora de elaborar son Malbec y Sauvignon Blanc.


 

Con la impronta del Alto Valle: Emmanuel Alejandro Morales, Bodega Humberto Canale

Patagónico de pura cepa, Emmanuel Alejandro Morales nació en 1991 en Cipolletti, Río Negro. Cuenta que desde muy pequeño tuvo curiosidad por el mundo del vino. “Mi abuela paterna siempre me contaba anécdotas de la bodega en la que trabajó (Bodega Cunti en Allen) como así también mi mamá que trabajó en una pequeña bodega en Fernández Oro.” 

Egresó de un colegio técnico donde tuvo la materia Vitivinicultura y por la cual hizo prácticas en viñedo y elaboraron vino y eso lo convenció de cuál era su camino. Estudió Tecnicatura Universitaria en Enología en la Universidad de Rio Negro donde tuvo como profesores a dos grandes referentes de la Patagonia, como son Marcelo Miras y Horacio Bibiloni.

Emmanuel Morales.

Su primera experiencia como enólogo fue una pequeña bodega familiar, donde estuvo  como responsable técnico en elaboración, conservación, cortes de vino. Trabajó en Bodega Aniello (Mainqué) en 2015 como operario mientras estudiaba en la carrera de enología, donde aprendió los trabajos de bodega como limpieza de vasijas, filtración hasta mantenimiento y puesta en marcha de máquinas de fraccionamiento.

En 2018 le llegó la oportunidad de ingresar en Humberto Canale de la mano y con la ayuda del enólogo principal Horacio Bibiloni. Emmanuel sostiene que la mejor vendimia fue la del 2020 ya que “los vinos de ese año se destacaron por su color, la intensidad de sus aromas, fruta fresca y taninos agradables”. 

Cree que las nuevas generaciones de enólogos son más libres ya que “nos animamos a crear cosas nuevas como técnicas de vinificación y tendencias”. En lo personal cuenta que logró imponer nuevas determinaciones analíticas y puesta en marcha de nuevos equipamientos en el laboratorio, como así también nuevas técnicas de vinificación en vinos blancos. “Mi mejor vino todavía no lo elaboré. Estoy esperando con muchas ansias la vendimia 2024, para poder elaborar mi primer vino de autor, el cual va a llevar el nombre de mi hijo, Maximiliano”, cuenta. 

Humberto Canale elabora cerca de 1,5 millones de botellas anuales; entre las cepas blancas se destacan Semillón, Sauvignon Blanc y Riesling (1937) y en tintas: Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Petit Verdot y mi cepa predilecta para beber y trabajar, Pinot Noir.


 

Trabajar en cuatro dimensiones: Victoria Brond, enóloga de Bodega Alpamanta

Nacida en la ciudad de Mendoza, cuenta que desde muy chica tuvo la buena fortuna de que su mamá, conociendo su pasión por los procesos creativos y la naturaleza, le acercó la información para que pudiera ir a una escuela con orientación agrícola y enológica para su secundaria. Eso le permitió iniciarse en este camino en el Liceo Agrícola y Enológico donde se graduó como Técnica Enólogo, luego estudió Licenciatura en Enología e Industrias en la Universidad Maza y más tarde se formó en Agricultura Biodinámica en la Asociación para la Agricultura Biológico-dinámica de Argentina.

Fue pasante en el Instituto Nacional de Vitivinicultura por cinco años y gracias a eso pagó su carrera universitaria y ganó experiencia en análisis de vinos. Trabajó en Chandon, tuvo gente a cargo y aprendió a trabajar en grandes empresas, grandes volúmenes y trabajo en equipo. También pasó por Bodega del Fin del mundo donde gestionó un proyecto de espumantes y en Nieto Senetiner donde fue jefe de Enología para varias líneas.

Pero ahora se destaca en Alpamanta donde hacen vinos orgánicos y biodinámicos. “En 2021 hicimos un nuevo vino que se llama RESPECT que es el vino de las 4 dimensiones, en donde trabajamos con relaciones entre suelo, vigor y racimo y hacemos interpretaciones de poblaciones definidas cosechando solo la uva de primer racimo”. También está muy orgullosa del Vermouth orgánico y biodinámico elaborado con Chardonnay y Sauvignon Blanc, encabezado con Brandy destilado de su propio vino y macerado con 12 botánicos identificados y producidos en la finca, en este producto logramos poner en valor nuestros botánicos. 

Alpamanta elabora alrededor de 150.000 Litros entre Malbec, Cabernet Sauvignon, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Merlot, Petit Verdot, Grüner veltliner, criolla grande.


