La empresa familiar en el siglo XXI: superación o extinción

Las empresas familiares tienen fuerte arraigo en la Argentina. Muchos inmigrantes llegaron a nuestro país durante el siglo XX con un sueño a cuestas: dejar atrás las penurias de una Europa castigada por el hambre y las sucesivas guerras para darles un futuro mejor a sus hijos y nietos. Así, en una sociedad con fuerte movilidad ascendente, lograron prosperar en sus pequeños emprendimientos hasta convertirse en sólidas empresas integradas por familiares. No obstante, muchas otras han quedado en el camino. ¿Qué las distingue?

En un estudio reciente realizado por el Instituto de la Empresa Familiar de la Universidad de Barcelona, sobre 661 miembros de Empresas Familiares (EFA's) de Latinoamérica, surgen respuestas y tendencias contundentes. Según el informe, el 91% del éxito de las EFA´s descansa sobre lo que se reconoce como Sistema Fundacional, conformado por dos claves: la visión del negocio de los fundadores/propietarios (48%) y la dedicación (43%). Este sistema resulta trascendente ya que marca el norte de la organización definido y sostenido por sus pioneros a través de una sólida infraestructura de valores y, en muchas ocasiones, por los liderazgos de sus iniciadores. 

Como contrapartida el estudio destaca las fragmentaciones, en algunos casos, hacia dentro del grupo familiar. Esto sucede cuando se comienzan a mezclar los roles del sistema fundacional con las competencias necesarias para la dirección de la empresa. Entre los errores más comunes en los cuales los mismos familiares propietarios accionistas reconocen haber incurrido, perjudicando la rentabilidad de sus empresas, se destacan en primer lugar los conflictos familiares por fallas en la comunicación, luego, los problemas organizativos no resueltos profesionalmente y, en tercer término, una administración deficiente.

 

Llegados a este punto, ¿quiere decir que todo está perdido? ¿Hay algo por hacer para enderezar el rumbo? Sí. La clave pasa por fortalecer el sistema Social de la organización, es decir, por vigorizar la calidad de las relaciones, el capital social que da vida a esa red de relaciones familiares en función de empresa y, especialmente, el modelo de comunicación en el cual diariamente se conversa, se toman decisiones y se desarrollan las actividades.

En ese sentido, el desafío de una EFA en este tiempo está relacionado con la posibilidad de comprometerse con el desarrollo del capital social de la red de relaciones de las personas que conforman la empresa. Este desarrollo busca armonizar y unificar la concepción, comprensión y práctica tres factores: la comunicación como ambiente donde los mensajes tengan sentido en la búsqueda de resultados; la importancia del trabajo en equipo basado en un claro compromiso relacional dado un proyecto compartido; la confianza como vínculo socializante y productivo. Un conjunto de cualidades denominado las “3C”: comunicación, compromiso y confianza

La empresa tiene entonces la oportunidad -y el desafío- de generar en cada integrante un “despertar” en la toma de conciencia de estas cualidades del ser y hacer humano para impactar en las relaciones internas como con las áreas, organizaciones o personas con las cuales se interactúa. Es hora de un despertar en las Empresas Familiares que, generalmente, son PyMES, y que conforman gran parte del tejido productivo de la sociedad. Una oportunidad de superación para no ser parte de aquellas que se extinguen. La oportunidad de no solo hacer y alcanzar resultados sino hacer con desarrollo y sustentabilidad por contar con personas y relaciones en el sistema social comprometidas y con autogestión responsable para no solo darle continuidad a lo iniciado por sus fundadores sino crecer con valor agregado para empresa y entorno.

En definitiva, empresas que dejan huella; empresas confiables, productivas y sustentables.

 

*La columna fue escrita por Alejandro Marchesán. Ensayista, consultor organizacional y referente del pensamiento complejo.