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Movimiento Inspirador

Cómo transformar basura en valor

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La canadiense Miranda Wang desarrolló una tecnología química capaz de convertir los residuos plásticos no reciclables en materias primas para generar nuevos productos, como interiores de autos, gadgets electrónicos y hasta colchones. Por su innovador hallazgo, esta bióloga molecular y emprendedora resultó ganadora de los Premios Rolex a la Iniciativa 2019.

21 Diciembre de 2020 08.00

Iba a ser una de las clásicas excursiones que se hacen en la secundaria. Esta vez, se visitaba la planta de procesamiento de residuos de Vancouver, Canadá.  Para Miranda Wang, quien tenía 16, ese paseo escolar le dio un sacudón de realidad. Quedó impresionada con la cantidad de plásticos que, una vez desechados, van a parar a esos lugares y, sobre todo, del escaso porcentaje que acaba siendo reutilizado. Sintió el llamado a la acción. Quería evitar que esa montaña de basura siguiera creciendo sin límites. 

Su vocación estaba definida. Entonces, Wang aterrizó en la Universidad de Pennsylvania para estudiar biología molecular e ingeniería empresaria. Con sus títulos en mano, comenzó a desarrollar una idea esperanzadora: convertir los residuos de polietileno en materiales útiles para la industria. Tenía muy en cuenta que la tecnología de reciclaje actual alcanza a sólo un 9% de las 340 millones de toneladas de plásticos que se producen a nivel mundial en un año. El resto ?la mayoría son bolsas y envoltorios- termina en vertederos, incineradores (que se convierten en gases de efecto invernadero) y en los océanos.  

Con ese impulso, fundó BioCollection, una empresa con sede en Silicon Valley. Después de 7 años detrás del microscopio logró desarrollar una técnica para transformar esos residuos plásticos en productos utilizables. Les dio una segunda vida a los deshechos, al convertirlos en materias primas para la fabricación de autos, colchones, electrónica, entre otras cosas. Por alcanzar esta tecnología exclusiva de reciclaje químico fue distinguida en los Premios Rolex a la Iniciativa 2019.

“Nosotros recogemos residuos, como bolsas de plástico sucias o envases de un solo uso, y los transformamos en materiales valiosos de alto rendimiento. Están hechos con contenido reciclado y tienen las mismas propiedades que los materiales vírgenes”, detalla la bióloga molecular y emprendedora.

El proceso de Wang es mucho más barato que la extracción de esas mismas sustancias de recursos de combustibles fósiles. El proceso consiste en quebrar los enlaces moleculares del plástico y convertirlo en sustancias químicas que valen miles de dólares por tonelada y que son aptos para producir nuevos materiales. Demostró, incluso, que esos productos tienen la misma calidad que los equivalentes hechos con petróleo virgen. Y hay todavía más. Este proceso patentado por Wang disminuye las emisiones de CO2 que habría si los precursores químicos se obtuvieran a partir del petróleo y, por supuesto, genera muchas menos que si esa basura fuera quemada. El resultado es una reducción de los residuos y de la huella climática de las industrias químicas. Un gran paso hacia la construcción de una economía circular sustentable, donde no hay desperdicios ni contaminación.

Basura cero

Una ballena muere varada en las costas de Península de Valdés, Argentina. Los veterinarios encuentran en su intestino pedazos de soga de nylon y envoltorios plásticos. Mientras tanto, los contenedores de reciclado ya no dan abasto. ¿Puede ser capaz la ciudad, el país, el mundo de deshacerse de toda esta basura?, ¿hay un proceso luego de que el camión hace desaparecer miles de celofanes, bolsas u objetos de plástico que se tiran?

Las personas usamos y tiramos un material casi eterno, y eso está pasando una enorme factura. “Todo el plástico que hemos fabricado sigue aquí con nosotros. Nunca desaparece ?se lamenta Wang-. A este paso, en 2050 habrá más plástico que peces en nuestros océanos. Si queremos seguir viviendo en este planeta debemos solucionar el problema del plástico y es algo que debe hacerse en nuestra generación”.

A pesar de sus jóvenes 26 años, la canadiense resulta segura, firme y carismática. Wang combinó el conocimiento y la pasión necesarios para crear una solución disruptiva para los residuos plásticos y la mejora a largo plazo del medio ambiente. “Hasta ahora no existía prácticamente ninguna tecnología que funcionara con los plásticos realmente sucios. Son de tan baja calidad que no tiene sentido limpiarlos y hacer nuevos productos con ellos. Nos centramos específicamente en esos plásticos problemáticos que nadie quiere ni tocar”, aclara Wang.

Esta heroína que lucha por un mundo sin basura ya tiene nuevos objetivos en mente: planea desarrollar una planta de procesamiento que reciclará fenomenales 45.550 toneladas de desechos plásticos para 2023.  Para lograr esas metas, cuenta con el apoyo de Rolex. “Nuestra estrategia prolongada es aumentar y diversificar el conjunto de productos reciclados de alto rendimiento”, aclara.  La tarea medioambiental de muchos se reduce a no tirar cosas al suelo y a separar los residuos para ponerlos en los tachos adecuados. Wang fue mucho más allá y planea llegar todavía más lejos.

Encontrá más información en Rolex.org

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