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Es por acá: cuatro generaciones de innovadores analizan el futuro de las organizaciones y los gobiernos

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El espíritu colaborativo entre los emprendedores y las corporaciones se convirtió en la herramienta de los innovadores a la hora de pensar en cómo resolver los problemas y crear negocios. Lejos del individualismo, en este mundo cada vez más volátil ganará quien pueda tender puentes. El debate de cinco referentes de la innovación.

08 Febrero de 2021 12.17

Iterar es una de las palabras fetiche dentro del ecosistema emprendedor tecnológico. El loop de probar, fallar, mejorar y volver a intentar forma parte de la esencia de los representantes más a la vanguardia de esta comunidad. Sin embargo, hacerlo en tiempos turbulentos y volátiles como el 2020 no es tarea sencilla. Por eso, Forbes Argentina reunió a algunos de los referentes del mundo de la innovación ?aunque más adelante explicarán por qué prefieren rehuir un poco de esta palabra? para debatir y dialogar sobre los interrogantes (y algunas certezas) que entregó el año que pasó, de cara al que acaba de comenzar.

 A tono con los tiempos que corren, donde las videollamadas les ganaron la pulseada a las reuniones presenciales, y para congregar a personas que se encuentran a kilómetros de distancia e incluso están separadas por husos horarios, el encuentro se gestó de manera virtual. Los protagonistas: Emiliano Kargieman, CEO y fundador de Satellogic; Agustina Fainguersch, partner y directora ejecutiva de Wolox; Joan Cwaik, divulgador tecnológico y gerente de marketing para LA de Maytronics; Veronica Silva, fundadora de Apprendo; y Mateo Salvatto, creador y titular de Asteroid Technologies.

Un nuevo comienzo de una época en la que el COVID-19 no será la única pandemia, la necesidad de incentivar la cooperación entre startups y corporaciones y una reflexión sobre el rol de cada generación en el futuro ?que pareciera ser más bien un presente continuo? fueron algunas de las conclusiones que surgieron de la charla. 

NO HABLEMOS MÁS DE INNOVACIÓN

Emiliano Kargieman (EK): La palabra “innovar” mucho no me gusta, en general es medio vacía. Me gusta hablar de resolver problemas, lo que implica a veces pensarlos de forma distinta, desde otras perspectivas, atacarlos con otras herramientas. Y lo que nos obligó a hacer esta pandemia es entender y resolver problemas con poca información, en poco tiempo y con riesgos grandes. Tuvimos que resolver problemas nuevos por primera vez y, si bien había protocolos en el mundo para atacar casos de pandemias, no se implementaron, no funcionaban o no estaban probados. Cualquier problemática de esa escala y a nivel global por supuesto va a generar un montón de innovación porque estamos enfrentando situaciones nuevas.

Agustina Fainguersch (AF): Por el tipo de negocio al que nos dedicamos, que es básicamente resolver problemas usando tecnología, trabajamos para distintos tipos de industrias y vi cómo estaban preparadas o no para afrontar los nuevos problemas o desafíos que nos presentaba la pandemia. Presentó una oportunidad de repensar los negocios para la necesidad del contexto, de flexibilizarse y entender que operamos en un entorno que no controlamos y que tenemos las herramientas, pero tenemos que tener el mindset, adaptarnos y repensar. 

Verónica Silva (VS): A los emprendedores, a algunos, nos cambió el panorama en el que trabajamos, a otros no tanto, a algunos los aceleró y a otros directamente les pateó el tablero y tuvieron que cambiar la propuesta de valor. Existen oportunidades de mejora y, al haber tantos cambios, sin duda nos impulsa a ser más creativos y repensar las cosas. 

Mateo Salvatto (MS): Una de las cosas que me gusta ver de momentos como este es una frase que dice que el ecosistema científico-tecnológico y la investigación son como una planta. Cuando querés que crezca, no la regás de golpe sino todos los días. Momentos como este nos dan un aprendizaje muy válido y grande, que es lo importante que es apostar a la tecnología para tenerla lista y bien fortalecida para que ese ecosistema pueda responder ante situaciones como esta. 

