La categoría volvió a la capital española después de más de cuatro décadas con un circuito nuevo y una fuerte inversión. El evento dejó un impacto económico que superó las expectativas de los organizadores.
Después de un Gran Premio de Mónaco con una regla que no cumplió con su objetivo, la Fórmula 1 llega a Barcelona con una agenda cargada: nuevas medidas técnicas que apuntan a limitar la flexibilidad de los alerones, la interna cada vez más tensa entre los pilotos de McLaren, y la incertidumbre sobre el futuro del GP de España, amenazado por una posible mudanza a Madrid.