Javier Milei llegó a Los Ángeles con una agenda breve, pero cargada de simbolismo para su estrategia internacional. El presidente argentino participará de la 29° Conferencia Global del Instituto Milken, uno de los encuentros más influyentes del calendario financiero y empresarial de Estados Unidos, y antes de su exposición mantendrá una reunión con Michael Milken, el presidente de la institución anfitriona.
Milken, de 79 años, fue uno de los hombres más poderosos de Wall Street en los años 80, acumuló una fortuna a partir del desarrollo del mercado de bonos de alto rendimiento, cayó en desgracia por una causa judicial de enorme impacto y, tras pasar por prisión, reconstruyó su imagen como filántropo, promotor de la investigación médica y anfitrión de una de las conferencias más codiciadas por inversores, empresarios y líderes políticos.
El vínculo con Milei ya tiene una breve historia. Milken lo había recibido en Los Ángeles en septiembre pasado, en un encuentro con inversores en el que había expresado que el presidente argentino podía “cambiar el curso de la historia”. En el entorno del financista señalan que entre ambos existe una relación de cercanía. Ahora volverán a encontrarse en Beverly Hills, donde se desarrolla la conferencia global del instituto que algunos describen como una suerte de “Davos de América del Norte”.
Milken, oriundo de California, llegó a convertirse en una de las figuras más reconocidas —y controvertidas— de las finanzas modernas. En la década de 1980, desde Drexel Burnham Lambert, impulsó el mercado de los llamados “bonos basura”, instrumentos de deuda de alto rendimiento utilizados por compañías con menor calificación crediticia para financiar adquisiciones, expansiones o reestructuraciones.
La innovación financiera que promovió tuvo un impacto real en el mercado de capitales. En un contexto de tasas volátiles y dificultades de financiamiento para muchas empresas, Milken ayudó a crear un mercado secundario para esos bonos y abrió una vía de acceso al crédito para compañías que no encontraban lugar en los canales tradicionales de Wall Street. Sus defensores sostienen que facilitó la financiación de emprendedores, empresas medianas e inversores corporativos. Sus críticos, en cambio, lo acusaron de haber impulsado un ciclo de endeudamiento excesivo en la economía estadounidense.
Ese ascenso, sin embargo, terminó abruptamente. Milken fue investigado en los años 80 por el entonces fiscal federal Rudolph Giuliani y acusado de participar en un esquema de tráfico de información privilegiada. En 1990 se declaró culpable de seis de los 98 cargos que enfrentaba, admitió haber manipulado los mercados financieros, pagó una multa de US$ 600 millones y recibió una prohibición de por vida para trabajar en el mundo financiero. Fue condenado a 10 años de prisión, aunque finalmente la pena se redujo a 22 meses.
La caída de Milken representó el final de una era. Drexel Burnham Lambert, la compañía que pocos años antes había sido una de las más rentables de Wall Street, quebró en 1990. La revista Time llevó la historia a su portada bajo el título “La caída del depredador”, en una cobertura que sintetizaba el clima de la época: el derrumbe de una cultura financiera asociada a transacciones agresivas, apalancamiento y excesos.
Milken salió de prisión en 1993 y, casi de inmediato, inició una campaña de reconstrucción personal e institucional. Sin embargo, pocos días después de recuperar la libertad, recibió otro golpe: sus médicos le diagnosticaron cáncer de próstata y le dijeron que le quedaban, como máximo, 18 meses de vida. Tenía 46 años. Según relató luego, cambió sus hábitos, empezó a hacer ejercicio y meditar, adoptó una dieta vegetariana y se volcó de lleno al estudio de la enfermedad y la nutrición.
Esa experiencia se convirtió en el eje de su segunda vida pública. En 1998 publicó The Taste for Living, un libro de recetas destinadas a combatir el cáncer. Un año después, Businessweek le dedicó una tapa titulada “La reencarnación de Mike Milken”. Desde entonces, su nombre quedó asociado a iniciativas filantrópicas vinculadas con la investigación médica, la educación y el acceso al capital. @@FIGURE@@
El Instituto Milken es la pieza central de esa reconversión. La entidad se define como un centro de estudios independiente y sin fines de lucro, orientado a impulsar avances medibles hacia una “vida plena”, con foco en salud financiera, física, mental y ambiental. Sus conferencias anuales en California se convirtieron en una de las plataformas más visibles de la nueva etapa de Milken. @@FIGURE@@
En febrero de 2020, Donald Trump le otorgó el indulto presidencial. “Ha pagado un precio muy alto”, dijo entonces el líder republicano, al justificar la decisión. También destacó su trabajo filantrópico: “Hizo un trabajo increíble por el mundo”. El perdón presidencial cerró formalmente el capítulo penal, aunque no borró el carácter controvertido de su legado.
Más recientemente, Milken volvió a apostar por una construcción simbólica con la apertura del Centro Milken para el Avance del Sueño Americano, frente a la Casa Blanca, con una inversión de US$ 500 millones. The New York Times lo describió como un museo privado dedicado, en buena medida, a celebrar el capitalismo estadounidense y el rol de banqueros, prestamistas y del propio Milken en esa narrativa. @@FIGURE@@
Ese es el hombre que recibirá a Milei en Los Ángeles; un multimillonario que ya no necesita operar en Wall Street para influir en los referentes del mundo financiero. De todas formas, su historia sigue atravesada por una paradoja difícil de separar de su personaje. Fue condenado por las reglas del sistema que ayudó a transformar, pero décadas después volvió a ocupar un lugar central en las conversaciones que ese mismo sistema considera estratégicas.
Para el presidente argentino, la reunión es una escala en su agenda de seducción al capital internacional. Para Milken, en cambio, es otra muestra de una influencia que sobrevivió a su caída.