Operamos, muchas veces, bajo una “cultura del riesgo” donde el foco está puesto en resolver la contingencia, no en diseñar estructuras que la minimicen.
El problema es que el entorno actual ya no perdona la improvisación.
En un contexto económico inestable, una transformación tecnológica acelerada y una exposición reputacional permanente, la gestión del riesgo dejó de ser un área aislada para convertirse en inteligencia competitiva.
Prevenir implica anticiparse: identificar vulnerabilidades antes de que escalen, mapear riesgos operativos, legales y reputacionales, diseñar protocolos claros, capacitar equipos e integrar la gestión del riesgo en la toma de decisiones.
La diferencia entre una organización resiliente y una organización frágil no está en su capacidad de apagar incendios, sino en la cantidad de incendios que logra evitar.
Cuando la prevención se vuelve sistema
En 2017, en el Hospital Universitario Fundación Favaloro, creamos el Departamento de Calidad y Seguridad del Paciente basándonos en el modelo de Lean Healthcare, inspirado en el sistema de producción de Toyota.
El principio es eliminar todo lo que no agrega valor al paciente. Reducir esperas, movimientos innecesarios, sobreproducción de estudios y, sobre todo, errores evitables.
En una institución de alta complejidad —con más de 5.300 trasplantes, 61.000 cirugías cardiovasculares, millones de consultas y cientos de miles de internaciones— cada instancia del proceso asistencial implica un riesgo que debe ser gestionado.
Según la Organización Mundial de la Salud, 1 de cada 10 pacientes hospitalizados sufre un evento adverso, y al menos la mitad son prevenibles.
Con este dato en mente, estructuramos nuestro modelo sobre los seis objetivos internacionales de seguridad del paciente: correcta identificación, procedimientos seguros, reducción de infecciones intrahospitalarias, mejora en la comunicación efectiva, reducción de caídas y uso seguro de medicamentos.
Anticiparse es una decisión cultural
La cultura de la prevención no se implementa: se lidera. Requiere decisión, coherencia y transversalidad. Cuando la seguridad se convierte en un valor compartido y no en una imposición, el error deja de ocultarse para convertirse en una oportunidad de aprendizaje.
Las organizaciones que entienden esto no solo reducen riesgos, construyen confianza. Y la confianza es el activo más difícil de construir y el más costoso de recuperar.
Prevenir es una decisión estratégica: es diseñar cultura en lugar de administrar emergencias.