Laura Mafud Editora
Transformar materias primas vegetales en alimentos de alto valor agregado no es una tarea sencilla, especialmente cuando la categoría prácticamente no existe en el país. Ese fue el desafío que asumieron Agustina Casco y Augusto Bircher al fundar Quimya, una empresa argentina de alimentos fermentados de origen vegetal que hoy se destaca entre los seis finalistas seleccionados —entre más de 150 proyectos postulados— en el Premio al Emprendedor Industrial 2026, un certamen organizado por el Movimiento Industrial y La Fábrica Podcast que reconoce a aquellas iniciativas que lograron identificar una oportunidad de negocio en su sector y la convirtieron en una compañía competitiva y sostenible a largo plazo.
La historia de Quimya comenzó hace diez años en el garage de una casa alquilada en Pilar, en la provincia de Buenos Aires. Nacida en 2016 a partir del interés de Casco por la gastronomía, el diseño y la nutrición natural, la propuesta buscó responder a una inquietud concreta: desarrollar alimentos de origen vegetal con identidad propia, valor nutricional y procesos específicos de elaboración, ofreciendo una alternativa de calidad para personas con APLV, intolerancia a la lactosa o que elegían una alimentación vegetal. Al poco tiempo se incorporó Bircher, ingeniero agrimensor, aportando una mirada técnica y operativa para transformar aquella idea artesanal en un proyecto escalable.
Los inicios exigieron un esfuerzo diario encarado directamente por sus fundadores. Equipados únicamente con dos licuadoras domésticas, una heladera y un deshidratador, llegaron a producir cerca de 2.500 unidades por semana. En esa etapa organizaban la jornada de trabajo realizando todas las tareas: desde preparar la leche de coco, realizar fermentaciones, saborizar y envasar, hasta comprar materias primas, tomar pedidos y concretar las entregas en conservadoras por distintas zonas.
Sin embargo, el recorrido no estuvo exento de adversidades. En sus primeros años, una inundación provocó la pérdida de prácticamente todo el equipamiento, la mercadería y la capacidad productiva de la empresa. Ante esa crisis, los emprendedores optaron por reconstruir el proyecto utilizando los recursos disponibles, el apoyo de sus familias y el trabajo continuo. Parte de ese proceso fue sostenido por Bircher, quien mantuvo su profesión de agrimensor en paralelo para destinar ingresos y ahorros al desarrollo de la compañía. Respecto a la filosofía para afrontar los momentos complejos, la empresa reflexiona: "Cuando tuvimos que volver a empezar, nunca fue realmente desde cero. Volvimos a empezar desde la experiencia capitalizada que cada caída nos dejó".
En materia de financiamiento, Quimya comenzó con ahorros propios sin inversores externos ni créditos. El crecimiento posterior se sustentó de manera genuina mediante las ventas de la firma, incorporando financiamiento bancario recién en 2021 para proyectos puntuales de inversión.
A nivel técnico, la empresa fue pionera en el país en la elaboración de yogures a base de leche de coco. Al no existir en ese momento procesos industriales o equipamientos diseñados para esta categoría, el desarrollo demandó años de investigación sobre formulaciones, tratamientos térmicos, selección de cultivos, fermentación y estabilidad. Llevar esa elaboración artesanal a gran escala implicó diseñar procesos propios y adaptar maquinaria. En cuanto a las materias primas, el coco proviene de productores de Filipinas e Indonesia, seleccionados bajo especificaciones de trazabilidad y calidad de pulpa para garantizar la consistencia en la producción.
Actualmente, la infraestructura de Quimya refleja la evolución del proyecto: pasó de aquellas 2.500 unidades semanales iniciales a una capacidad instalada capaz de producir 2.500 unidades por hora, contando además con capacidad ociosa para incorporar nuevos turnos de producción. La empresa genera 11 puestos de trabajo directos y articula una red de empleo indirecto compuesta por proveedores, distribuidores y operadores logísticos.
Su oferta comercial trasciende el yogurt de coco tradicional. Hoy comercializa productos cultivados a base de coco y almendras, líneas con frutas, opciones sin azúcar agregada y lanzamientos recientes como PWR·PRO, una línea proteica que aporta 15 gramos de proteína por porción. La comercialización se realiza a través de grandes cadenas de supermercados, tiendas especializadas, dietéticas, venta online y distribuidores, sumado al desarrollo del canal gastronómico e institucional en hoteles, restaurantes, cafeterías y gimnasios.
Para 2027, la estrategia del negocio estará centrada en transformar la capacidad productiva instalada en crecimiento comercial, profundizando la presencia en retail, expandiendo la distribución nacional y fortaleciendo el área de investigación y desarrollo para lanzar nuevas categorías y formatos.
Asimismo, la empresa contempla proyectos de automatización, eficiencia energética e instalación de energía solar. Sobre el sentido de emprender en el país, desde la firma destacan: "Hacer industria argentina es nuestra pasión. Es aquello en lo que creemos y nuestra manera de transformar la realidad. Desde el primer día tuvimos una convicción: Si podemos creerlo, podemos crearlo".