La confianza desmedida puede impulsar decisiones audaces, pero cuando cruza la frontera entre el optimismo y el engaño, abre la puerta a fraudes capaces de derrumbar empresas y reputaciones.
Décadas de investigaciones muestran que el talento intelectual, por sí solo, está lejos de garantizar un buen desempeño al frente de un equipo. La percepción, ciertos rasgos de personalidad y la capacidad de conectar con los demás pueden pesar tanto o incluso más.