 

Vitivinicultura austral: Emmanuel Gastón Gómez, Viñas Nant & Fall

Nació en Mar del Plata en 1988, pero llegar con su familia a Treveli le marcó la vida. Con la idea de un cambio de vida, arribaron a este pueblo del Chubut cordillerano, empezaron a limpiar la chacra y su padre, Sergio Rodríguez, tuvo la idea de plantar un viñedo, a fines de 2010, donde llevaron plantas de Pinot Noir. 

Emmanuel Gastón Gómez

Su formación es como Técnico en Acuicultura y procesamiento pesquero, egresado de la UTN y por estos días está terminando la Tecnicatura en Enología de la Universidad Mazza de Mendoza, la cual está cursando de manera online. Como winemaker tiene gran experiencia: arrancó en 2016 con la primera botella de vino. “Habíamos terminado de hacer nuestra primera vendimia y era también la primera vez que hacían uva en la zona. Y a mí me tocó el rol de convertir esa uva en vino, tras muchos años de trabajo poder ver la transformación”, recuerda.

Su experiencia se da en lo que es Nant & Fall, el proyecto familiar propio donde está metido al 100%. Sin embargo, desde hace 3 años empezó a asesorar otros proyectos. “Lo mejor que le podemos dar a un productor no es una receta sino identidad de su terroir y de sus vinos”, considera. 

Recuerda que su mejor vendimia fue la del 2017 en la que salió todo perfecto. Aunque dice que no tiene un vino preferido, tiene debilidad por el Riesling porque conlleva muchos desafíos y el Pinot que es una cepa emblemática de la Patagonia, “rebelde como la Patagonia misma”.

Cree que la nueva generación busca mucho más la frescura, expresar el lugar; la vieja enología estaba muy enfocada en la concentración en los alcoholes, en la madera. “Creo que hay un antes y un después a partir de la llegada de los jóvenes con muy buena comunicación con los mayores”. Entre los logros que alcanzó, el que más lo enorgullece es mantener una identidad de los vinos de Trevelin, cuidar el cultivo e instalar algo novedoso para la región como es el turismo enológico.

Actualmente Viñas Nant Y Fall tiene una producción de 8000 litros anuales, 10mil botellas y cepas muy especiales como son el Riesling, Chardonay, Pinot Noir e incorporaron Pinot gris. 


 

Del proyecto familiar, paso por mega empresa  y sueño de viñedo propio: Farid Tello Najul 

Farid Sebastián Tello Najul es de General Roca, Río Negro. Desde muy chico, debido a que sus padres eran productores de uva, mamó el aroma de la bodega, la vendimia, vivió el apogeo y el ocaso. “En mi casa, se tomaba vino y el vino unía a toda la familia. Éramos productores de uva. En el transcurso de los años cuando la industria del vino cayó en Río Negro, mi padre quedó sin poder comercializar su uva y ahí empezamos a aprender este oficio para hacer vinos”, recuerda. 

Primero compraron una prensa que tenía un vecino de mi casa en Roca para hacer vino casero, con una parra que tenía para sombrear el auto. Otro le vendió una bordelesa y un montón de consejos. Y así arrancó su vínculo con el vino a los 12 años.

Estudió en la Universidad de La Plata orientado en cultivos intensivos donde se recibió en la carrera de Ciencias Agrarias. Antes de recibirse lo becaron e hizo una pasantía a través de convenio de intercambios para fomentar la federalización y optó por ir a la facultad de Agrarias de Chacras de Coria donde desarrolló todas las materias de Enología y Vitivicultura para lograr la habilitación por parte del INV para firmar con responsable de bodega. Hoy es uno de los 3 ingenieros agrónomos recibido de La Plata que puede firmar como responsable de bodega.

 Farid Tello Najul 

Entre sus primera experiencias en campo se destaca un trabajo que se articuló entre la facultad de Cuyo, la de la Plata y la universidad Comahue con una investigación de levaduras nativas que se hizo en parte en Viñedos San Sebastián que es la bodega de la familia de Farid. Descubrieron levaduras nativas y el paper lo presentaron en el congreso de la OIV Organización mundial del vino y de la viña, articulando como investigador y como productor. 

Trabajó en Luigi Bosca donde estuvo como operario de bodega; estuvo en Lagarde en lo que es laboratorio de primera calidad, con lo que son decisiones físico químicas. Volvió al Valle y trabajó en el proyecto familiar donde aprendió a ser emprendedor con todas las injerencias que eso tiene. En el Valle también estuvo en Aniello, se fueron con su mujer Marina -también ingeniera agrónoma- a Chubut a trabajar en Casa Yagüe, en Viñas de Nant & Fall y tratando de transmitir los conocimientos. Trabajó en Otronia ya más volcado a la parte de viña como ingeniero agrónmo responsable de producción. 

