El mercado cambiario argentino volvió a mostrar señales de tensión y el dólar avanzó hasta ubicarse por encima de los $1.500, un nivel que se transformó en una referencia clave para la política económica.
Este lunes, el dólar oficial llegó a un nuevo máximo nominal de $1.530 para la venta en Banco Nación, con una suba del 1% respecto del cierre previo. En tanto, el dólar blue se ubicó en $1.560, mientras que el mayorista operó en alrededor de los $1.500.
El movimiento dejó al tipo de cambio prácticamente sobre la zona que el Gobierno busca contener y puso nuevamente bajo la lupa la capacidad oficial para sostener el esquema cambiario.
Uno de los principales factores detrás de la dinámica actual es la tensión entre dólar, liquidez y tasas de interés. Durante las últimas semanas, el Gobierno aceptó mayores rendimientos en pesos como herramienta para evitar que el exceso de liquidez se trasladara al mercado cambiario.
“El BCRA no controla directamente la tasa (el instrumento son los agregados monetarios), pero el Tesoro, al absorber pesos en las licitaciones; el BCRA, al vender bonos dollar-linked (aunque últimamente no se lo vio en el mercado); y la caída en las compras de dólares por parte del Central ayudan a contraer la liquidez, haciendo que las tasas suban. El efecto colateral de esto es que, con las tasas en alza, las curvas en pesos sufren”, comentaron desde Dhalmore Capital.
La proximidad del dólar mayorista a los $1.500 también tiene importancia porque el mercado comenzó a interpretar ese valor como un techo operativo informal. Aunque el régimen vigente continúa funcionando mediante bandas de flotación, la intervención oficial y las señales de política económica hicieron que los $1.500 adquirieran un peso propio en las expectativas.
La situación se produce además después de varios meses en los que el peso mostró una apreciación significativa en términos reales. En lo que va de 2026, el tipo de cambio oficial acumuló una suba mucho menor que la inflación, lo que explica parte de la demanda de cobertura que comenzó a aparecer en el mercado.
Al mismo tiempo, el BCRA continúa acumulando reservas. El 20 de agosto compró US$ 89 millones, mientras que las reservas internacionales superaron los US$ 50.000 millones. Esa posición otorga al Gobierno mayor capacidad de intervención, aunque la velocidad de las compras se desaceleró frente a meses anteriores.
La pregunta central dejó de ser solamente cuánto puede subir el dólar, sino cuánto está dispuesto a pagar el Gobierno en términos de tasas y liquidez para evitar una aceleración cambiaria.
Mientras el mayorista permanezca cerca de $1.500, cada movimiento adicional puede generar nuevas señales sobre la estrategia oficial. Una suba sostenida podría incrementar la demanda de cobertura y presionar nuevamente sobre las tasas, mientras que una defensa exitosa del nivel permitiría recomponer el atractivo del peso.
“Cierto ajuste de precios ante la percepción de los riesgos electorales parecía inevitable y, para el tipo de cambio, probablemente implicaba un nivel más cercano a $1.550 por dólar”, relataron desde Max Capital.