La ciudad de Hudson, en Nueva York, se reinventó en más de una ocasión. Fundada tras la Guerra de Independencia de Estados Unidos por comerciantes y hombres dedicados a la caza de ballenas, una actividad económica muy extendida en esa época, esta ciudad a orillas del río Hudson se convirtió en un próspero puerto antes de transformarse en un centro industrial, con numerosas fábricas y talleres. Hoy atraviesa otra etapa de cambio. Sus calles históricas concentran galerías de arte, tiendas de antigüedades, boutiques y restaurantes, mientras que los antiguos edificios industriales encuentran nuevos usos.
Lo que distingue a Hudson es la cantidad de propuestas que concentra en un espacio reducido. Sean Roland, uno de los dueños del nuevo hotel Pocketbook Hudson, la define como "un microcosmos de ciudad" y destaca, entre otras cosas, la variedad de su arquitectura. "Al pasear, se pueden ver increíbles mansiones victorianas y, a continuación, una antigua casa de reuniones cuáquera de finales del siglo XVIII", me comentó Roland en una entrevista.
El paisaje que rodea a Hudson también forma parte de su identidad creativa. La cercana Olana y el Sitio Histórico Nacional Thomas Cole están vinculados a la Escuela del Río Hudson, un grupo de pintores asociado a la región que todavía atrae a artistas, emprendedores y otros profesionales creativos. “A veces, los lugares tienen algo mágico y creo que Hudson es uno de ellos; tiene algo intrínsecamente especial", señaló Roland.
Para conocer Hudson de cerca, hablé con tres personas que representan distintas facetas de la ciudad: Roland; Christy Counts, fundadora de Neverstill, una íntima sala de degustación de vinos y espacio artístico; y John Frishkopf, cofundador de Klocke Estate, una granja de unas 74 hectáreas que también cuenta con una destilería y un restaurante.
Los tres cuentan qué los atrajo de Hudson y cuáles son algunos de sus lugares favoritos para disfrutar de la ciudad.
Pocketbook Hudson: una fábrica que volvió a la vida
Durante años, Sean Roland tuvo en mente una enorme fábrica textil abandonada cerca de su casa en Hudson. Era el edificio histórico más grande de la ciudad y una imponente reliquia de su pasado industrial, que permaneció prácticamente inactivo durante décadas. A Roland le cautivaron sus dimensiones, su arquitectura, sus enormes ventanales y la luminosidad de sus espacios. "Vivía a la vuelta de la esquina y siempre pasaba por ahí, ya fuera caminando o en coche, y me imaginaba: ´Algún día me encantaría encontrar la manera de llevar a cabo un proyecto ahí'", comentó.
Con el tiempo, Roland entabló amistad con Eleanor Ambos, dueña del edificio desde hacía muchos años, y, junto con sus socios comerciales, empezó a pensar en el futuro que podía tener el lugar. "El concepto era una fusión entre la hospitalidad, el arte y la comunidad local, creando un espacio que se sintiera realmente abierto y acogedor para un amplio sector de la población, tanto para quienes visitan Hudson como para quienes viven ahí", explicó Roland.
El resultado es Pocketbook Hudson, un hotel de 46 habitaciones, aunque el alojamiento representa solo una parte del proyecto. "Es mucho más que eso. Se parece más a un pequeño campus creativo", expresó Roland. El complejo también cuenta con restaurantes y bares, tiendas, propuestas de vida nocturna, espacios para eventos y The Baths, un amplio sector de baños y spa. Pocketbook fue pensado como un lugar de encuentro, con espacios para reunirse, pasar el tiempo y disfrutar de espectáculos.
El arte también ocupa un lugar central. En vez de adquirir una colección al inaugurar el hotel y dejarla intacta, el equipo pensó en Pocketbook como una plataforma creativa que cambia con el tiempo. "Toda la propiedad es una plataforma para la colaboración", afirmó Roland. Además, comentó: “Muchas de las obras expuestas son préstamos a largo plazo y mantenemos una relación personal con muchos de estos artistas, algunos de los cuales residen en Hudson y otros en la región”.
Este espíritu de colaboración va mucho más allá de las obras que cuelgan en las paredes. El artista Misha Kahn creó lavamanos escultóricos, mientras que las alfombras, diseñadas junto con un colectivo de moda griego, evocan las distintas capas del río Hudson. Los textiles reciclados y vintage presentes en toda la propiedad también rinden homenaje al pasado del edificio como fábrica textil.
