El desafío de la velocidad

La manera convencional de gestionar inundaciones es construir tuberías o desagües para sacar el agua rápidamente o reforzar las orillas de los ríos con hormigón para que no se desborden. Una ciudad esponja hace lo contrario, busca absorber la lluvia y ralentizar la corriente. “No se puede luchar contra el agua, hay que dejarla ir”, dice Yu Kongjian, decano de la Facultad de Arquitectura y Paisaje de la Universidad de Pekín, mentor de las ciudades esponja que se están desarrollando en ese país y generando un gran debate a nivel global.

Esta nueva manera de abordar las problemáticas que no busca remediar las consecuencias, sino que intenta conciliar y repensar todo un proceso, es el camino indicado para encarar los cambios que genera la postpandemia. A medida que pasan los días, buscamos esa nueva perspectiva que nos ayude a entender y dimensionar el momento histórico que nos toca vivir. No es una tarea fácil; la sensación es que todo se mueve, y que se mueve muy rápido. Poner hormigón en las orillas puede contener el cauce, pero, como dice el profesor Yu, hay que dejarlo ir. 

Lo inédito de la velocidad 360° que deben enfrentar las diferentes empresas probablemente sea la dimensión de la realidad que mejor representa el tamaño de los desafíos. Desde los nuevos hábitos de las personas y las familias hasta el incesante proceso de innovación y digitalización de los negocios, son todas caras de una moneda que viaja libremente a la velocidad de la luz.

“Qué le hace una mancha más al tigre” pensamos los argentinos, habituados a niveles de incertidumbre e inestabilidad extraordinarios. Sin embargo, las transformaciones que están ocurriendo en cómo vivimos, nos organizamos, producimos, vendemos y cómo nos comunicamos sin dudas nos identifican con el resto del planeta. La Argentina fragmentada y dividida, con una macro que posterga indefinidamente las señales de normalidad, parece ser el escenario menos propicio para enfrentar los cambios. Sin embargo, lo disruptivo es tan trascendente que hay muchas “Argentinas” predispuestas a darle un sentido de oportunidad.

Lamentablemente, muchas otras “Argentinas” llegan rezagadas y asistidas, sin las herramientas necesarias para afrontar el futuro que se viene. El vocabulario está en construcción, pero nos permite empezar a alinear la visión y el propósito, y validar los liderazgos. En el ámbito corporativo, mindset digital, colaboración, horizontalidad, cocreación, talento, experiencia, centralidad del cliente son los conceptos que dan cuenta de lo imperioso que es revisar cómo organizamos nuestros negocios y cómo logramos un nuevo entendimiento entre los actores.

Sectores ganadores y perdedores ya no son categorías que aplican. Hablamos de otra cosa, los sectores ya no se reconocen por su actividad, forman parte de un ecosistema dinámico que se retroalimenta, es colaborativo y se ensambla con otros. Las pymes son esenciales para las líderes y, en esa sinergia, el aprendizaje es solidario y multiplicador. Esta mutación productiva está pasando en este preciso instante.

El resultado, un ecosistema dinámico y heterogéneo, donde conviven grandes empresas incumbentes, las Bigtechs ingresando con nuevas soluciones y productos, y un gran grupo de startups que traen innovación y modelos de negocios ágiles, que interpretan casi en tiempo real dónde están los nichos del día siguiente. Empresas que gestionan 5.000 créditos diarios no bancarios con el WhatsApp cómo principal canal y el scoring propio como activo, plataformas para gestionar la factura de crédito electrónica, medios de pago digitales que apalancan un marketplace para sus clientes, solo por mencionar algunos de los nuevos mercados y productos que emergen.

Podríamos pensar que el ADN Fintech nos aleja de lo que realmente pasa en otros ecosistemas, pero en todo caso nos habla de lo inminente. Con solo ver lo que ocurre en la industria de confección textil, donde la omnicanalidad en las ventas, las soluciones para ofrecer experiencia digital en la compra o el 100% customizado sin perder escala dan cuenta de la transformación que estamos experimentando.

¿Cuál es el faro que asoma para contener esta multiplicidad de transformaciones? Sin dudas, es la sustentabilidad que actúa como un paraguas virtuoso que nos ayuda a dirimir las tensiones y las contradicciones propias de un sistema con muchos actores e intereses. No es un concepto cerrado, tiene la plasticidad y la universalidad necesaria, pero también los principios fundacionales de un nuevo paradigma. Ya nadie puede hacerse el distraído, debemos tener una mirada intertemporal, donde el planeta y el prójimo están contenidos.

Y no es una abstracción o un debate que pueda postergarse. La sustentabilidad ambiental y la trazabilidad ya integran los programas de compras inteligentes en los mercados más importantes (UE) y eso interpela a nuestras compañías exportadoras a comprometerse rápidamente para consolidarse en el mapa del comercio global. No podría ser de otra manera, la velocidad del cambio es la clave de este presente