“La IA ya se está usando para mejorar el desarrollo de computadoras cuánticas. Pero cómo la computación cuántica va a transformar la IA es una pregunta abierta que aún no tiene respuesta”.
Con esa definición, Juan Pablo Paz, experto internacional en computación cuántica, abrió una de las conversaciones más desafiantes del Forbes IA Summit. No fue una frase técnica ni abstracta. Fue, más bien, una advertencia: estamos en el inicio de una convergencia tecnológica cuyos efectos todavía no pueden anticiparse.
La computación cuántica, a diferencia de la inteligencia artificial, no forma parte aún de la vida cotidiana. No hay aplicaciones masivas ni productos de consumo que la incorporen de manera visible. Sin embargo, su potencial es tan disruptivo que ya redefine el horizonte de la ciencia, la seguridad y la industria tecnológica.
Para entender su impacto, primero hay que entender qué la hace distinta.
“La computadora cuántica es un nuevo tipo de computadora que necesita un hardware completamente distinto”, explicó Paz.
A diferencia de las computadoras tradicionales, que procesan información en bits -ceros y unos-, las computadoras cuánticas trabajan con lo que se conoce como “bits cuánticos” o qubits. Estos no se limitan a un estado binario, sino que pueden existir en múltiples estados al mismo tiempo.
“Un bit cuántico puede ser cero, uno o ambos a la vez”, señaló, describiendo uno de los conceptos más contraintuitivos de la física moderna.
Esa capacidad, conocida como superposición, permite que una computadora cuántica procese múltiples caminos de cálculo simultáneamente. En términos simples, no sigue una única secuencia de operaciones, sino muchas al mismo tiempo. @@FIGURE@@
“El sistema se desdobla y sigue muchos caminos computacionales”, explicó Paz. El resultado es una capacidad potencial de cálculo exponencialmente superior a la de las computadoras actuales. Pero esa potencia viene acompañada de desafíos técnicos enormes.
Construir una computadora cuántica no es simplemente mejorar el hardware existente. Implica trabajar con sistemas extremadamente delicados, donde los componentes (átomos o estructuras que se comportan como tales) deben aislarse casi por completo del entorno. “Son sistemas donde uno manipula átomos individuales, los mantiene aislados y los controla con precisión”, detalló.
Esa fragilidad explica por qué, a pesar de décadas de investigación, todavía no existen computadoras cuánticas plenamente funcionales en términos prácticos. “Hoy no existen computadoras cuánticas de verdad… lo que hay son prototipos”, afirmó.
Los sistemas actuales, desarrollados por empresas como IBM o Google, cuentan con algunos cientos de qubits. Son avances significativos desde el punto de vista científico, pero todavía insuficientes para resolver problemas complejos a gran escala. Para eso, se necesitarían máquinas con decenas de miles de qubits, capaces además de corregir errores de manera constante.
Pero incluso en ese estado incipiente, la computación cuántica ya plantea implicancias profundas. Una de las más relevantes es la seguridad.
“Si existiera una computadora cuántica suficientemente grande, podría vulnerar sistemas de encriptación actuales”, advirtió Paz.
El problema radica en que muchos de los sistemas criptográficos que protegen datos, transacciones y comunicaciones se basan en problemas matemáticos que son extremadamente difíciles de resolver para computadoras clásicas, pero potencialmente accesibles para una computadora cuántica. @@FIGURE@@
Entre ellos, la factorización de números primos, base de protocolos como RSA. “Ese problema, que es muy difícil para computadoras clásicas, se vuelve fácil con una computadora cuántica”, explicó.
El impacto sería inmediato: desde el comercio electrónico hasta las comunicaciones gubernamentales, gran parte de la infraestructura digital actual quedaría expuesta.
Pero ese escenario, por ahora, sigue siendo hipotético. La pregunta entonces es: ¿qué rol juega la inteligencia artificial en todo esto? Según Paz, la relación ya es concreta en una dirección. “La inteligencia artificial está siendo utilizada para mejorar las distintas tareas necesarias para desarrollar computadoras cuánticas”, explicó.
Esto incluye desde la optimización de procesos experimentales hasta el diseño de nuevos materiales y la corrección de errores. Sin embargo, el camino inverso -cómo la computación cuántica podría transformar la inteligencia artificial- sigue siendo incierto. “Es una pregunta abierta que todavía no se sabe”, insistió. Esa incertidumbre es, en sí misma, un dato clave. A diferencia de otras tecnologías donde el impacto se proyecta con relativa claridad, en este caso el horizonte está lleno de incógnitas.
Lo que sí es evidente es que ambas tecnologías comparten una característica: su capacidad de generar debates que trascienden lo técnico. En el caso de la inteligencia artificial, esos debates ya están instalados: ética, empleo, sesgos, control. En la computación cuántica, comienzan a emerger con fuerza. “Si tuviera una computadora cuántica, podría acceder a información que hoy está protegida”, señaló Paz, poniendo sobre la mesa un escenario que obliga a repensar la seguridad digital.
Pero, como toda tecnología, su impacto dependerá del uso que se le dé. “Depende de cómo la utilicemos… si la usamos para la guerra o para el desarrollo”, reflexionó. En ese punto, la historia ofrece una referencia clara: ninguna tecnología es neutral en sus efectos, pero tampoco está predestinada a un resultado único.
Más allá de los riesgos, Paz se mostró optimista respecto al futuro cercano. Antes de llegar a computadoras cuánticas plenamente funcionales, existen etapas intermedias que ya pueden generar valor. Una de ellas son los “simuladores cuánticos”, sistemas diseñados para replicar el comportamiento de fenómenos naturales específicos. “Se van a poder utilizar para el desarrollo de nuevos fármacos y nuevos materiales”, anticipó.
Ese tipo de aplicaciones podría tener un impacto directo en sectores como la salud, la energía o la industria química, donde la capacidad de simular sistemas complejos es clave. En ese sentido, la computación cuántica no debe pensarse como una tecnología de todo o nada. Su desarrollo será progresivo, con avances parciales que irán generando nuevas oportunidades. Al igual que ocurrió con la inteligencia artificial, el verdadero cambio no será instantáneo, sino acumulativo.
Y, como en toda revolución tecnológica, habrá una etapa donde las expectativas superen a la realidad, seguida por otra donde los avances concretos empiecen a consolidarse. Hoy, la computación cuántica parece ubicarse en ese punto intermedio: lo suficientemente avanzada como para demostrar su potencial, pero todavía lejos de su impacto pleno.
Más allá de las promesas y del entusiasmo que rodea a la computación cuántica, Paz introduce una dosis necesaria de realismo: “Las computadoras que hoy existen no sirven para resolver nada que sea económicamente útil. Todavía es un campo que no puede separarse de la investigación básica y del ámbito científico académico”.