Son científicos y decidieron emprender: ya levantaron US$ 500.000 para tratar el Parkinson
Claudia Banchio y Hugo Gramajo fundaron Exomas en 2023 a partir de una investigación desarrollada durante una década. La startup rosarina ya probó su tecnología en animales, avanza en la etapa preclínica y tiene a la ELA como segundo objetivo.

Durante diez años, Claudia Banchio y Hugo Gramajo trabajaron en una investigación científica que no había nacido con la intención de convertirse en un negocio. Ambos eran investigadores del Conicet y profesores de la Universidad Nacional de Rosario. Tenían experiencia en ciencia básica, pero no sabían cómo crear una empresa, levantar capital ni recorrer el camino regulatorio necesario para desarrollar un producto.

Ese proceso comenzó a cambiar en 2023, cuando fundaron Exomas, una startup biotecnológica que busca desarrollar tratamientos regenerativos para enfermedades neurodegenerativas. Su primer objetivo es la enfermedad de Parkinson y el segundo proyecto dentro de su pipeline está dirigido a la esclerosis lateral amiotrófica, conocida como ELA.

Claudia Banchio y Hugo Gramajo

La compañía ya levantó US$ 500.000 entre sus diferentes instancias de financiamiento y actualmente transita la etapa preclínica. Su desarrollo fue probado en animales con un modelo de Parkinson y, según sus fundadores, produjo una recuperación de la actividad motora. El resultado funciona como prueba de concepto, aunque todavía deberá superar estudios de seguridad y eficacia antes de poder evaluarse en seres humanos.

“Siempre hay que tener en cuenta que lo que uno hace es en animales de experimentación y luego hay que trasladarlo al humano. Es un salto importante”, explicó Gramajo, CEO y cofundador de Exomas, en diálogo con Forbes Argentina.

La entrevista se realizó durante la tercera edición del Santa Fe Business Forum, organizado en Rosario, que reunió a empresarios, inversores, startups y representantes de diferentes sectores productivos.

Una tecnología que busca reparar neuronas

Exomas trabaja con exosomas derivados de células madre neurales. Los exosomas son pequeñas partículas que permiten la comunicación entre las células y transportan información biológica. “Los exosomas son residentes naturales de nuestro cuerpo y actúan como emails que una célula le manda a otra con información”, explicó Banchio, CSO y cofundadora de la compañía.

La startup utiliza exosomas producidos por células madre neurales, vinculadas con los procesos de generación y reparación de neuronas. La hipótesis de trabajo consiste en utilizar esas señales para reforzar mecanismos naturales del cerebro y favorecer la supervivencia de neuronas sanas. “Como usamos exosomas derivados de células madre neurales, el mensaje que llevan es de regeneración o reparación natural”, señaló Banchio.

Las enfermedades neurodegenerativas, aunque tengan distintos orígenes, comparten un fenómeno: la pérdida progresiva de neuronas, que puede provocar alteraciones cognitivas y motoras. Los tratamientos disponibles pueden aliviar síntomas o demorar determinados procesos, pero no reemplazan las neuronas que ya murieron.

La apuesta de Exomas es avanzar sobre ese problema. Sin embargo, sus fundadores aclaran que aún no pueden saber si la tecnología funcionará como una cura o qué grado de mejoría podría producir en pacientes. “Cuando hablamos de cura o mejoría, todavía no lo sabemos. Lo que estamos haciendo es reforzar la capacidad natural del cerebro para regenerarse”, explicó Banchio.

El límite resulta importante. La compañía cuenta con resultados preclínicos en animales, pero todavía no inició ensayos clínicos en personas. Antes deberá demostrar que el producto es seguro, completar los requerimientos regulatorios y atravesar las diferentes fases previstas para un desarrollo terapéutico.

