Hay despedidas que no entran en noventa minutos. Tampoco alcanzan un estadio repleto, una canción, una vuelta olímpica improvisada ni un discurso frente a más de 85.000 personas para poner en palabras todo lo que significan. Lionel Messi lo comprobó apenas unas horas después de haberle dicho adiós para siempre a la Selección Argentina.
El martes por la noche había llorado durante el Himno, disputado su último partido con la camiseta que vistió durante más de dos décadas y cerrado su historia dentro de la cancha con un gol y dos asistencias en el triunfo 3-0 ante Benín. Después llegaron los abrazos con sus hijos, Antonela Roccuzzo, sus compañeros y Lionel Scaloni. Y cuando ya no quedaba fútbol por jugar, tomó el micrófono e intentó explicar, frente a un Monumental rendido a sus pies, todo lo que estaba sintiendo. Pero no alcanzó.
Este miércoles, todavía atravesado por las emociones de aquella noche, Messi volvió a su cuenta de Instagram para poner por escrito aquello que no había logrado decir frente al estadio.

"Ayer fue mi último partido y ya extraño vestir la celeste y blanca", escribió al comenzar el mensaje. Unas líneas más adelante explicó por qué había sentido la necesidad de volver a hablar: "Me quedaron muchas cosas por decir".
No había arrepentimiento detrás de esas palabras. Messi volvió a dejar en claro que siente que tomó la decisión correcta al ponerle punto final a su etapa en la Selección. Lo que todavía le faltaba era otra cosa: agradecer, recordar y terminar de despedirse de todas las personas que formaron parte de un recorrido de más de dos décadas.
Esa dificultad para condensar tantos años en unas pocas frases ya había quedado expuesta anoche. "Es muy difícil decir algo hoy, son muchas emociones. Lo primero que pienso es en mi viejo", había reconocido apenas comenzó su discurso.
Por eso, horas después, lejos del ruido del Monumental, sin una multitud delante y con tiempo para ordenar todo aquello que todavía llevaba adentro, Messi sintió que su despedida necesitaba un capítulo más. Y decidió escribirlo.
Los que estuvieron cuando más los necesitó
En su publicación, el rosarino eligió correrse por un momento de los goles, los títulos y los récords para detenerse en algo mucho más íntimo: las personas que lo sostuvieron a lo largo del camino. Y el primer lugar fue para su familia, a la que señaló como el respaldo fundamental tanto en las noches de gloria como en aquellas atravesadas por derrotas, críticas y momentos en los que necesitó sentirse acompañado.
A partir de allí, el agradecimiento se fue ampliando. Aparecieron sus amigos, los compañeros con los que compartió distintas generaciones de la Selección, los entrenadores y cada uno de los cuerpos técnicos que estuvieron a su lado. Nombres y rostros que fueron cambiando desde aquel debut con la Mayor en 2005, pero que terminaron formando parte de una misma historia que se extendió durante 21 años.
Y entre todos esos recuerdos apareció también un nombre cargado de un significado especial, uno que había quedado en un segundo plano durante el discurso del Monumental: Diego Armando Maradona.

Messi recordó a quien durante buena parte de su carrera fue inevitablemente utilizado como punto de comparación y destacó el lugar que Diego había logrado devolverle a la Argentina en el fútbol mundial. También retomó una idea que expresó en otras oportunidades: la sensación de que Maradona siguió acompañando al equipo desde el cielo durante el ciclo de conquistas que transformó para siempre a esta generación. "Sé que nos ayudó estando acá con nosotros y también desde el cielo, en cada paso que dimos", dijo.
Durante años, la relación de Messi con la Selección estuvo atravesada por una comparación que parecía imposible de esquivar. Se le pidió que fuera Maradona, que ganara como Maradona, que sintiera como Maradona y que liderara como Maradona. Cada derrota reavivaba aquella exigencia y cada actuación volvía a colocarlo frente a una vara construida sobre otra época y otra historia.
Con el tiempo, Messi dejó de perseguir esa comparación y terminó escribiendo la suya. Ganó con Argentina, levantó la Copa América, conquistó el Mundial y construyó un vínculo con la camiseta celeste y blanca que ya no necesitaba medirse con ningún otro.
Y quizá por eso pudo despedirse de esta manera: sin competir con Diego, sino recordándolo y agradeciéndole como una de las figuras que también acompañaron su camino.