Joan Cwaik (JC): Hablar del 2020 es un poco hacer una prospectiva para 2021 porque hay enormes dudas de si se va a tratar de un trimestre, un semestre u otro año de pandemia. Esta pandemia resignificó la forma de pivotear y reaccionar. Muchos usan el término “catalizador”, en el sentido de que la pandemia catalizó cosas que ya venían pasando. No cambió sino que profundizó tendencias. También ofreció nuevos motivos para la crisis de legitimidad política, acentuó procesos de especialización y resignificó cómo reaccionamos frente a escenarios inciertos. En algún punto es ese cisne negro altamente inesperado que va a marcar a nuestra generación. Es parecido a un terremoto, que no se da de un día para el otro, sino que hay pequeños movimientos sísmicos antes. 

EK: Me gustaría retomar algo de lo que decía Joan y llevarlo a un territorio un poco más pesimista, en el sentido de que el cisne negro o terremoto es algo que pasa una vez cada tanto. Creo que lo que estamos viviendo es otra cosa, es un mundo con un nivel de volatilidad que viene en aumento. Por un lado, por cuestiones propias del planeta, como el cambio climático, de origen antropogénico; por otro lado, por el nivel de interconexión que hay en el mundo. Tenemos que pensar al COVID-19 como la primera pandemia del siglo XXI, no va a ser la última.

Hay que empezar a pensar en cómo construimos un mundo que es resiliente y está preparado para sostenerse con este nivel de volatilidad. Es un llamado de atención y nos tiene que permitir repensar las estructuras, los procesos y, sobre todo, el tipo de problemas sobre los que trabajamos: cuáles vale la pena resolver en función de lo que viene. 

CÓMO SE RESUELVEN LOS PROBLEMAS HOY

 A las nuevas generaciones desde el colegio se les enseña una perspectiva distinta en el mundo. A reciclar, a ser más conscientes del impacto que generamos. Y esto también cambia la visión cuando quieren innovar. Hay una nueva generación que no solo busca el éxito de un negocio sino también generar un impacto social. Puede ser en sustentabilidad, en educación, en inclusión. Por otro lado, hay más agilidad que antes a la hora de empezar un emprendimiento. Hay más información disponible, el ecosistema está más maduro y hay más opciones y conocimiento sobre cómo empezar un proyecto. 

MS: Como en cualquier otra crisis o situación turbulenta, se abren ventanas de oportunidad al cambio. Y se abre la posibilidad de utilizar la tecnología para implementar cambios estructurales en cosas que por ahí eran posibles pero no necesarios o evidentes. Hay una demanda cada vez mayor de la generación actual de la responsabilidad social, el impacto ambiental, la diversidad, variables relevantes que hacen a una construcción de bienestar más colectivo. Tener impacto social no es algo alejado de los negocios. Tampoco me gusta mucho el concepto de responsabilidad social porque es como un peso o una mochila de algo que hay que hacer y me parece que es la forma más estratégica. Si tenés un local que puede atender al 85% de la población, te estás perdiendo un 15% de oportunidad. Es pensar lo mismo desde ángulos distintos, el mundo tiende hacia eso y esta situación agudiza este concepto. 

AF: Hay varias cosas que se están dando desde hace tiempo y la crisis agudizó. Algo que está sucediendo y me parece importante es que cada tipo de organización y de perfil tienen un rol en la sociedad y no podemos carecer de ninguno. Todos tenemos, cada uno desde su rol, que hacer su aporte. Comparto con Emiliano que este es el comienzo de una nueva etapa. Durante mucho tiempo operamos como en islitas, aislados y solos, tratando cada uno de hacer el sálvese quien pueda, y la pandemia nos dejó en claro que nadie estaba preparado para esto. Los emprendedores venimos a mostrar la posibilidad de adaptarse. El fenómeno que me gustaría ver es una mayor colaboración y cocreación entre sectores. En ese sentido, sí hay un entendimiento mayor de un montón de cosas que no están funcionando y es una oportunidad muy grande. 