Recuerda que la del 2017, fue su mejor vendimia porque pudo compartir con su hermano y su pareja con toda la familia una vendimia excepcional “no solo por la calidad y cantidad de fruta sino que o que más rescato es que lo pude compartir con todo el grupo de trabajo. Salieron unos vinos que van a perdurar por siempre”. De ellos, uno de los mejores vinos que descubrieron fue un  Merlot que tiene más de 80 años de parral.

Cree que tanto los enólogos más mayores como los jóvenes se complementan. “El joven tiene energía, picardía de hacer algo innovador y los mayores son más conservadores en muchos casos, me gusta escuchar a los enólogos mayores prestar atención porque son un libro abierto, tienen muchas vendimias sobre sus hombros y hay cosas básicas que se van a repetir”, sostiene. 

Farid sostiene que uno de sus principales aportes es considerar que “el vino es un fiel reflejo del terruño. Además de suelo, clima es el capital humano es fundamental en la elaboración del vino. Una identidad de la gente que trabaja en el viñedo. El vino es la bebida más honesta que podemos encontrar”. Su cepa preferida es el Pinot, tanto para trabajarla como para beberlo. 


 

Vinos con acento francés: Mauricio Ortiz, Bodega Antucura

Mendocino, Mauricio Javier Ortiz, nació en 1989 y desde muy chico tuvo la oportunidad de vivir a 50 metros de un viñedo y eso lo marcó. Egresado de la Universidad Juan Agustín Maza, hizo su primer vino en el garage de un amigo cuando estaban en primer año de la facultad.

“Con cero recursos pero mucho entusiasmo y creatividad logramos hacer un vino bastante tomable”, recuerda. Entre los trabajos más importantes que tuvo se destaca Bodega Poesía, “una gran escuela, donde hice y aprendí a hacer de todo”; luego anduvo por Francia, en Chateau Barde Haut (Saint Emilion-Bordeaux) donde tuvo que atravesar una añada difícil (2013) porque llovió muchísimo y donde aprendió técnicas para evitar oxidaciones y defectos. También estuvo en Staglin Family Vineyard, en Estados Unidos, donde logró perfeccionarse en el manejo de las maceraciones y su relación con los tiempos de contacto con el roble (barricas).

Mauricio Ortiz

Finalmente, llegó a Antucura donde actualmente trabaja. De esta bodega destaca: “aprendí a tomar decisiones que implicaban grandes riesgos y/o beneficios, con aciertos y errores, ingresé muy joven como primer Enólogo”. Recuerda la vendimia 2021 como emblemática y al vino Colección Merlot 2018 como uno de los mejores, porque “es un gran exponente del varietal y con una complejidad increíble; parecen 5 vinos adentro de uno”.

Respecto a la nueva camada de enólogos asume que “entre los jóvenes compartimos más nuestras experiencias, nuestras técnicas en pos de crecer no solo en lo individual y colectivo, sino como hacedores de vinos argentinos”.

Bodega Antucura produce 200.000 litros aproximadamente. Sus cepas son Pinot Noir, Merlot, Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Syrah y Petit Verdot.

 


 

De familia vitivinícola y sueños personales: Lucca Stradella, Cimarrón Wines Co

Pertenece a una de las familias históricamente más vinculadas al vino en nuestro país. Se trata de Lucca Stradella, nacido el 22 de septiembre de 1993 en la provincia de Mendoza e integrante nada menos que de Familia Bianchi. “Desde muy chico he estado rodeado de viñas. Las visitas a los viñedos eran frecuentes, y los paseos con mi abuelo eran de aprendizaje y de conocer más sobre la vid y el vino. Siempre fue vivir el vino desde dentro, buscando mantener un romance por él. Un gran privilegio y orgullo para mí. Hoy ese sentimiento y relación se da por completo con mi bodega Cimarrón Wines Co”, resume.

Lucca Stradella, Cimarrón Wines Co

Estudió Ingeniería agronómica y se graduó en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo en Mendoza. Posteriormente tuvo la oportunidad de especializarse en enología en la Universidad UC Davis en California, donde además trabajé en bodegas de la región.

Su primera experiencia sucedió mientras estaba estudiando en la Universidad. “Durante mi cursado tuve la suerte de poder acompañar a mi mentor, Pedro Marchevsky, asesor vitivinícola en muchos de sus trabajos. Además, desde el primer día de mi facultad realicé el manejo del viñedo orgánico familiar de San Rafael”, recuerda.