Qué dijo Messi en su último posteo: el mensaje completo
"Ayer fue mi último partido y ya extraño vestir la celeste y blanca. Sé que estoy tomando la decisión correcta. Fue un camino increíble, lleno de alegrías y también de algunas tristezas, pero tengo claro que valió la pena cada paso que di.
Y me quedaron muchas cosas por decir. Me es imposible expresar todo lo que siento en unas palabras o en un posteo. Este viaje habría sido imposible sin mi familia, que siempre estuvo a mi lado y me bancó, sobre todo en los momentos difíciles, cuando más lo necesitaba.
También fueron imprescindibles mis amigos, todos los compañeros y técnicos que tuve, junto con sus cuerpos técnicos. No quiero olvidarme del Diego, que puso a nuestro país donde se merecía estar y que, como siempre digo, sé que nos ayudó estando acá con nosotros y también desde el cielo, en cada paso que dimos.
Gracias a los clubes en los que jugué, por respetar siempre mis sentimientos y permitirme dedicarme a mi país cuando tocaba ponernos la camiseta de la Selección. Y, por supuesto, gracias a Dios: sin su guía y su voluntad, ni siquiera estaríamos soñando con haber llegado hasta acá.
Soy un agradecido. Los quiero mucho, los voy a extrañar y siempre voy a darles las gracias por haber estado a nuestro lado, a mi lado".

El cierre de una historia de 21 años
Messi cerró su recorrido con la Selección como el futbolista con más presencias en la historia de Argentina, con 208 partidos, y también como su máximo goleador, con 126 tantos. Incluso en la noche de su despedida dejó una última huella dentro de la cancha: convirtió de penal y dio las dos asistencias del triunfo 3-0 ante Benín.
Pero reducir su historia a esos números sería contar apenas una parte. Messi se va después de haber alcanzado todo aquello que durante años pareció negársele con la camiseta argentina. Fue campeón del mundo en Qatar 2022, conquistó las Copas América de 2021 y 2024 y levantó la Finalissima. Mucho antes habían llegado el Mundial Sub-20 de 2005 y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
Sin embargo, quizá su mayor transformación no pueda encontrarse en una vitrina: consiguió convertir una relación atravesada durante años por la frustración, las críticas y las finales perdidas en una de las historias de amor más profundas del deporte argentino.

La dimensión de ese cambio puede resumirse en una escena ocurrida diez años atrás.
En 2016, después de perder una nueva final de Copa América, Messi anunció que dejaba la Selección. Lo hizo quebrado por otra derrota, agotado por las frustraciones acumuladas y con la sensación de que, por más que lo intentara, quizá nunca conseguiría darle a la Argentina aquello que llevaba años persiguiendo.
Una década más tarde, la historia se había dado vuelta por completo: esta vez era Argentina la que no quería dejarlo ir.
Más de 85.000 personas llenaron el Monumental para agradecerle. Sus compañeros lloraron mientras pronunciaba sus últimas palabras como futbolista de la Selección, Thiago se quebró entre sus brazos y Soledad Pastorutti le cantó Brindis en medio de una ceremonia que por momentos tuvo más de homenaje familiar que de partido de fútbol. Y Messi, el mismo que alguna vez se había marchado convencido de que su historia con Argentina podía terminar marcada por las derrotas, pudo irse habiendo conseguido aquello que persiguió durante buena parte de su vida.
El martes, frente a un Monumental que se resistía a despedirlo, había dicho que comenzaba otra etapa: ahora le tocaría estar "del otro lado", acompañando a la Selección como un hincha más. Apenas unas horas después apareció la primera señal de lo difícil que será acostumbrarse a ese nuevo lugar: Messi confesó que ya extraña vestir la celeste y blanca.
Quizá por eso sintió la necesidad de volver a escribir.
Porque después de 21 años, 208 partidos, títulos, derrotas, lágrimas, cuestionamientos, consagraciones y una Copa del Mundo, ni siquiera una noche entera alcanzaba para decir adiós.