Abbas Sajwani emerge de un ascensor dorado hacia la cubierta principal de su superyate de 106 metros, el Amadea, vistiendo una camisa de lino blanco y pantalones grises. Ancló la embarcación —que compró al gobierno de Estados Unidos en una subasta secreta el septiembre pasado, luego de que fuera incautada al presunto oligarca ruso Suleiman Kerimov tres años antes— justo frente a la costa del principado del tamaño de una postal, como hacen muchos multimillonarios durante el verano.
Caminando junto a paredes de teca con intrincadas incrustaciones, una barra tallada en mármol de la isla griega de Tasos y un piano de media cola pintado a mano —hecho a medida para el yate por el centenario fabricante parisino de pianos Pleyel—, se sienta en un sofá de color crema, enmarcado por el Mediterráneo y el horizonte de Mónaco. Pero el heredero inmobiliario de Dubái, de 27 años, está ansioso por hablar sobre la última adquisición de su empresa inmobiliaria, AHS Properties. “Compramos el Shangri-La Dubái a finales de mayo por US$ 300 millones”, dice, ajustándose sus anteojos sin marco. “Eso demuestra mi convicción personal y mi fe en el mercado de Dubái”.

Hijo del multimillonario magnate inmobiliario Hussain Sajwani —conocido como el “Donald de Dubái” y amigo desde hace mucho tiempo del presidente Trump—, trazó su propio camino en el caótico mercado inmobiliario del emirato. Mientras que DAMAC, la empresa de su padre, construyó más de 50.000 unidades de lujo y tiene más de 50.000 en construcción, AHS Properties, fundada por Abbas en 2021, se enfocó en el sector de ultralujo. Tras comprar y renovar inicialmente villas en las exclusivas zonas de Emirates Hills y Palm Jumeirah en Dubái, comenzó a adquirir terrenos a lo largo del Canal de Agua de Dubái para construir torres residenciales de lujo, que ahora representan la mayor parte de su cartera. Junto con sus yates y su colección de mansiones, es la base de su fortuna estimada en US$ 1.900 millones.
Al igual que muchos desarrolladores inmobiliarios, Sajwani prefiere pensar en sus compras trofeo en términos de ubicación y escasez. El Amadea es un ejemplo perfecto: “Cuando buscaba comprar un barco, no era un solo requisito el que necesitaba cumplir”, añade. “Eran 10 requisitos, y el Amadea, para mí, cumplía la mayoría”.
Construido en 2017 por el histórico astillero alemán Lürssen, el palacio flotante de Sajwani tiene seis cubiertas, incluida una con un “jardín de invierno” de cristal diseñado para evocar una orangerie, con un hidromasaje al aire libre. Hay un salón de cine con una chimenea adyacente; una pileta infinita de 10 metros con barra integrada; y todos los elementos habituales de un superyate, desde un spa y salón de belleza hasta un gimnasio y un helipuerto. (Durante la visita de Forbes, el helipuerto se había convertido en una cancha de pickleball, una idea que Sajwani señala que fue copiada por varias embarcaciones vecinas).

Incluso entre las más de dos docenas de yates que navegan por el Mediterráneo en verano, el Amadea destaca con su albatros de estilo art déco en la proa. Supuestamente fue construido, según el gobierno de Estados Unidos, para Suleiman Kerimov, un magnate ruso del oro y miembro de la cámara alta del parlamento de ese país, a quien Estados Unidos sancionó en 2018. Dos años más tarde, durante un breve período en el que el yate estuvo en el mercado, Sajwani recorrió el Amadea y se enamoró de él. “Me encanta el interior del barco, me encanta el estilo”, dice. “Creo que es hermoso”.
Sajwani terminó comprando un yate diferente —el AHS de 66 metros, construido por primera vez en 2005 y rebautizado con sus iniciales—, pero nunca olvidó el Amadea. Finalmente, tuvo la oportunidad de poseerlo. El 5 de mayo de 2022, unas 10 semanas después de la invasión de Vladimir Putin a Ucrania, el FBI y las autoridades de Fiyi incautaron el Amadea en la ciudad portuaria de Lautoka. El yate había salido de México 18 días antes, pero no pudo escapar del largo brazo del Tío Sam. Luego fue navegado hasta San Diego, y en octubre de 2023, el Departamento de Justicia presentó un caso de confiscación civil para incautarlo formalmente a Kerimov, antes de organizar la subasta en septiembre pasado.
Valuado en US$ 300 millones cuando fue incautado, el yate se mantuvo en buenas condiciones gracias a los contribuyentes estadounidenses, quienes desembolsaron unos US$ 36 millones para su mantenimiento mientras estuvo varado en San Diego. Por un golpe de suerte, Sajwani se impuso: su oferta ganadora, no revelada, estuvo sólo US$ 1 millón por encima de la segunda más alta. Afirma que luego rechazó la oferta de un comprador para adquirírselo por mucho más, en cientos de millones. Actualmente tiene su otro barco, el AHS, en el mercado por US$ 50 millones.

Sajwani compró el Amadea (ahora con un valor estimado de US$ 250 millones) con un descuento considerable, y no planea realizar cambios mayores. “El 90% del interior, cuando lo compré, me satisfacía más que suficiente. Pero en conjunto, no hemos cambiado mucho”, dice. “No vamos a hacer una remodelación”.
A bordo de la cubierta principal, Sajwani se detiene para señalar sus elementos favoritos y por qué es su salón de preferencia para reuniones de negocios y para recibir a invitados formales. “Lo que es hermoso aquí es el nivel de detalle”, dice, señalando los libros de cuero incrustados en las paredes de teca. “Desde los libros en la pared —cómo hicieron que parezca una biblioteca— hasta el trabajo en madera, el nivel de detalle no tiene igual”.
Siguiendo los pasos de su padre, la persona más rica de Dubái con una fortuna estimada en US$ 15.300 millones, el joven Sajwani reconoce una buena oportunidad cuando la ve. Nacido en 1999, comenzó a invertir en el mercado de valores de Dubái cuando era adolescente con un regalo de US$ 100.000 de su padre. Para 2016, había convertido ese dinero en una serie de pequeñas empresas —un cibercafé y un lavadero de autos— antes de que la pandemia de Covid-19 pusiera fin a esos emprendimientos.