JC: Algo que pasó es que, en algún punto, se cerró un ciclo de individualismo. Nos dimos cuenta de que para actuar sobre las grandes crisis de la humanidad tenemos que trabajar en equipo, y el ecosistema emprendedor es quizá el claro ejemplo de este modelo más colaborativo. Como dijo Agustina, empezamos a darnos cuenta de que tenemos que colaborar para sobrevivir. Y hay que enfocarse en el entramado social porque la ciencia va a seguir avanzando. Vino la pandemia y logramos sobrevivirla, pero lo que no está resuelto es el entramado social. El aspecto positivo es que profundizó las tendencias de la digitalización y de la adopción tecnológica. El aspecto más negativo es que se profundizó la brecha de la sociedad. Uno de los grandes focos o problemas de nuestra era es la polarización. No hay dos facciones que se pongan de acuerdo.

STARTUPS Y CORPO: LA NUEVA COOPERACIÓN Y REIVINDICACIÓN DEL FRACASO 

EK: Cuando se habla de emprendedurismo y startups, tendemos a hacer mucho foco en la cultura, nuestros valores, empujar los límites, aprender constantemente? Pensamos que lo que diferencia a una startup de una empresa establecida es esa cultura, y hay algo que está un poco errado ahí. Los valores los podemos compartir, pero hay algo que a veces le gana a la cultura: la estructura. Cómo está armada esa estructura y cómo define la posibilidad de que la gente tome o no riesgos o decida hacer cosas que están fuera de lo establecido. Esos problemas estructurales es más fácil que aparezcan en organizaciones más grandes porque es difícil escalar la capacidad de tomar riesgo, la autonomía de la gente para tomar decisiones, el ownership. En ese sentido, las startups tienen una ventaja gigante y es que pueden trabajar con estructuras ad-hoc y moverse más rápido. No tienen la ventaja de disponer de los recursos pero sí la velocidad de adaptarse. Y a algunos de nosotros, cuando estamos tratando de resolver problemas que están al frente de la ola, la velocidad nos resulta más valiosa que la potencia. Hay una idea de que para reaccionar frente a la volatilidad a veces la agilidad termina siendo más importante que el leverage. Me parece que en esa discusión de startups y compañías maduras hay que dar lugar a entender que hay distintos roles para cada uno en la economía y que ese ciclo de destrucción creativa del capitalismo está claramente alimentado por esa tensión entre el leverage y la agilidad. 

AF: Esto que decía de la colaboración entre grandes compañías y emprendimientos es fundamental. Las startups, y más cuando arrancan, no tienen nada que perder, entonces su aversión al riesgo es muy distinta a la de una corporación con miles de empleados o que cotiza en Bolsa. El mercado limita esa capacidad de tomar riesgo. Y después estamos las empresas en el medio, que ya tenemos una trayectoria pero arrancamos como emprendedores, y me pasa que mi aversión al riesgo es distinta a la de hace cinco o seis años porque me pesa más la mochila o conocí más las cosas que me salieron bien o mal. Obvio que el emprendedor de por sí toma más riesgos. Pero es fundamental que logremos esta cooperación, porque, así como necesitamos ese empuje y esa toma de riesgo emprendedora, también necesitamos un montón de las cosas que nos traen las corporaciones, como el alcance para realmente generar impacto. Todavía no estamos ni cerca en la flexibilidad y adaptabilidad que necesitamos para ver frutos de eso. Pero estamos arrancando.

JC: Yo en este momento trabajo en una empresa, pero en los últimos años emprendí y hoy decido invertir en mi propia marca y en otras empresas. Con esta agilidad uno toma diferentes decisiones. Lo que pasa en la Argentina es que es muy caro fracasar. Obviamente, a nivel cultural ?y es una pelea que los cinco tratamos de dar desde hace mucho?, se trata de fomentar la experimentación. Pero en términos comerciales es complicado, por eso es importante el rol de los estados y los marcos normativos. Por supuesto, toda organización debería ser un pequeño laboratorio de experimentación. 

