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Los fundadores de Crofabiotech
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Los fundadores de Crofabiotech
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Biotecnología argentina: la startup que levantó US$ 6,7 millones para desarrollar órganos porcinos para trasplantes

Eugenia Iglesias

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Fundada por un médico, un especialista en biotecnología y una economista, CrofaBiotech busca desarrollar riñones y corazones porcinos aptos para trasplantes humanos. Este año, la startup alcanzó un hito científico con el nacimiento del primer cerdo clonado con triple edición genética de América Latina, un avance en el camino hacia los xenotrasplantes.

14 Octubre de 2026 07.10

En la Argentina, más de 7000 personas esperan un trasplante, pero en lo que va del año solo se concretaron unos 2500. Detrás de esa cifra hay pacientes que necesitan un órgano para seguir viviendo y un sistema que, aun con profesionales capacitados y avances médicos, depende de una variable difícil de resolver: la disponibilidad de donantes. La brecha no es exclusivamente local. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), menos del 10% de la necesidad mundial de trasplantes logra cubrirse mediante la donación tradicional.

Para la comunidad médica, encontrar una fuente alternativa es una urgencia sanitaria de primer orden. Una de las líneas de vanguardia es el xenotrasplante: la transferencia de órganos, tejidos o células entre especies distintas. En los últimos años, el cerdo se consolidó como el modelo biológico predilecto por sus similitudes anatómicas y fisiológicas con el cuerpo humano. Sin embargo, el desafío de fondo es inmunológico: sin edición genética de alta precisión, el organismo humano rechaza de forma hiperaguda un órgano de origen animal.

En esa frontera opera CrofaBiotech, una startup argentina de base tecnológica orientada a desarrollar cerdos modificados genéticamente para producir órganos compatibles con humanos. En abril de 2026, la compañía alcanzó un hito junto a investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM): el nacimiento del primer cerdo clonado de América Latina con tres modificaciones genéticas (triple knockout) dirigidas a neutralizar el rechazo inmune, convirtiéndose en el primer caso de la región y el tercero reportado a nivel global.

Para sostener esa escala y construir infraestructura especializada, la compañía combinó validación científica con tracción financiera: tras una ronda pre-seed de US$ 700.000, captó una serie de capital semilla de US$ 6 millones integrada por fondos nacionales e internacionales. En esa mesa destaca la entrada estratégica de Grupo Avalian, que mediante el Instituto de Alta Complejidad (ITAC) suma capacidad clínica y trayectoria en investigación de trasplantes. «La decisión parte de una premisa: acompañar, cuidar y promover el bienestar de las personas en cada etapa de la vida, y eso implica involucrarse en la generación de conocimiento y potenciar a quienes trabajan para transformar ese conocimiento en alternativas concretas para la salud», señalan desde Grupo Avalian.

Detrás de la compañía convergen tres perfiles complementarios con más de dos décadas de trayectoria común ligada a la UNSAM: Adrián Mutto, especialista en biotecnología y mejoramiento genético animal; Adrián Abalovich, médico cirujano especialista en trasplantes; y Mariela Balbo, economista enfocada en finanzas corporativas y estructuración de negocios tecnológicos. La tesis del trío fue articular disciplinas históricamente aisladas en una plataforma biotecnológica comercializable.

De un antecedente clínico a la estructura de negocio

El origen de la compañía fue una llamada telefónica. Abalovich, abocado a la investigación clínica en xenotrasplantes, requería un especialista en manipulación genética animal. Contactó a Mutto, quien acumulaba dos décadas de experiencia en clonación equina, bovina y desarrollo de animales transgénicos dentro del ámbito universitario.

El antecedente médico era concreto: en 2011, Abalovich había participado en un ensayo clínico pionero en el Hospital Eva Perón de San Martín con xenotrasplantes de islotes pancreáticos porcinos (productores de insulina) en pacientes diabéticos, utilizando material biológico importado desde Nueva Zelanda. «La idea era dejar de importar células y construir capacidad científica, genética y productiva propia en el país», explica Abalovich.

Para transformar la investigación en una compañía escalable con capacidad de interlocución ante fondos de venture capital, se sumó Balbo, con experiencia previa en transferencia tecnológica y articulación científico-financiera. «La ciencia exige tiempos de maduración, como una receta que debe macerar; el valor está en articular los componentes para que el laboratorio se traduzca en una solución de mercado», sostiene.

Crofa - Crofabiotech
Adrián Abalovich, Mariela Balbo y Adrián Mutto, el equipo fundador detrás de la startup.

Hacia 2022, el trío constituyó formalmente CrofaBiotech. Mientras Mutto y Abalovich diseñaban las secuencias genéticas a silenciar o editar para mitigar la respuesta inmune humana, Balbo delineaba el plan de negocios, la captación de inversores y la arquitectura societaria.

Plataforma celular y barreras sanitarias

El pipeline de CrofaBiotech hace foco en riñones y corazones porcinos. El nacimiento del animal triple knockout validó el primer estadio de edición. En simultáneo, el equipo validó sus líneas celulares enviando muestras de ADN a centros de referencia en Estados Unidos para certificar la precisión de las ediciones genómicas. Hoy, el laboratorio produce un volumen continuo de entre 200 y 300 embriones clonados semanales.

El cuello de botella crítico de la industria radica en el estándar de bioseguridad: los animales deben crecer libres de retrovirus endógenos porcinos (PERV) y patógenos específicos bajo confinamiento biológico estricto (Designated Pathogen Free). En ese sentido, parte central de los US$ 6 millones captados se destina al levantamiento de instalaciones especializadas en la provincia de Buenos Aires concebidas para la cría bajo estas normas internacionales.

Para Balbo, la competitividad de la firma descansa en la articulación de costos y capital humano: «El país cuenta con masa crítica científica, infraestructura instalada en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la UNSAM —donde operamos incubados— y un estatus sanitario porcino de primer nivel. Somos costo-eficientes: podemos resolver problemas biotecnológicos de altísima complejidad con un despliegue de capital más racional que en los hubs del hemisferio norte».

En el tablero global, el segmento está encabezado por compañías estadounidenses como Revivicor y eGenesis, junto a desarrollos estatales y privados en China y Corea del Sur. En América Latina, la startup busca afianzarse como el jugador de referencia en la región.

Hoja de ruta regulatoria y modelo comercial

En el plano regulatorio, CrofaBiotech ya cuenta con avales de la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA) y sostiene mesas de trabajo técnico con el INCUCAI para el encuadre ético y procedimental futuro. La estimación técnica de Mutto sitúa el inicio de los primeros ensayos preclínicos avanzados y clínicos en una ventana cercana a los dos años, sujetos a las autorizaciones regulatorias pertinentes.

El debate posterior involucrará el acceso y la sostenibilidad: a diferencia del modelo de procuración pública de órganos, el xenotrasplante introduce una estructura de costos industriales. Abalovich plantea que la cobertura deberá involucrar tanto al subsistema público como al privado para evitar esquemas restrictivos en caso de validar eficacia clínica.

En cuanto a monetización, la compañía —que ya cuenta con una patente en trámite— evalúa esquemas híbridos: el licenciamiento internacional de su plataforma de edición genética y la producción y provisión de órganos desde plazas locales bajo normas sanitarias estandarizadas.

Entre la validación en laboratorio y la aplicación hospitalaria masiva median todavía desafíos biológicos y regulatorios de magnitud. Sin embargo, en un mercado global tensionado por la escasez crítica de donantes, la conjunción de ciencia pesada argentina y capital estratégico busca transformar una promesa experimental en un activo biofarmacéutico concreto.

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