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Wake up dead man. Foto: Difusión.
Lifestyle

Qué ver: Wake up dead man, todavía necesitamos a los detectives

Matías Castro

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La tercera película de la serie Knives out, llamada Wake up dead man, estrenada en Netflix, aparece como una alternativa de entretenimiento colectivo tan fresca como lo que se necesita para llevar los primeros días de un verano intenso.

30 Enero de 2026 09.27

Hay varios elementos que sorprenden en la serie de películas Knives out. Una podría ser que en seis años se estrenaron tres, frecuencia bastante infrecuente para algo que no sea un blockbuster o una saga de terror. Otra está en sus elencos, siempre integrados por una buena cantidad de actores y actrices de fama y prestigio. Y tal vez la tercera sería que, al contrario de lo que cabría esperar, reconfirmó que el viejo subgénero del “whodunit” tiene mucho más público del que se podría sospechar.

El llamado whodunit es un subgénero dentro de la literatura policial y detectivesca en la que se plantea la resolución de un asesinato como una suerte de acertijo que el héroe o la heroína deben resolver. Columbo y Reportera del crimen fueron series clásicas de la televisión. Las novelas de Agatha Christie y las historias de Sherlock Holmes son ejemplos notorios y fundacionales desde la literatura.

Parecería un modelo viejo que, a su manera, empezó a reflotar la serie CSI y sus derivados. En los últimos años aparecieron dos ejemplos que tuvieron mucho éxito. Por un lado, la trilogía de películas que adaptan clásicos de Agatha Christie (Asesinato en el Orient Express, Muerte en el Nilo y Misterio en Venecia), protagonizados por Kenneth Branagh. En Disney+, la serie de comedia y misterioso Only murders in the building, con Steve Martin. 

Wake up dead man. Foto: Difusión.
Wake up dead man. Foto: Difusión.

Hasta que apareció el director y guionista Rian Johnson, quien después de hacer una cuestionada película de Star Wars, estrenó Knives out y logró el mayor éxito de todos los whodunnits recientes. Le fue tan bien, que ahora su detective Benoit Blanc (Daniel Craig), protagoniza su tercera película en poco tiempo. El título es Wake up dead man, o Despiértate, muerto, y tiene que ver con una imposible resurrección.

El fuerte está en el misterio y el director busca que ahí se apoye el atractivo de la película, en lugar de jugarse a la presencia de Blanc, supuestamente el mejor detective del mundo. En este caso, demora un poco en irrumpir en escena para hacer su show de deducciones.

Todo el comienzo de la historia está protagonizado por un joven cura que va descubriendo cómo funciona el conjunto de personas que asisten a la iglesia que le asignaron, en el norte del estado de Nueva York. Incluyendo al sacerdote interpretado por Josh Brolin, todos los personajes tienen sus peculiaridades e historias.

Ahí está Glenn Close, como integrante de la iglesia desde su infancia, conocedora de una historia terrible y aparentemente inexplicable que sucedió en el lugar. Aparecen el cuidador del terreno, un médico alcohólico, un escritor que ha perdido su toque, una abogada obligada a convivir con su cuñado, que es un frustrado aspirante a político de derecha. Y está, como corresponde en esta serie y en el género, el asesinato inexplicable.

Se trata, al igual que las anteriores, de un crimen imposible, que sucede casi a la vista de todo el mundo. Rian Johnson estudió cuidadosamente el género para crear sus propias situaciones que, a su vez, desatan sospechas sobre varios personajes, plantan pistas falsas y reservan varias vueltas de tuerca y revelaciones.

La primera película de la serie transcurría en una mansión, con todos los sospechosos presentes y con una línea temporal más o menos abarcable. La segunda película, Glass onion, ampliaba el espectro y cambiaba el escenario. Para este caso, la historia de fondo se remite a muchos años antes del asesinato y encierra unas cuantas sorpresas. 

La constante detrás de todas, como condimento que le da cierta actualidad y engancha al público más allá del género, está en los apuntes sobre temas sociales y políticos que se van deslizando con humor y carisma, sin que se roben la escena pero como reflejo de cuestiones que, evidentemente, al director le interesa tratar. 

Lo que hace Rian Johnson, además, es buscar que el atractivo de la trama no caiga solo en el carisma de Benoit Blanc y apela al resto del elenco. Por eso le da suficiente espacio a la trama para que todos los personajes se muestren antes de que él aparezca a elaborar hipótesis e ir deduciendo lo que sucedió. 

Wake up dead man. Foto: Difusión.
Wake up dead man. Foto: Difusión.

Las referencias al género en la literatura son tan explícitas que Blanc carga una torre de novelas y alude a ellas. Es como si el director se dirigiera conscientemente al espectador para reconocer sus influencias porque, por cierto, se trata de un género muy entretenido para leer en verano. 

Los personajes son estrafalarios. Las situaciones que viven y en las que alguno muere, son por lo menos insólitas. La resolución es enrevesada, hay que reconocerlo, aunque no desinfla las expectativas

De este modo, Johnson se confirma como un realizador que aprendió a dominar los recursos de un subgénero detectivesco que tiene sus exigencias porque debe jugar con lo que el espectador cree entender, sus expectativas y las sorpresas que se le dan. 

Al final, el espectador debe ser recompensado, si no es con una solución simple que le genere complicidad, al menos con una historia divertida, vistosa y con personajes atrapantes, como si se tratara de un juego de mesa. Si sigue por esta senda y logra mantener la solidez, una película más dentro de dos años será bienvenida también. 

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