La arquitectura del talento: el método Corven para hacer de la cultura una ventaja competitiva
Sandro Cosentino, director de Talento Humano de Grupo Corven, detalla cómo la cultura se refleja en la infraestructura de gestión, de qué manera construir ese andamiaje y por qué la reciente certificación de Great Place to Work funciona como una lectura precisa del estado de esa arquitectura.

Lucila Lopardo Forbes Staff

En un contexto donde la tecnología se democratiza cada vez más rápido y las ventajas competitivas tradicionales pierden vigencia, las empresas enfrentan un desafío diferente: construir organizaciones capaces de adaptarse, aprender y sostener el crecimiento en el tiempo. 

 Esa visión es impulsada por Sandro Cosentino, director de Talento Humano del Grupo,  quien sostiene que el diferencial de una organización ya no está únicamente en los recursos que posee, sino en la capacidad de sus equipos para ejecutar, innovar y evolucionar frente a escenarios cada vez más complejos.

"La tecnología es indispensable, pero cada vez es menos diferencial por sí sola. Loverdaderamente difícil de replicar es una organización capaz de incorporar esa tecnología,aprovecharla y transformarla en resultados. Ahí aparece el factor humano. Dos compañías pueden tener acceso a las mismas herramientas; lo que marca la diferencia es cómo trabajan sus equipos, cómo aprenden y cómo responden frente al cambio, expresó Cosentino. 

Convertir a la cultura en estrategia

Para Cosentino, uno de los principales riesgos es que la estructura termine volviéndose más lenta que el propio crecimiento del negocio. Mantener la capacidad de decisión, la innovación y la agilidad operativa pasa a ser  una prioridad estratégica.

Para lograrlo, la cultura cumple un rol fundamental. “Cuando existe claridad sobre el rumbo, confianza en los equipos y liderazgos consistentes, las organizaciones pueden crecer sin perder capacidad de ejecución”, señala.

Este desafío adquiere una dimensión particular en una compañía como Grupo Corven, que opera en múltiples industrias y regiones. En este caso, construir una cultura común no implica uniformidad, sino la existencia de principios compartidos capaces de atravesar todas las operaciones.

“La confianza, la transparencia, el respeto y el desarrollo son valores que tienen que estar presentes en cualquier negocio”, afirma Cosentino. La clave, explica, no está en que todos trabajen de la misma manera, sino en que compartan una misma visión sobre cómo construir relaciones, tomar decisiones y generar resultados.

El factor humano

La importancia del factor humano también aparece cuando se analiza el impacto de la tecnología. Aunque la transformación digital sigue siendo una prioridad para las empresas, Cosentino considera que las herramientas, por sí solas, ya no alcanzan para construir una ventaja competitiva sostenible. La verdadera ventaja, agrega, reside en la capacidad de una organización para incorporar esas herramientas y convertirlas en resultados concretos.

Quienes ingresan hoy al mercado laboral buscan algo más que estabilidad: esperan oportunidades de aprendizaje, participación y desarrollo profesional. Para las compañías, esto implica diseñar entornos de trabajo más dinámicos y ofrecer trayectorias que permitan crecer y adquirir nuevas capacidades.

En ese escenario, la formación continua deja de ser un beneficio para convertirse en una necesidad estratégica. “Los conocimientos tienen ciclos de vida cada vez más cortos. La capacidad de aprendizaje pasó a ser una de las competencias más importantes para cualquier profesional y también para las organizaciones. Hoy la ventaja no está en lo que sabemos, sino en la velocidad con la que somos capaces de seguir aprendiendo”, afirma Cosentino.

Great Place to Work: validación de cara al futuro

La reciente certificación de Great Place to Work representa, según el ejecutivo, una validación de ese camino. Más que un reconocimiento externo, destaca el valor de que la evaluación surja directamente de la opinión de los colaboradores.

“Lo entendemos como una validación del trabajo realizado, pero también como una herramienta para seguir mejorando. Las organizaciones que dejan de escuchar suelen perder capacidad de adaptación”, explica.

De cara a los próximos años, el desafío para las compañías será encontrar un equilibrio entre crecimiento, eficiencia e innovación sin perder de vista el componente humano que sostiene cada una de esas variables. Para Cosentino, allí se juega gran parte de la competitividad futura, y agrega una idea que resume la filosofía de gestión de Grupo Corven: la calidad de los resultados que obtiene una organización está profundamente vinculada con la calidad de la cultura que es capaz de construir. 

“La eficiencia seguirá siendo importante, la innovación seguirá siendo importante y la competitividad seguirá siendo importante. Pero detrás de todo eso siempre habrá personas”, concluye.