Mientras las proyecciones globales advierten que el consumo de agua asociado a la inteligencia artificial alcanzará miles de millones de metros cúbicos anuales en los próximos años, Chile enfrenta una paradoja crítica en la gestión de su infraestructura tecnológica. La comuna de Quilicura, ubicada en una de las regiones con mayor estrés hídrico del país y con pronósticos de sequía que se extienden hasta el año 2040, alberga desde principios de la década de 2010 una de las mayores concentraciones de centros de datos.
En este contexto de riesgo operativo y ambiental, la Corporación NGEN, una organización dedicada a la restauración, promoción y educación sobre el patrimonio natural de su comunidad, está impulsando una iniciativa inédita que tendrá lugar el próximo 31 de enero: el lanzamiento de Quili.AI. @@FIGURE@@
Se trata de un proyecto que busca reemplazar temporalmente los algoritmos por inteligencia humana para visibilizar la huella hídrica oculta de la tecnología, transformando una infraestructura abstracta en una realidad tangible y abriendo un diálogo urgente sobre los estándares regulatorios para los centros de datos que operan, en este caso, en la cuenca del río Maipo.
El experimento pone de manifiesto una tensión creciente en los balances de sostenibilidad de las grandes tecnológicas: cada interacción digital conlleva un consumo de recursos físicos. Aunque invisible para el usuario final, el impacto es medible a través de los sistemas de refrigeración de los servidores. En Chile, se estima que un solo centro de datos de gran escala puede requerir entre 1 y 3 millones de litros de agua diarios bajo sistemas tradicionales. @@FIGURE@@
Para ilustrar la magnitud de esta ineficiencia en la asignación de recursos, se ha calculado que tendencias virales recientes - el más conocido fue “ghibli”- consumieron más de 200 millones de litros de agua en menos de una semana, lo que equivale al consumo mensual de una ciudad pequeña.
La plataforma Quili.AI propone una alternativa operativa radical: disminuir el uso de servidores, computación en la nube y sistemas de refrigeración durante 24 horas. En su lugar, las consultas enviadas globalmente serán procesadas por habitantes de Quilicura, quienes utilizarán su experiencia vivida y criterio humano para responder. El sistema no solo garantiza un consumo radicalmente menor de agua en el procesamiento de respuestas, sino que también ofrece métricas en tiempo real al usuario, estimando cuánta agua se ahorró al optar por una interacción humana en lugar de un modelo de IA convencional.
Hacia nuevos estándares de sostenibilidad
Los organizadores enfatizan que la iniciativa no es una postura "anti-tecnología", sino un llamado estratégico a la reflexión sobre cómo deben escalar estos sistemas en zonas vulnerables. El objetivo final es abrir el diálogo sobre políticas públicas que establezcan exigencias ambientales claras y responsables con las comunidades locales.
La participación global estará abierta el 31 de enero, invitando a usuarios y empresas a cuestionar la sostenibilidad a largo plazo de la infraestructura digital actual.
Más info en https://www.quili.ai/