Audible, la plataforma de audiolibros de Amazon, lanzó una nueva función que permite a los oyentes conversar en tiempo real con personajes literarios generados por inteligencia artificial. La herramienta, llamada Historia Interactiva, arranca con el personaje planteando una situación y asignándole un rol al usuario, que después responde con sus propias palabras mientras la IA adapta la escena en función de lo que dice.
Es la primera vez que una gran plataforma de audio permite a los oyentes intervenir de esta manera en una historia. Pero la propuesta también entra en uno de los debates legales más complejos en torno a la IA. ¿Podría Audible aplicar esta función a todo su catálogo sin infringir derechos de autor? ¿Y qué pasa con el contenido que crean los propios usuarios durante esas conversaciones?
Por ahora, las respuestas no están claras. La legislación y los tribunales estadounidenses todavía están definiendo hasta dónde pueden llegar estas herramientas.
El frente legal que abre la nueva función
Las demandas por derechos de autor contra empresas de inteligencia artificial en Estados Unidos llegaron a 140 casos en septiembre, frente a 45 hace poco más de un año. Buena parte de esos litigios gira alrededor de dos cuestiones que también alcanzan a la nueva herramienta de Audible.

La primera es si una compañía puede utilizar obras protegidas para entrenar un modelo de IA. Los tribunales todavía no fijaron un criterio único y las decisiones variaron según cada caso. Un juez federal de California determinó, por ejemplo, que Anthropic podía utilizar libros adquiridos legalmente para entrenar su sistema, pero consideró ilegal el uso de ejemplares descargados de sitios piratas. Más tarde, la compañía llegó a un acuerdo extrajudicial por US$ 1.500 millones.
Otro juez de California llegó a una conclusión diferente sobre Meta, al considerar legítimo el uso de libros descargados de las llamadas "bibliotecas clandestinas" para entrenar su modelo. En Delaware, en cambio, un tribunal resolvió que Ross Intelligence había infringido los derechos de autor al utilizar contenido editorial y anotaciones de Thomson Reuters para desarrollar una herramienta jurídica basada en IA.
La segunda discusión surge del contenido que generan esos sistemas. El interrogante es si una IA puede producir material que viole los derechos de autor de las obras utilizadas durante su entrenamiento. Los tribunales estadounidenses todavía no dieron una respuesta definitiva.
Disney y Universal llevaron esa discusión a la Justicia al demandar a Midjourney. Las compañías sostienen que su generador de imágenes produce copias no autorizadas de obras protegidas, un reclamo al que luego se sumó Warner Bros. Discovery. Midjourney lo niega y afirma que el sistema no recupera imágenes almacenadas, sino que genera nuevas a partir de las instrucciones del usuario y de los patrones aprendidos durante el entrenamiento. El caso sigue abierto.
Getty Images mantiene una disputa similar con Stability AI. La empresa acusa al desarrollador de haber utilizado más de 12 millones de fotografías sin permiso para entrenar su modelo y sostiene que los resultados también vulneran sus derechos. Stability AI rechazó esas acusaciones y el tribunal todavía no se pronunció.

La función de Audible queda en medio de ambos debates. La IA que interpreta a los personajes tuvo que ser entrenada previamente y, al mismo tiempo, genera respuestas nuevas cada vez que conversa con un usuario. Por eso, todavía no está claro qué límites legales enfrentaría la compañía si decidiera extender la herramienta a obras cuyos derechos pertenecen a terceros.
Qué está probando Audible y dónde aparece el problema
Según Audible, los creadores sientan las bases de cada Historia Interactiva. Definen las escenas iniciales, los principales giros de la trama y la personalidad de los personajes. La empresa asegura que el diseño del producto busca mantener la experiencia fiel a la visión del autor. Por ahora, la compañía no llevará la función a todo su catálogo.
Una de las primeras experiencias está basada en la producción de Audible de Drácula, de Bram Stoker, una obra de dominio público, y permite interactuar con Renfield, el impredecible y atormentado sirviente del protagonista. A partir del 5 de noviembre, la plataforma también sumará Exoplanet, una producción original escrita por Benjamin Percy. La elección no es casual, ya que Audible controla los derechos de su propia versión de Drácula y Exoplanet también pertenece a la plataforma. Eso reduce parte de los riesgos legales que podrían surgir con obras de terceros.
La situación sería muy distinta si la empresa extendiera la herramienta al resto de su catálogo. Audible ofrece cientos de miles de títulos cuyos derechos pertenecen a terceros. Entre ellos están el audiolibro de It, de Stephen King, publicado por Simon & Schuster Audio, y Perdida, de Gillian Flynn, publicado por Random House Audio. Audible puede venderlos y ofrecerlos en streaming gracias a acuerdos de licencia, pero no es propietaria de esas obras.
Es muy probable que esos contratos no hayan contemplado originalmente un sistema de inteligencia artificial capaz de generar diálogos nuevos para los personajes en tiempo real. Eso abre otra pregunta. ¿Las licencias actuales alcanzan para permitir ese uso o Audible tendría que negociar nuevos acuerdos con autores y editoriales? Los contratos existentes probablemente no ofrezcan una respuesta clara.
Quién tiene los derechos sobre lo que crea el usuario

Si un oyente interviene en una historia con sus propias palabras y modifica su desarrollo, ¿puede reclamar derechos sobre lo que creó?
La legislación estadounidense establece que una persona adquiere derechos de autor sobre una creación original desde el momento en que la crea, sin necesidad de registrarla. Por eso, un usuario que aporta diálogos propios en una Historia Interactiva podría tener derechos sobre ese contenido. El problema es que esas intervenciones forman parte de una historia que ya existe. El usuario responde a personajes dentro de una estructura narrativa definida por Audible y mediante un sistema desarrollado por la compañía.
La ley estadounidense considera una obra derivada a una creación basada en material protegido, como una adaptación o una secuela. En esos casos, el autor de la nueva obra conserva derechos únicamente sobre el contenido original que aportó. En Audible, el oyente podría ser titular de sus propias contribuciones, mientras que la plataforma mantiene los derechos sobre la historia y el resto de su contenido.
Aun así, los términos de uso pueden ser determinantes. Audible incorpora las condiciones de Amazon.com, que le conceden a la compañía amplios permisos para utilizar el contenido aportado por sus usuarios. Entre otras cosas, puede reproducirlo, modificarlo, adaptarlo y crear obras derivadas. Si esas condiciones también se aplican a las Historias Interactivas, un oyente podría conservar los derechos sobre lo que escribió y, al mismo tiempo, darle a Audible un permiso muy amplio para utilizarlo.
Amazon y Audible no respondieron a las consultas para esta nota.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.