A medida que se acerca el Mundial 2026, millones de personas en todo el mundo vuelven a compartir un ritual que atraviesa generaciones: abrir sobres de figuritas con la ilusión de encontrar “la difícil”.
Sin embargo, detrás de esa escena clásica existe un fenómeno de consumo mucho más profundo. Las figuritas dejaron de ser únicamente un juego infantil para convertirse en una experiencia atravesada por la nostalgia, la escasez, la tecnología y el sentido de pertenencia.
La lógica recuerda inevitablemente a la historia de Willy Wonka y los boletos dorados: millones participan, pero sólo unos pocos encuentran la pieza más codiciada. Y justamente allí radica parte de su atractivo.
Hoy observamos un consumidor que ya no busca solamente adquirir un producto, sino vivir experiencias memorables y compartirlas. Las figuritas edición limitada logran exactamente eso: combinan emoción, sorpresa y construcción de comunidad.
En los últimos mundiales, además, el negocio evolucionó significativamente. Las editoriales incorporaron figuritas paralelas, holográficas, que modificaron la dinámica tradicional del álbum. Ya no alcanza únicamente con completarlo: también importa conseguir esa figurita especial, la que muy pocos tienen.
Y cuanto más difícil es obtenerla, mayor es su valor, tanto simbólico como económico.
En Argentina, donde el fútbol tiene además una dimensión cultural y emocional muy fuerte, este fenómeno escala rápidamente. Lo vimos claramente durante Qatar 2022: faltantes de stock, grupos de intercambio multiplicándose en redes sociales y figuritas revendidas online a precios inesperados.
De cara al Mundial 2026, que tendrá una escala inédita con sedes en Estados Unidos, México y Canadá, es esperable que esta tendencia vuelva a crecer, impulsada por comunidades digitales, plataformas de reventa y nuevas generaciones de coleccionistas.
Lejos de reemplazar el ritual tradicional, la tecnología lo amplificó. Hoy el consumidor combina naturalmente la experiencia física y digital. El intercambio que antes ocurría únicamente en el recreo o en la plaza, ahora sucede también en grupos de WhatsApp, marketplaces y comunidades online.
Desde la perspectiva del consumo, este fenómeno refleja una tendencia cada vez más visible: las marcas que logran generar experiencias emocionales, sensación de exclusividad y participación colectiva construyen vínculos mucho más sólidos con sus audiencias.
En definitiva, el álbum del Mundial sigue siendo el mismo ritual de siempre, pero las reglas del juego cambiaron. Porque hoy todos pueden comprar un sobre, pero sólo unos pocos encontrarán el verdadero “boleto dorado”.
*La autora del texto es Soledad Guardia Clausi, Socia Líder de Consumo de Deloitte