VS: Para bajarlo un poco más a tierra, en mi caso y el de Mateo, a los 20 o 21 años, ¿quién le va a dar ese tipo de responsabilidad a una persona que quizá no tiene la experiencia? Por el hecho de crear algo propio tenemos menos alcance y mucha menos infraestructura, pero podemos administrar los recursos que tenemos de la manera que queremos, con más libertad. Esto nos permite innovar para tener impacto. Es una hoja en blanco, no tenemos a nadie que nos diga que hay cumplir esto o hacerlo de tal forma; somos nosotros con las ganas de emprender y nuestras autoexigencias. El hecho de haber pasado por experiencias en corporaciones donde pudimos vivir otro tipo de culturas nos enseña a decir cómo podemos hacer las cosas distintas y no por capricho. 

MS: Muchas veces parece que es emprendedorismo versus grandes corporaciones, que ser emprendedor es cool y trabajar en una corporación es aburrido y malísimo. Como se dijo, hay roles, y todos son relevantes. Nuestro negocio es B2B. Si yo no cuento con empresas grandes, que son el target de nuestro servicio, no existo. Y muchas startups hacen de satélite alrededor de las corporaciones y crecen sobre ellas. Lo importante es destacar lo que decía Agustina: la colaboración. Agregar valor se puede agregar desde cualquier lado. Coincido con que fracasar es muy caro, y es muy distinto fracasar con la de uno que con la de los demás. Es verdad que emprender, si queremos usar esa palabra, es un poco la prueba y el error. Y es un aprendizaje constante a largo plazo. Pero lo más importante es la colaboración y los roles de cada uno. No todo el mundo tiene que ser emprendedor, no todo el mundo tiene que montar su propia compañía, sino que cada uno puede agregar valor desde su lugar.

¿HAY FUTURO? CRUCE DE GENERACIONES 

EK: Quiero decir que se pasa muy rápido de ser el más joven a ser el más viejo en estas situaciones, me pasó sin darme cuenta. Pero mi reflexión tiene que ver con cierto rol histórico que a veces tienen que jugar ciertas generaciones. Mi primera empresa la empecé en 1990, cuando Mateo y Verónica no habían nacido. Los que vivimos en los 90 en algún sentido tuvimos la suerte de vivir en uno de los momentos más estables de la historia de la humanidad, cuando prácticamente no pasaba nada. Es un privilegio muy inusual vivir un momento de tanta estabilidad. En los 2010, empezó a llegar el coletazo de esta última ola de globalización que generó una gran creación de riqueza y un problema enorme de desigualdad. Y en los últimos 15 o 20 años se rompió algo que en las generaciones anteriores era bastante natural, que era pensar que tus hijos iban a tener una mejor vida que vos. Hoy, por un lado, tenés a quienes piensan en un mundo sin estructura ni centralización, como quienes están en blockchain (una utopía tecno nerd). Por otro lado, tenés a la pandemia, que te obliga a organizar un estado y pensar cómo atacamos el problema de una sociedad donde el 50%, 60% o 70% de la gente no puede agregar valor de manera directa a la economía. Eso te obliga a pensar en estructuras sociales completamente distintas. En ese sentido, me parece que hay un rol generacional en los emprendedores de ahora con esta idea de una visión social, de todos los stakeholders, de la responsabilidad que tenemos para actuar en el mundo. Este es el rol histórico que por suerte le tocó a esta nueva generación de emprendedores, y hay algo que se está gestando que me da mucha ilusión acerca de cómo pensar en los desafíos de los próximos 20 o 30 años.