Pocketbook cuenta, además, con unos 1.394 metros cuadrados de espacio comercial. Show: Room reúne el trabajo de varios diseñadores y artesanos, acompañado por una audioguía en la que los propios creadores explican sus obras. Kasuri, una boutique de moda vanguardista, reúne diseños de marcas como Comme des Garçons y también cuenta con un estudio de tatuajes. Pocketbook Market alberga a varios comerciantes, entre ellos, uno especializado en vinilos antiguos y otra tienda de hierbas medicinales y productos naturales.
La gastronomía y las bebidas también ocupan un lugar importante en Pocketbook. Ambos, el restaurante del hotel, debe su nombre a un doble juego de significados. "Ambos" es una palabra en español y, al mismo tiempo, funciona como un guiño a la cocina del chef Norberto Piattoni, que reúne influencias de su Argentina natal con rasgos de la gastronomía estadounidense contemporánea, a partir de sus años en el valle del Hudson y San Francisco.
El nombre también rinde homenaje a Eleanor Ambos, la anterior dueña del edificio, quien rechazó propuestas de otros grupos hoteleros porque quería que la antigua fábrica mantuviera su vínculo con la comunidad local y que tuviera un uso creativo. "Me siento muy honrado de que nos haya elegido para ser sus nuevos administradores", señaló Roland.
Estas son algunas de las formas favoritas de Roland para disfrutar de Hudson más allá de Pocketbook.
- Freaks New York: fundada por la diseñadora y especialista en antigüedades Kenzi Wilbur, Freaks se especializa en piezas vintage y antiguas poco comunes, así como en obras más recientes de mujeres y artistas queer. "Es una tienda de antigüedades maravillosa y una de mis favoritas", señaló Roland.
- The Antique Warehouse: Hudson es conocida por sus antigüedades, y una de sus tiendas más emblemáticas es The Antique Warehouse, considerada la tienda independiente de artículos vintage más grande del noreste de Estados Unidos. "Es un espacio impresionante, con más de 3.700 metros cuadrados ocupados por distintos vendedores de antigüedades junto al paseo marítimo", comentó Roland.
- Pez: cuando Roland elige comer fuera de Pocketbook, uno de sus lugares favoritos es Pez. "Uno de nuestros hoteles asociados, Rivertown Lodge, acaba de inaugurar este restaurante, que es realmente delicioso. Es marisco mexicano costero", contó.
- El río Hudson: Roland recomienda conocerlo desde el agua. "Navegar por el río Hudson siempre es increíble", afirmó. Durante el verano, los visitantes pueden tomar el ferry que conecta Hudson con la cercana localidad de Athens o recorrer el río a bordo del velero Apollonia.
- Lago Taghkanic: otro de los espacios naturales que Roland recomienda es el lago Taghkanic, cerca de Hudson. El lugar cuenta con dos playas y con alquiler de botes de remo, botes a pedal y kayaks. "Es un lago precioso cerca de Hudson al que siempre me encanta llevar a la gente. Es ideal para nadar", sostuvo.
Neverstill: la unión del vino y el arte
Christy Counts quedó cautivada por Hudson mucho antes de abrir ahí Neverstill. "Desde la primera vez que pisé Hudson hace más de una década, me fascinó la creatividad, el talento y la singularidad de este pequeño pueblo", me contó Counts en una entrevista. También agregó: “Cada tienda, cada callejón y cada persona con la que me crucé me inspiraban. Siempre busco estímulos creativos y Hudson me los ofrece con creces”.
Esa energía creativa ocupa un lugar central en Neverstill, la propuesta de usos múltiples que Counts inauguró en la calle Warren de Hudson. En este espacio, que recuerda a un elegante salón, se presentan los vinos que produce en Finger Lakes, una región del estado de Nueva York, junto con exposiciones de arte que cambian periódicamente. El lugar está pensado tanto para relajarse y compartir como para degustar una copa.
Counts eligió Hudson como su primera opción, en parte porque es fácil llegar desde Nueva York en tren, a través del servicio de Amtrak. Además, muchos de los visitantes que llegan a su bodega tuvieron poco contacto previo con los vinos producidos en el estado de Nueva York. "En cierto modo, somos una puerta de entrada a los vinos de Finger Lakes", afirmó.
Pero la idea de Counts para Neverstill nunca se limitó a servir vino. Quería que la experiencia recuperara la sensación que la había atraído a ese universo desde el principio. "Me enamoré del vino a una edad temprana por las sensaciones que me transmitía. Gran parte de esas experiencias iba más allá del vino en sí: se trataba del entorno, las imágenes, los aromas y la sensación de que nunca quieres que el momento termine", explicó.
