Aunque es más moderado en sus pronósticos, Dante Sica comparte la idea del ministro de Economía, Luis Caputo, respecto de la recuperación por venir. El economista, fundador de la consultora Abeceb y ex ministro de Producción durante el gobierno de Mauricio Macri, coincide en que febrero y marzo fueron los peores meses del año y que las cifras indican una recuperación a partir de marzo. En diálogo con Forbes, también opinó respecto del debate de la semana en torno al cepo entre Caputo y Domingo Cavallo, además de analizar la transformación que atraviesa la economía argentina en el marco de la apertura comercial.
Luis Caputo viene repitiendo que se vienen los mejores meses para la economía argentina. ¿Es así?
Mirando los datos, el mes de marzo empieza a marcar un punto de inflexión en variables como la producción, si bien todavía hay algunos datos disímiles, parece haber tocado un piso. La inflación de abril ya muestra mejores señales que la de marzo, a pesar de la inercia y los cambios en precios relativos como carne y combustibles. Los tres primeros meses del año, especialmente enero y febrero, fueron los peores debido al shock negativo previo a las elecciones que afectó préstamos y estancó la economía. Se observa una recuperación en sectores vinculados al consumo interno y una aceleración en minería (post ley de glaciares) y energía. Da la sensación que vamos a una recuperación en especial en aquellos sectores que estaban más vinculados al consumo interno, estaban más postergados"
Mencionás los procesos de inversión, los anuncios son muchos y muy potentes pero ¿qué tanto se está concretando?
Primero hay que ver de dónde venimos: la Argentina ha tenido la menor tasa de inversión sobre el PBI en América Latina en los últimos 15 años (alrededor del 14-15%), sufriendo un proceso de descapitalización desde 2011. Sin embargo, en los últimos dos años la inversión empieza a movilizarse. El RIGI es un instrumento muy potente para sectores asociados a la inteligencia artificial, nuevas tecnologías y seguridad alimentaria. El contexto internacional ha acelerado la demanda de cobre (que crecerá un 30%) y litio. Entre proyectos aprobados y en proceso, hay alrededor de 40.000 millones de dólares, y se estima que existen proyectos por otros 50.000 millones aún sin presentación formal, todos enfocados en el mercado externo y la exportación.
¿Y por fuera del RIGI?
La Argentina no es un país normal que tuvo un problema y ahora vuelve a ser normal; la Argentina viene de 25 o 30 años de violación sistemática de las reglas de juego y de los contratos con un agravante: que la Justicia ha sido siempre muy lenta.. Por eso, los inversores actuales suelen ser quienes ya están "adentro": argentinos que aprovechan oportunidades o multinacionales que reinvierten dividendos que no pudieron sacar entre 2019 y 2023. Muchas multinacionales que estaban saliendo de la región ahora muestran interés porque empieza a haber "precio" en la economía. Cuando la economía se estabiliza y hay precios, las multinacionales empiezan a interesarse. Ha habido muchos cambios de CEOs donde ya la característica no es el CEO resiliente que luchaba contra la macro, sino aquel que busca nuevas inversiones.Además, se espera la llegada de capitales latinoamericanos (brasileros, mexicanos, peruanos) que conocen el "riesgo latino" y las reglas de la región.
La gran descripción de la economía actual es que está partida: sectores que van muy bien y aquellos más golpeados, asociados al mercado interno y que repercute en el empleo….
La Argentina ya era una economía partida. Pensar que es una economía partida hoy es una falacia. Argentina hace 10 o 12 años que no genera empleo formal; ya éramos una economía partida con 6 millones de trabajadores formales y 5 millones y medio de informales. Era una economía cerrada, con empresas volcadas al consumo interno sin competencia, con trabas para importar y exportar, con subsidios al sector servicio y un consumo sobreestimulado por anabólicos. Ahora estamos en una transición donde la geopolítica hoy determina los flujos de comercio y de inversión y Argentina encuentra una oportunidad en sectores que antes no tenía. Estamos transformando una economía cerrada con desequilibrio a una economía normal como es Brasil o China. Claramente, cuando equilibrás y generás precios relativos distintos, cambia la renta intersectorial, pero somos un país sin profundidad financiera y por eso los procesos de transición a veces son más dolorosos porque no tenemos crédito.
¿Qué lugar puede esperar una pyme industrial del conurbano en esta transformación?
Hay oportunidades vinculándose a las cadenas de valor de la energía y minería. Por ejemplo, en Morón, 30 empresas crearon un clúster de proveedores para estos sectores. No hay que ver a la minería o la energía solo como sacar petróleo por un caño; genera mucha demanda industrial. El desafío para las pymes es dejar de ser solo proveedores de sectores como línea blanca o textil y buscar negocios en sectores demandantes de bienes de capital, como el energético. Empresas como Techint ya han desarrollado redes de cientos de pymes proveedoras.
¿Pero cuánto tarda todo ese proceso?
Hay una tensión entre el tiempo de la política (que quiere inmediatez por las elecciones cada dos años) y el tiempo económico. La falta de crédito obliga al empresario a invertir con su propia caja o patrimonio. Argentina tiene solo un 10% de préstamos sobre el PBI, y hasta 2023 gran parte se la llevaba el sector público. Ahora que el sector público no demanda préstamos, los bancos están empezando a prestar al consumo e hipotecas, pero el desafío es que presten a las empresas por proyecto y no solo por patrimonio.
Pregunta trillada pero siempre vigente ¿cuánto influye el precio del dólar, si está caro o barato?
Para mí no es relevante hoy para un empresario cuando toma decisiones el valor del dólar. Teníamos un comportamiento de mirar el dólar y las reservas porque tu ganancia era más financiera que de mercado en una economía cerrada. Hoy las empresas tienen que mirar otras cuestiones: competitividad, sistema de innovación, tecnología, bienes de capital. En una economía que tiende a estabilizarse y se integra al mundo, las cuestiones de competitividad interna son muchísimo más importantes que el dólar. Más importante que el dólar es ver la estructura impositiva de las provincias o el tema de percepciones de impuestos. El dólar siempre fue para la economía argentina una válvula de escape en los problemas de competitividad.
A raíz de declaraciones de Cavallo y la respuesta de Caputo, se instaló otra vez el debate sobre el cepo ¿Qué tan importante es terminar de liquidarlo?
Estamos entrando ya en la última etapa. Claramente queda un reclamo por restricciones al movimiento de capitales en especial para personas jurídicas, que el Gobierno debería avanzar en lo que resta del año.
Entonces sos “team Cavallo”…
El cepo era una especie de cebolla con distintas capas; hoy ningún empresario puede decir que tiene problemas para importar o exportar por el cepo. Lo único que quedó fuerte fueron los dividendos del 19 al 23. El gobierno ha sido muy pragmático, trabajando para que cada paso que da no tenga vuelta atrás, aprendiendo de la experiencia del gobierno de Macri. Con una brecha cambiaria tan chiquita, algunas restricciones casi ni son operativas, aunque desde el punto de vista legal siempre sea un reclamo de las empresas.
El Gobierno acaba de anunciar un nuevo recorte al Presupuesto: ¿hasta dónde es sostenible es el ajuste de gasto?
El mercado espera que el Gobierno sostenga el superávit fiscal a toda costa. Sin embargo, para darle sustentabilidad en el tiempo, falta la reforma de fondo que es el sistema previsional, lo cual requiere un consenso político mucho más fuerte.