Cecilia Valleboni Subeditora
En un contexto corporativo centrado en los programas de wellness, las membresías de gimnasio y las dinámicas de work-life balance, la evidencia empírica aporta datos concretos sobre qué impacta en la calidad de vida de los trabajadores. El nuevo Índice de Bienestar UdeSA–OSDE —desarrollado por el Laboratorio y Observatorio de Opinión Pública (LOOP) de la Universidad de San Andrés junto a Grupo OSDE— reveló que el principal pilar de la satisfacción en el país está asociado al valor de los afectos y a la calidad de los vínculos interpersonales.
El relevamiento, realizado entre el 3 y el 9 de septiembre de 2026 sobre una muestra representativa nacional de 999 casos, ubicó el bienestar general de los argentinos en 3,34 puntos (en una escala de 1 a 5), mostrando una estabilidad respecto a las mediciones de los meses previos. Sin embargo, al abrir el indicador por dimensiones, los datos muestran brechas marcadas: la relación familiar (3,93 puntos y un 54% de satisfacción neta) y los vínculos sociales con amigos (3,72 puntos) representan los factores de mayor ponderación positiva.
En el extremo opuesto, las variables asociadas a la situación económica y profesional registraron las puntuaciones más bajas: la situación económica personal se posicionó en 2,48 puntos (un saldo neto negativo del -28%), seguida por la situación laboral o actividad principal, con 2,85 puntos (-8%). "Mediante este índice seguiremos la evolución de indicadores relevantes a lo largo del tiempo con el objetivo de entender mejor qué nos pasa como sociedad y generar insumos que alimenten políticas públicas y privadas", destacó Lucas S. Grosman, rector de la Universidad de San Andrés. Por su parte, Cristian García Sarubbi, Director General de Grupo OSDE, subrayó: "La relevancia del bienestar sigue creciendo en todo el mundo como un pilar fundamental para la comunidad. Asumimos el compromiso de medirlo de forma rigurosa".
La brecha generacional y socioeconómica
El análisis demográfico expone disparidades según el rango etario y el nivel socioeconómico. El bienestar subjetivo aumenta de forma directamente proporcional a la edad: los Boomers lideran el índice con 3,66 puntos, mientras que los Millennials marcan el nivel más bajo de la serie con 3,15 puntos, concentrando además los valores más altos en percepción de estrés (47%) y preocupación (61%). En términos de ingresos, el segmento ABC1 registra 3,74 puntos, frente a los 3,20 puntos del sector D1D2.
Tensión metropolitana y hábitos cotidianos
El mapa regional del estudio expone diferencias marcadas entre el interior del país y el área metropolitana. Las regiones Sur (3,65), NEA (3,61) y NOA (3,44) sostienen índices superiores al promedio nacional, mientras que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) registra la medición más baja con 2,93 puntos, seguida por el Gran Buenos Aires con 3,32.
En cuanto a las pautas de vida evaluadas, la alimentación muestra la mayor brecha individual del estudio, con una diferencia de 1,18 puntos entre quienes perciben su dieta como muy saludable (3,80) y nada saludable (2,62). Por su parte, los encuentros presenciales de dos a tres veces por semana elevan el indicador a 3,66 puntos (frente a 2,95 en casos de aislamiento), mientras que superar las seis horas diarias de pantallas fuera del trabajo sitúa el índice en 3,07 puntos. Finalmente, el descanso menor a seis horas arrastra el indicador a 2,97, en contraste con los 3,43 puntos alcanzados al dormir ocho horas o más.
Ante la consulta sobre los factores más determinantes para el bienestar individual, el 49% de los encuestados señaló a la economía personal, un 47% a la salud física y un 46% a la salud mental. Los datos del relevamiento UdeSA–OSDE aportan métricas objetivas para la estructuración de programas corporativos: la flexibilización de esquemas de trabajo, la contención del estrés en rangos etarios intermedios y las políticas de desconexión digital se alinean directamente con los factores que los propios trabajadores identifican como condicionantes de su calidad de vida.