AF: Es el momento de sentarnos a pensar en los roles, las responsabilidades y la trascendencia de los ideales de lo que venimos a hacer al mundo. Yo construyo y trabajo todos los días para que lo que vine a hacer trascienda y genere un impacto positivo. Si entendemos nuestro rol en la sociedad, también entendemos el rol del otro en la sociedad y vemos el potencial de poder cada uno aportar su valor y coexistir y trabajar en conjunto. Uno solo en un mundo tan incierto, con tantas variables que no están definidas, no va a llegar a ningún lugar. Uno tiene que saber qué tomar y qué dar al mundo. Me pone muy contenta que haya muchos emprendedores argentinos, porque es muy difícil, pero también nos hace resilientes y nos hace distintos.

 VS: Sin dudas estamos atravesando un cambio de paradigma muy grande. El mercado laboral está cambiando muchísimo, y no sabemos a qué se va a dedicar la generación de los jóvenes que están en el colegio cuando sean grandes. Entonces, ¿en qué los estamos capacitando? Tenemos que poner como una de las prioridades a la educación, que se pueda garantizar que todos accedan y que podamos actualizar la currícula, que enseñemos y capacitemos en otros tipos de habilidades que preparen a los futuros profesionales, como el pensamiento computacional, la robótica, la programación, el trabajo en equipo, la inteligencia emocional y las finanzas personales. Son habilidades que tenemos que garantizar que puedan manejar para que se puedan desarrollar de la manera que quieran y que puedan surgir profesionales capacitados para hacer frente a la cuarta revolución industrial y que no nos quedemos atrás como país.

MS: Coincido en que la prioridad debería ser la educación para poder enfrentar los impactos en el mediano plazo de la mejor manera posible y que las generaciones futuras tengan las herramientas. Volviendo al concepto de los roles, hoy se abre una gran ventana para los jóvenes, pero eso no significa que tengamos todas las respuestas; para mí es todo lo contrario. Lo único que tenemos son preguntas; por ahí tenemos las preguntas correctas. Todas las generaciones hicieron lo que pudieron. Por ahí hay una tendencia muy grande a juzgar que se hizo todo mal y nosotros tenemos que venir a hacer las cosas bien y no sé si es por ahí. Lo que hacemos es aprender de lo anterior y hacerlo mejor. La ventana de oportunidad del momento que estamos viviendo es poner muchas fichas en la juventud, que tiene incorporados estos valores intrínsecos de diversidad, inclusión e impacto ambiental y social, pero la construcción es 100% colectiva. Los jóvenes tenemos una responsabilidad grande porque siempre, durante todos los períodos históricos, las generaciones jóvenes son las pioneras o las que van más a la vanguardia, sumado a que en este momento el mundo en sí es un cambio. Pero no es algo que pueda encarar una generación sola. En un mundo donde la polarización es cada vez mayor, el vencedor es el que puede tender puentes, no el que cava más pozos. Estamos viviendo un momento muy complicado, que la pandemia intensificó, y el crecimiento no puede quedar en manos de ningún grupo reducido ni ninguna generación, tiene que ser colectivo; si no, no creo que funcione. Y hay que mostrar que desde la Argentina se hacen cosas para el mundo.

 JC: La pandemia eliminó el futuro. Convirtió todo en presente. Nos empezamos a preocupar por el hoy y las proyecciones se empezaron a destruir. Cuando Mateo comentaba que tenemos las preguntas, me parece que es fundamental despertar más preguntas que respuestas. Esta pandemia nos demostró que lo que no sabemos es más importante que lo que sí sabemos. Y, cuanto más conocemos de una realidad determinada, más preguntas tenemos. Fue un año para el olvido, y coincido en que la volatilidad está aumentando constantemente. Chocamos todos frente a un montón de paradigmas nuevos, pero también hubo preguntas. 2021 es un año central para dedicarse a la calidad de vida, para hacernos preguntas más profundas. Las decisiones que estamos tomando van a marcar el rumbo de lo que vamos a vivir en los próximos años.

Autores; Javier Ledesma Cascio y Florencia Radici

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