Fue entonces cuando comenzó a invertir en acciones de Estados Unidos, y en dos empresas en particular: el fideicomiso de inversión inmobiliaria de centros comerciales Simon Property Group y el gigante de la moda de lujo Capri Holdings, propietario de Michael Kors y Jimmy Choo, entre otras marcas. Además de los US$ 5 millones que Sajwani afirma haber invertido, también recurrió al apalancamiento. Ambas acciones se dispararon más de un 100% desde mayo de 2020 hasta mayo de 2021, y para cuando vendió sus posiciones en la primavera de 2021, dice que obtuvo un beneficio neto de US$ 25 millones, un rendimiento de 5 veces su inversión.
Durante ese mismo período, también realizó su primera inversión inmobiliaria, comprando en una subasta una villa en el barrio Emirates Hills de Dubái por US$ 11 millones, aportando US$ 4 millones y financiando el resto. Sajwani utilizó préstamos bancarios para renovar la propiedad y luego repitió la misma estrategia en Palm Jumeirah, el archipiélago artificial con forma de palmera que alberga a varios multimillonarios, incluido Mukesh Ambani, la persona más rica de Asia. Para 2022, Sajwani había vendido todas las villas y destinado sus ganancias a un terreno a lo largo del Canal de Agua de Dubái —una vía fluvial artificial bordeada de hoteles y comercios—, que luego desarrolló en One Canal, una torre residencial de lujo de 9 pisos.
En 2025, se expandió más allá de las torres de lujo cuando su empresa desembolsó US$ 120 millones para comprar la "Torre Big Ben", un rascacielos de oficinas de 328 metros desocupado durante mucho tiempo y diseñado para imitar el emblemático monumento de Londres. Ahora está trabajando para retirar la fachada con el reloj falso y convertir el edificio en una torre de oficinas de lujo.
Todo eso parecía una buena apuesta cuando el mercado inmobiliario de Dubái estaba en auge. De 2021 a 2025, el emirato superó a Nueva York, Los Ángeles, Hong Kong, Londres y Miami para convertirse en la ciudad con el mercado residencial de lujo más valioso del mundo, con más propiedades vendidas por encima de los US$ 10 millones el año pasado que en cualquier otro lugar de la Tierra. Luego estalló la guerra con Irán.
Hasta ahora, el volumen de transacciones cayó casi un 30% en el segundo trimestre en comparación con el año pasado, según la firma inmobiliaria Savills, aunque los precios promedio por metro cuadrado se mantuvieron estables. Pero Sajwani no está preocupado: “El mercado de Dubái sigue muy sano, hay mucha demanda”, dice. “La gente se sigue quedando y mudando [allí]. Los restaurantes están llenos, los residentes están en las calles”.
Una señal de su confianza es su reciente adquisición del Shangri-La, una propiedad Cinco Estrellas de Forbes Travel Guide con 302 habitaciones de hotel, 126 departamentos y espacio para oficinas, ubicada en la arteria principal de Dubái, Sheikh Zayed Road. “Cuando mirás esa calle, ese corredor de Dubái, casi no encontrás terrenos vacíos”, dice. “El nivel de precios sólo va a ir en una dirección, porque todo está construido y hay muchos inversores que quieren estar ahí”.
Sajwani también planea un nuevo y masivo proyecto de uso mixto llamado AHS City, que se ubicará cerca del Shangri-La. Diseñado para incluir el complejo de oficinas más grande de Dubái, además de departamentos de lujo, un hotel boutique, un spa de 18.500 metros cuadrados y un patio gastronómico de 18.500 metros cuadrados, Sajwani apunta a una fecha de apertura para 2030.
Cuando no está en Dubái, Sajwani dirige su negocio inmobiliario desde el Amadea: los veranos lo mantienen en el sur de Francia, mientras que en invierno el yate se dirige a San Bartolomé, en el Caribe.
“Mucha gente dice que va a un barco de vacaciones. Para mí no es el caso. Es más un lugar para vivir”, dice. “Mi rutina en el barco es como si estuviera en Dubái. Los días de semana me levanto, tengo mis reuniones, mis llamadas por Zoom, y los fines de semana lo disfruto más. Es un cambio de paisaje, es más una casa que una casa de vacaciones”.

Durante el fin de semana del Gran Premio en Mónaco, Sajwani está más concentrado en las comodidades del Amadea que en lo que sucede en el circuito de F1. “La pileta se usa mucho, y uno de mis lugares favoritos es el spa”, dice. Equipado con sauna, haman, sala de masajes, pileta de inmersión con cromoterapia y una terraza al mar con una pileta revestida de mosaicos que se abre directamente al océano, tiene suficiente para mantener entretenidos a él y a sus invitados.
A pesar de toda su opulencia, el Amadea ni siquiera es la compra de lujo más reciente de Sajwani. Ese título pertenece a The Holme, una propiedad neoclásica de 40 dormitorios en el anillo interior de Regent's Park en Londres, que según se informa acaba de comprar por US$ 260 millones. Y si de alguna manera se queda sin espacio para invitados en el Amadea, sin duda tendrá cobertura en tierra firme.
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