Claudia Banchio y Hugo Gramajo

De la academia a una startup

Exomas surgió después de que Banchio y Gramajo atravesaran un proceso de construcción empresarial vinculado con SF500. Allí comenzaron a transformar la investigación científica en una compañía con propiedad intelectual, un equipo y una estrategia de financiamiento. “Ambos somos científicos y no sabíamos hacer un negocio ni cómo transitar una startup”, reconocieron.

La base del proyecto provino de aproximadamente diez años de trabajo científico. Después del proceso de formación empresarial, Exomas recibió una primera inversión presemilla hacia 2024. Más tarde incorporó capital de un inversor ángel que le permitió consolidar el equipo y posteriormente avanzó con una nueva instancia de inversión.

En total, la startup ya captó US$ 500.000. El capital fue destinado a validar los compuestos mediante pruebas in vitro e in vivo, proteger la propiedad intelectual y avanzar con los estudios preclínicos.

El recorrido obligó a los fundadores a incorporar conocimientos alejados de su formación original. Además de la ciencia, debieron aprender sobre gestión, financiamiento, regulaciones, armado de equipos y desarrollo comercial. “Tenemos que adaptar nuestro conocimiento y adquirir nuevas capacidades: cómo manejar una empresa, cómo conseguir financiamiento y cómo construir apoyo desde el punto de vista regulatorio y financiero”, explicaron.

Este proceso refleja uno de los principales desafíos de las startups científicas. La investigación puede producir un descubrimiento con potencial, pero convertirlo en una terapia requiere años de desarrollo, equipos multidisciplinarios y sucesivas rondas de inversión.

A diferencia de una compañía de software, que puede lanzar un producto y modificarlo con rapidez, una startup biotecnológica debe demostrar seguridad y eficacia antes de llegar al mercado. Cada etapa demanda capital y puede modificar las probabilidades de éxito del proyecto.

La investigación básica como origen del negocio

Banchio y Gramajo aseguran que Exomas no surgió de la decisión inicial de crear un producto contra el Parkinson. El desarrollo apareció como resultado de preguntas científicas realizadas durante años dentro del ámbito académico. “Nosotros no pensamos inicialmente en desarrollar un exosoma para tratar enfermedades neurodegenerativas. La ciencia básica y la educación nos permitieron hacer preguntas, avanzar y llegar a los exosomas”, afirmó Banchio.

Para los fundadores, la investigación básica constituye el punto de partida de las empresas de base científica. El desafío posterior consiste en identificar una aplicación, protegerla y construir una organización capaz de llevarla fuera del laboratorio. “La investigación básica es el sustento y la base sólida que se puede dar a este tipo de empresas. Las startups ayudan a recorrer el camino que lleva ese conocimiento hacia una aplicación”, sostuvieron.

La experiencia también cambió su mirada sobre el vínculo entre academia y negocios. Según los científicos, existe un interés creciente entre los investigadores por emprender, pero persisten el desconocimiento y el temor a abandonar un ámbito profesional conocido. "Hay miedo por lo que uno desconoce y por salir de la zona de confort. Nuestro mensaje es que más investigadores se animen a emprender, porque estos desarrollos pueden producir un impacto social y económico”, señalaron.

Los espacios de conexión con inversores y empresarios cumplen un papel en ese proceso. Exomas participó de las tres ediciones del Santa Fe Business Forum y sus fundadores destacan el valor del encuentro para reunir actores que normalmente se mueven en circuitos separados. “Es un espacio para intercambiar conocimiento y reunir inversores, desarrolladores y startups, de manera que puedan generarse negocios globales”, afirmaron.

Exomas todavía tiene por delante las etapas más complejas y costosas de su desarrollo. Los resultados obtenidos en animales deberán reproducirse en estudios posteriores y, eventualmente, en personas. Pero la compañía ya dio un primer paso que suele resultar difícil para la ciencia regional: convertir una década de investigación en una empresa, obtener financiamiento y comenzar el camino para que una tecnología nacida en un laboratorio argentino pueda transformarse en un tratamiento.