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Un capitalismo mejor: cómo la pandemia mejorará nuestro sistema económico

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26 Mayo de 2020 18.00

A fines de febrero, en la última semana antes de que llegara la COVID-19 a EE.UU., Forbes encuestó a 1.000 adultos estadounidenses menores de 30 años sobre el capitalismo y el socialismo. La mitad aprobaba el primero; el 43% tenía una buena opinión del segundo. Diez semanas, 80.000 muertos y 20 millones de pedidos de prestaciones por desempleo más tarde, repetimos el ejercicio, y esos resultados (que ya eran pésimos) se habían dado vuelta: el 47% aprueba el socialismo y el 46%, el capitalismo.

Ese cambio de opinión se puede observar a simple vista: ideas como el ingreso básico universal, la condonación de alquileres y las garantías de empleo pasan rápidamente de ser ideas extremistas a gozar de aceptación general.

Sin embargo, en pleno caos y cambios desorientadores de paradigma, está ocurriendo algo más profundo: la mano invisible está operando sobre sí misma a toda velocidad.

Como diría uno de los santos patronos del capitalismo, Joseph Schumpeter, para crear un nuevo sistema hay que destruir el antiguo. Por eso, podemos contar como una víctima más del coronavirus al legado de Milton Friedman. Se terminó la época de las mejoras económicas pequeñas y graduales. Eso ya no alcanza, como tampoco igualar tiempos pasados. Esta época exige soluciones sistémicas y mejores. Un capitalismo mejor.

La escuela de Friedman rendía culto a las ganancias ante todo, mientras que este capitalismo mejor mide el retorno sobre la inversión en todos sus aspectos. Sí, incorpora una gran dosis de la “economía de las partes interesadas” que lentamente se fue imponiendo en los últimos años. Pero sus raíces no son las grandes empresas, sino las pymes y los emprendedores que solo piden una buena oportunidad y reglas iguales para todos. Si se lo practica correctamente, el capitalismo mejor fomentará iniciativas inteligentes que crecen gradualmente en el largo plazo y crean soluciones permanentes.

Tres binomios, todos sobre prioridades, resumen lo que anduvo surgiendo estas últimas semanas. Es la historia desplegándose en tiempo real.

Igualdad de oportunidades > Igualdad de ingresos

Por primera vez en más de una generación, la educación superior quedará sujeta a las necesidades del mercado: la necesidad de brindar un producto a un precio más bajo. “El modelo económico de la educación estaba roto”, afirma Kerry Healey, expresidenta de la Babson College y actual supervisora del Milken Institutés Center for Advancing the American Dream, que proyecta que un cuarto de las universidades más pequeñas se fusione o desaparezca. Es algo perfectamente sano que debió haber ocurrido hace mucho tiempo. Las que sobrevivan tendrán aportar el primer escalón del sueño americano: un título universitario con menos deuda, un camino más claro a los empleos del futuro y oportunidades de capacitarse para todos, no solo los de 18 años.

La misma dinámica se está imponiendo en el otro coloso anquilosado de EE.UU.: la salud. Como la educación online, la atención médica a distancia pasó de ser una teoría para el futuro a convertirse en una realidad omnipresente en cuestión de semanas. Las buenas experiencias se adoptarán rápidamente y los resultados ya están casi predestinados: más alcance, costos más bajos. Si el paradigma no solo cambia, sino que se metamorfosea, aflojará otra causa de estrés para la clase media estadounidense.

La clave mientras salimos del punto álgido del coronavirus es integrar cada vez más al sistema a estos promotores de la igualdad de oportunidades.

Grupos de interés > Accionistas

En este nuevo capitalismo mejor, tratar bien a los empleados no implica un conflicto con las necesidades de la empresa, sino tratarlos con respeto, como corresponde. Hace unas semanas, el fundador de Airbnb, Brian Chesky, hizo algo histórico: echó a casi 1.900 empleados, un 25% de su plantillá y lo elogiaron. Sí, fue generoso: 14 semanas de indemnización como mínimo, se aceleró el otorgamiento de acciones, les dio una laptop marca Apple y 12 meses de cobertura del plan de salud. Pero la clave de Chesky fue la compasión. El empresario explicó por qué se vio obligado a hacer los recortes y trató a sus excolegas como amigos en vez de desechos corporativos. En vez de ponerlo a reclutar, Chesky reorganizó su departamento de RR.HH. para que ayude a algunos de los despedidos a buscar trabajo y creó un directorio público de exempleados para promocionarlos. “Me empeño en tomar decisiones por principios en vez de seguir mandatos comerciales”, declaró Chesky a Forbes. “Las decisiones comerciales maximizan los resultados, mientras que aquellas tomadas según principios se toman sin importar el resultado”.

Soluciones hoy > Soluciones mañana

Cuando llegó la pandemia a su estado natal, Connecticut, Ray Dalio, cuyo fondo de cobertura (hedge fund) es el más grande y el más racional de EE.UU., notó que al pasar de la escuela a las clases virtuales, los chicos que tenían desventajas económicas quedaban condenados a rezagarse más. Muchos no tenían suficiente comida y vivían en lugares tan densamente habitados que no contaban con espacio privado y eran más propensos a enfermarse. Además, el 22% no tenía computadora ni conexiones confiables en la casa. “Vi una auténtica tragedia”, afirma Dalio. “Y vi a un grupo de gente unir fuerzas y decir: ?Esto no puede pasar?”.

Con US$ 100 millones que había donado Dalio y US$ 100 millones más que puso el estado de Connecticut, ese “grupo de gente” ?entre ellos Bill Gates y Microsoft, Michael Dell y Dell Computer, y los líderes legislativos y educativos de Connecticut? entregaron 60.000 computadoras con todo lo necesario a estudiantes de bajos ingresos.

La filantropía puede servir como capital de riesgo para solucionar problemas, probar conceptos y cometer los errores que no se atreven a cometer los Gobiernos. Pero por cómo se la practica actualmente, quedó bajo la lupa. Pese a los grandes subsidios en forma de exenciones impositivas anticipadas, unos US$ 4 billones están parados esperando a que aparezcan los problemas de mañana en vez de enfrentar los de hoy. La ley de EE.UU. estipula que las fundaciones benéficas deben utilizar por lo menos el 5% de sus activos por año; para la mayoría, ese piso es también un techo. Por su parte, las 730.000 cuentas de fondos asesorados por donantes obtienen las mismas exenciones sin tener que poner un mínimo anual.

Nos jugamos todo

La situación actual no podría ser más urgente. La turbulencia económica envalentona a los extremistas. Durante la Gran Depresión, surgieron el comunismo, el aislacionismo y el nativismó y eso que no había redes sociales. Sin embargo, poco más de una década después, las empresas estadounidenses eran la envidia del mundo y los trabajadores de EE.UU. alcanzaron una calidad de vida inimaginable para sus padres y abuelos.

Ahora estamos en la misma encrucijada entre un capitalismo mejor o que se siga deshilachando la sociedad, y lo que nos llama a reflexionar es la idea de que todo puede ser en vano. “Habrá una revolución, sea como sea”, afirma Dalio. “Será buena o será mala. O podemos llevarla a cabo reflexivamente, juntos”.

Leé la nota completa (en inglés) en este link.

Autor: Randall Lane

Traducción: Santiago Farrell