Diseñó la sala de degustación a partir de esa idea. "Quería que nuestra sala de degustación fuera un refugio donde nuestros clientes se sintieran bienvenidos, conocidos y tratados como en familia. Nuestro espacio no se centra en la cantidad de clientes, sino en la calidad de la experiencia y en una conexión sin prisas", afirmó.
Esa apuesta por la creatividad y los vínculos también se refleja en el arte que ocupa las paredes. Counts organiza exposiciones y trabaja con artistas y especialistas en curaduría del valle del Hudson y de otras regiones. Una muestra reciente estuvo dedicada a la fotógrafa Jeannette Montgomery Barron, con curaduría de Theo Coulombe, de la galería local Standard Space.
"Recibir artistas es uno de mis mayores placeres", afirmó Counts. "El valle del Hudson está repleto de un talento increíble", agregó. Según explicó, la presencia alternada de artistas internacionales y locales en Neverstill permite que "nuestro espacio se mantenga dinámico, fresco y visualmente siempre en constante movimiento".
Para Counts, esa comunidad creativa también es parte de lo que hace especial a Hudson. "Me encanta sentirme constantemente impresionada por la gente de este pueblo. Acá todos son fascinantes, hacen cosas increíbles, tienen un talento inagotable y me inspiran sin cesar", señaló.
Estos son cinco de los lugares favoritos de Counts en Hudson.
- Feast & Floret: Counts recomienda Feast & Floret, un restaurante italiano que también funciona como florería. "Es una apuesta segura", dijo Counts. Además, agregó: “El ambiente es tan hermoso como la comida, y hay algo mágico en disfrutar de un plato perfecto de pasta hecha a mano y llevarse un ramo de flores atado a mano”.
- Para tomar algo: Counts recomienda The Hereafter, un bar de cócteles creado por un artista de Brooklyn y su esposa, que además es actriz. "El lugar tiene un estilo desenfadado y creativo, además de ser increíblemente acogedor. Se nota el arte en cada bebida que preparan. Mi favorito es el cóctel Hellcat, que lleva mezcal infusionado con chile ancho y poppers de pasillas", comentó.
- The Quiet Botanist: para comprar regalos, Counts elige The Quiet Botanist, una tienda nspirada en las farmacias de época y en los tradicionales jardines europeos. "En cuanto entras, el aroma te envuelve por completo", comentó. "Siempre me abastezco de sus exquisitos artículos; son regalos originales y con mucho encanto. Sus chocolates, con su precioso empaque, son especialmente deliciosos para regalar", añadió.
- Creative Legion: para conocer de cerca la comunidad creativa de Hudson, Counts recomienda visitar Creative Legion, un espacio de coworking y encuentro que organiza actividades como yoga, meditación al atardecer, charlas con autores y noches de mahjong, un juego de mesa tradicional. "Conseguí un pase de un día en Creative Legion para trabajar y socializar durante unas horas en el espacio más genial de la ciudad", recomendó Counts.
- Granja Morningstar: a las afueras de Hudson, hay una granja de hortalizas de 12 hectáreas con una tienda donde se venden sus productos y otros artículos locales. "Está un poco escondida, lo que la hace parecer un verdadero secreto local. Sus productos de temporada, cultivados de forma sostenible, son incomparables y pasar por la tienda de la granja es mi manera favorita de abastecerme para cocinar todo el fin de semana", reveló.
Finca Klocke: agricultura y alta cocina
A las afueras de Hudson, Klocke Estate reúne agricultura, destilación y alta cocina en una espectacular propiedad de 73 hectáreas, ubicada en la cima de una colina con vistas al valle del Hudson. John Frishkopf creó la finca junto con su socio comercial, Brett Mattingly, con la idea de elaborar un brandy de primera categoría, pero primero necesitaban fruta de la misma calidad.
"Todo empieza con la fruta", me dijo Frishkopf en una entrevista. "El coñac y el armañac son aguardientes de uva; el calvados es un aguardiente de manzana. Estas son las dos frutas que realmente merecen un lugar destacado en esta categoría, así que desde el primer día nos centramos exclusivamente en las manzanas y las uvas", explicó.
Encontrar la propiedad adecuada exigía reunir las condiciones necesarias para cultivar ambas frutas. "Se necesita una región frutícola con la acidez y la estructura adecuadas, una cultura que ya comprenda la filosofía de la comida lenta y la paciencia, y un terreno con carácter propio", afirmó Frishkopf.
