Startups en la era de la inteligencia artificial: velocidad extrema, talento distribuido y el nacimiento del emprendedor “AI first”
En el Forbes IA Summit, fundadores, inversores y expertos coincidieron en que la inteligencia artificial está redefiniendo el mapa emprendedor. Con ciclos de innovación cada vez más cortos, menos barreras de entrada y nuevas formas de construir empresas, el desafío hoy es adaptarse a una velocidad sin precedentes.

El ecosistema emprendedor atraviesa una transformación silenciosa pero radical. La inteligencia artificial está cambiando qué productos se construyen y cómo se crean, quiénes pueden hacerlo y a qué velocidad. 

En el panel sobre startups del Forbes IA Summit, la conversación giró en torno a una idea que atravesó todas las intervenciones: el juego cambió, y lo hizo más rápido de lo que la mayoría de las organizaciones puede procesar.

Carlos Diehl, Co-Founder y CEO de Paydece, lo resumió en una frase que condensa el momento actual. “El bombardeo constante de innovaciones acelera todo: nuevas tecnologías pueden dejar obsoletos productos en meses. La base sigue siendo resolver un problema real; lo que cambia es la velocidad”.

La afirmación marca un punto de quiebre. Durante años, el diferencial de una startup podía sostenerse en una ventaja tecnológica relativamente estable. Hoy, esa ventaja es efímera. Lo que ayer era innovador, hoy puede quedar desactualizado en cuestión de semanas.

Ese nuevo ritmo obliga a repensar la forma en que se construyen empresas. Ya no alcanza con tener una buena idea o un producto sólido. La clave pasa por la capacidad de iterar, prototipar y adaptarse de manera constante.

En ese contexto, la inteligencia artificial se convierte en una herramienta estructural. No es un complemento, sino un punto de partida. @@FIGURE@@

Diego Fernández Slezak, Co-founder y CTO de Entelai, introdujo el concepto que sintetiza esta nueva lógica: “AI first”. Es decir, pensar cualquier proceso desde la inteligencia artificial antes de ejecutarlo. “Hoy en día la inteligencia artificial es una herramienta inevitable”, afirmó, destacando que ya no existe una brecha real entre quienes la usan y quienes no, sino entre quienes la integran estratégicamente y quienes quedan rezagados.

Pero su mirada va más allá de lo operativo. Para Slezak, el fenómeno también abre una oportunidad concreta para economías como la argentina. “La IA abre una gran oportunidad para Argentina: con poco recurso físico y mucho talento, podemos exportar conocimiento y servicios si logramos capitalizar ese diferencial”. @@FIGURE@@

La ecuación es clara: menos dependencia de infraestructura, más valor en el capital humano. En un mundo donde la inteligencia artificial amplifica capacidades, países con talento técnico pueden competir en igualdad de condiciones con mercados más desarrollados.

Esa democratización tecnológica también redefine quién puede emprender. La barrera de entrada baja, pero la exigencia sube.

En palabras de Diehl, la clave es construir rápido y con criterio. El excedente de productividad que genera la IA no necesariamente se traduce en menos trabajo, sino en más posibilidades. Más productos, más iteraciones, más competencia.

Ese escenario genera una presión inédita sobre las startups, pero también sobre las grandes empresas. Porque, como se planteó durante el panel, hoy equipos extremadamente pequeños pueden construir soluciones que antes requerían estructuras completas.

La idea de que “tres personas pueden crear un Mercado Libre” dejó de ser una exageración para convertirse en una posibilidad concreta en ciertos contextos. @@FIGURE@@

Esa transformación impacta directamente en la forma en que los equipos trabajan. Mariano Wechsler, CEO de Teamcubation, planteó que el cambio no pasa solo por aprender nuevas herramientas, sino por adoptar una nueva forma de pensar. “Aprender a programar desarrolla habilidades clave. Hoy, más que código, necesitamos que todos piensen como programadores”, sostuvo.

La idea no implica que todos deban escribir código, sino que incorporen una lógica estructurada para resolver problemas. En un entorno donde la inteligencia artificial automatiza tareas, el valor está en cómo se define el problema y cómo se diseñan las soluciones.

“La IA aumenta la productividad y abre nuevas oportunidades: se van a necesitar siempre”, agregó Wechsler, desafiando la idea de que la automatización reducirá la demanda de talento.

Por el contrario, lo que cambia es el tipo de perfil requerido. Menos ejecución repetitiva, más capacidad de abstracción, diseño y supervisión.

Sin embargo, hay un obstáculo que atraviesa a todo el ecosistema: la falta de adopción real.

“El problema es que no hay adopción”, advirtió Wechsler durante el panel, señalando que muchas organizaciones todavía están lejos de integrar la inteligencia artificial en procesos que generen valor tangible.

La paradoja es evidente. Mientras la tecnología avanza a un ritmo acelerado, gran parte de las empresas sigue operando con lógicas tradicionales. @@FIGURE@@

“Todas las semanas hay una novedad”, señaló, marcando que el flujo constante de innovaciones genera una sensación de saturación que dificulta la adopción.

El desafío, entonces, no es solo tecnológico, sino cultural. Acercar la inteligencia artificial a las personas, hacerla parte del trabajo cotidiano y demostrar su valor en tareas concretas.

En ese sentido, durante el panel se destacó la importancia de “hacer” antes que “explicar”. Prototipar, experimentar, equivocarse. Solo así se puede dimensionar el verdadero potencial de estas herramientas.

Ignacio Plaza, Co-founder y Managing Partner de Draper Cygnus, aportó una mirada desde el capital de riesgo que ayuda a entender hacia dónde se dirige el ecosistema. “Como toda ola tecnológica, la IA se volverá imperceptible. Cuanta más abundancia, más oportunidades. Las personas no desaparecen: se reinventan. Es una palanca extraordinaria para la humanidad”, afirmó.

La idea de “imperceptibilidad” es clave. Cuando una tecnología madura, deja de ser visible y pasa a integrarse en todos los procesos. Lo mismo ocurrió con internet, el móvil o la nube. La inteligencia artificial sigue ese camino.

Pero en esa transición, aparecen nuevas dinámicas de mercado.

Plaza mencionó señales concretas de hacia dónde se dirige la inversión. Hackathons impulsados por grandes fondos, apuestas por equipos extremadamente pequeños y la búsqueda de startups capaces de escalar con estructuras mínimas.

Ese fenómeno alimenta una hipótesis que empieza a ganar fuerza: la del “unicornio de una sola persona”. Empresas valuadas en miles de millones con equipos mínimos, potenciadas por inteligencia artificial. @@FIGURE@@

Aunque todavía no es la norma, las condiciones para que eso ocurra ya están dadas. Menos necesidad de capital inicial, más capacidad de ejecución y herramientas que amplifican la productividad individual.

En ese contexto, el mapa emprendedor se vuelve más dinámico y, al mismo tiempo, más competitivo.

Las oportunidades crecen, pero también lo hace la velocidad de reemplazo.

Sectores como fintech, agtech, healthtech y deeptech aparecen como terrenos fértiles para esta nueva ola, donde la inteligencia artificial no es un diferencial, sino una condición de entrada.

Como resume Plaza: “Estamos frente a una tecnología que multiplica las posibilidades. La diferencia no la va a marcar la IA, sino qué hacemos las personas con ella".