Trabajó en diferentes bodegas de Argentina y Estados Unidos. De estas experiencias, aprendió mucho en USA sobre métodos, formas de hacer, tecnologías y rescato mucho el nivel de control en los procesos. En Argentina, de las experiencias que tuvo, rescata sobre todo dos lugares: por un lado, Domaine Bousquet, con el gran trabajo que realizan en lo orgánico y en los procesos enológicos y Doña Paula, donde aprendió mucho sobre el manejo de viñedos y lo mucho que se pueden estudiar los mismos.

La vendimia 2022 tiene un gran valor para él porque fue en la cual creció en líneas y volúmenes de producción dentro de Cimarrón Wines Co. Uno de los mejores fue el Nebbiolo, una cepa compleja en todos sus sentidos.

Lucca también destaca la camaradería que hay entre los nuevos productores. “Todos mis amigos y colegas siempre están dispuestos a ayudar y a hacer frente a las adversidades de una manera cooperativa”. Sin embargo, remarcó que “los enólogos mayores nos siguen enseñando constantemente, ellos son quienes tienen una experiencia y conocimientos. Valoro mucho lo que varios me han enseñado y admiro mucho el camino que han recorrido y donde han puesto a la vitivinicultura mendocina.

Uno de sus principales orgullos es el vino Entre Gallos y Medianoche en el cual combinan dos terroirs de manera asociativa (de San Rafael y Valle de Uco) para obtener las mejores características y, por otro lado, la utilización de la tecnología. Fuimos pioneros en la utilización de la Inteligencia Artificial en el vino y en la utilización de NFT para nuestra etiqueta. (Ndr: NFT Non fungible token o Token no fungible en castellano, transforman archivos digitales en piezas únicas de arte).

En Cimarrón Wines Co, actualmente elaboran aproximadamente 30.000 litros, por el momento todo tinto. Las cepas con las que trabaja son: Malbec de distintas zonas, Cabernet Franc y Nebbiolo. “En lo personal, mi cepa predilecta para beber es el Cabernet Sauvignon y para elaborar es el Malbec por su gran identidad en los diferentes terroirs”, resume.


 

26 vendimias en ambos hemisferios y con proyecto propio: Andrés Vignoni, Raquis

Es del año 88 y de Rivadavia, Mendoza. Pero también tiene una larga historia en la vitivinicultura ya que hace seis generaciones que su familia trabaja en viñedos y hace vino. “Tanto mi papá como mi mamá son enólogos por lo que desde que nací solo se habla de vino, viñas, tractores y demás en la mesa”, sostiene.

Andrés Vignoni.

Se graduó como Licenciado en Enología en Don Bosco de Rodeo del Medio pero además tiene un posgrado en la Universidad de Sonoma (USA). Su primera experiencia fue hace 18 años trabajando para Belasco de Baquedano como aprendiz y desde ese momento asegura: “entendí que la calidad y la precisión eran el camino que más me seducía”.

Tiene en su haber nada menos que 26 vendimias en ambos hemisferios. Trabajó en muchos proyectos en Argentina, Francia, España, Italia, USA y Nueva Zelanda. “En cada una de las experiencias el aprendizaje ha sido vasto, sin embargo donde desarrollé un trabajo profundo y evolucioné como enólogo fueron los 7 años en Viña Cobos” remarca. Actualmente, se encuentra lanzando su proyecto personal, Raquis, con dos grandes amigos y colegas (Ariel Nuñez Porolli y Facundo Impagliazzo) “intentando plasmar todo lo aprendido en estos años y dando lugar a una propuesta profunda e innovadora”.

Dice que atesora las añadas de 2019 y la 2021 y valora un vino bisagra, el Raquis Monasterio 2021 que es el vino que más lo marcó hasta ahora.

En relación a los enólogos mayores, entiende que las diferencias tienen que ver con la época y modo de vida más que con temas estilísticos. “Hoy creo que la mayoría de los enólogos jóvenes se interesan por proyectos personalizados de escala pequeña, en los que pueden tener un rol cercano e interactivo con el vino”.

Resalta que otro de los grandes aportes es la plantación en laderas en la zona del Monasterio de Gualtallary, “en las cuales no solo no intervendrán máquinas sino que el proyecto busca conservar el paisaje y la esencia del lugar haciendo una plantación punto a punto, con un sistema de riego subterráneo que ahorra hasta 35% de agua respecto de un goteo tradicional, incorpora un sistema de conducción inédito, aborda la agricultura desde la biodinamia y la tecnología y estamos trabajando para que sea el primer viñedo de Argentina reconocido como reserva natural”.

Elabora más de 30 microparcelas que resultan en algo más de 20,000 litros. Las variedades son Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Chardonnay de distintas zonas. A la hora de beber tengo predilección por el Pinot Noir y los vinos de Ródan.