Frishkopf y Mattingly encontraron una propiedad de unas 74 hectáreas en la cima de una colina que, según les aseguró un residente local, tenía "las mejores vistas del municipio de Columbia".
Hoy, esos huertos y viñedos abastecen directamente a una destilería, a un programa de degustaciones y a un reconocido restaurante. La chef ejecutiva Becky Kempter está al frente de una cocina estadounidense de temporada, con productos frescos de la granja y un toque francés. Los comedores, diseñados por Ken Fulk, cuentan con lámparas tipo araña, paredes de terciopelo, una chimenea de mármol y ventanales del piso al techo con vistas a las montañas Catskill.
"La verdadera función del restaurante es preparar el terreno para el brandy y el vermut", explicó Frishkopf. "Todo en el plato y en la copa remite a esas mismas 182 hectáreas. Cocinamos con lo que nosotros y nuestros vecinos cultivamos, fermentamos y destilamos. La coctelería se basa en nuestros propios licores. Y el comedor tiene vistas directas a nuestros viñedos y huertos", añadió.
La integración entre el establecimiento, la destilería y el restaurante fue deliberada. “Diseñamos esto como una experiencia continua, intencionalmente. Podés probar un brandy en cualquier bar. Entender por qué sabe como sabe solo sucede cuando podés ver la tierra de donde proviene mientras lo disfrutás", agregó.
Lo que más sorprende a los visitantes de Klocke, según Frishkopf, es la escala y la ambición del proyecto. "La gente llega esperando una sala de degustación rústica, tal vez un granero con algunos barriles, y en cambio se encuentran con 73 hectáreas de viñedos y huertos, una destilería y un restaurante", comentó. "Somos la prueba de que no hace falta viajar a California o Francia para encontrar ese nivel de artesanía y ese encanto", sostuvo.
Esa mezcla de sofisticación y sencillez también es una de las características que Frishkopf más valora en Hudson. "Ser sumamente sofisticado y profundamente auténtico al mismo tiempo es una combinación poco común", afirmó. "Podés tener una conversación realmente seria sobre arte o vino con alguien durante la cena, y a la mañana siguiente esa misma persona está limpiando los establos de sus vacas en su granja ecológica. La gente de acá tiene una energía creativa genuina y una actitud estupenda al respecto. Nadie se lo toma a pecho", remarcó.
Estos son algunos de los lugares favoritos de Frishkopf en Hudson.
- Haema: cuando Frishkopf elige comer fuera de su propio restaurante, uno de sus favoritos es Haema. "Es un lugar íntimo en Warren Street, de la chef Hannah Wong y SJ McLaughlin, que sirve platos inspirados en la comida callejera asiática, elaborados casi en su totalidad con productos de las granjas del valle del Hudson", explicó. "Pequeño, acogedor y completamente diferente a cualquier otro lugar de la ciudad", sintetizó.
- Finch: "Hay muchas tiendas de muebles y diseño excepcionales en la ciudad", señaló Frishkopf. "Mi favorita es Finch, ubicada en una antigua comisaría, con un gusto exquisito por el diseño vintage y moderno, a la altura de cualquier local de Nueva York o París. Colaboran con grandes artesanos, como John Derian, y cuentan con sus propias líneas de cerámica, velas y muebles. Es un excelente ejemplo de lo que mejor sabe hacer Hudson: buen gusto sin pretensiones. Tenemos varias piezas de Finch en Klocke Estate", reveló.
- Spotty Dog Books & Ale: otra de las paradas más conocidas de Hudson es Spotty Dog Books & Ale, una librería independiente que además vende material de arte y cuenta con un bar especializado en cerveza artesanal. El lugar está ubicado en una antigua estación de bomberos. "Es tan probable encontrarse con el alcalde como con un escritor de visita", comentó Frishkopf.
- Hudson Roastery: "Hudson Roastery es una auténtica cafetería de barrio", señaló Frishkopf. "Tuestan sus propios granos justo en la parte de atrás de la cafetería, y es el tipo de lugar donde te encuentras con la mitad de la gente que conoces antes de terminar tu primera taza", añadió.
- Hudson Hall: Frishkopf describe Hudson Hall como "el pilar de la vida cultural de la ciudad". El espacio se ubica en la restaurada Ópera de Hudson, inaugurada en 1855, y alberga conciertos, espectáculos de danza, lecturas y clases para niños y adultos, además del Festival de Jazz de Hudson. "Es el tipo de institución cívica que hace que una ciudad pequeña sienta que tiene un verdadero pulso cultural", afirmó.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.