El tercer motor exportador: la industria que genera más de US$ 6.000 millones para el país
El 64% de las exportaciones de la economía del conocimiento corresponde a servicios profesionales, donde 114 centros de servicios generan 80.000 empleos formales y llevaron sus ventas de US$ 3.900 a US$ 6.100 millones en cinco años. Las claves de un sector que compite por valor global, la adopción de la inteligencia artificial y la alerta encendida sobre la calidad educativa a futuro.

Cecilia Valleboni Subeditora

Cuando en la agenda pública se habla de la economía del conocimiento, la asociación intuitiva suele dirigirse hacia el software y la programación. Sin embargo, en la arquitectura productiva argentina existe un motor silencioso que ya se posiciona como el tercer complejo exportador del país. Se trata de los servicios profesionales de exportación y, fundamentalmente, de los centros de servicios o Shared Service Centers (SSC), nodos corporativos desde los cuales miles de profesionales locales operan procesos neurálgicos para casas matrices y clientes de las principales multinacionales del mundo.

Las cifras más recientes del INDEC confirman este salto de escala: en los primeros seis meses del año, las exportaciones argentinas de Servicios Basados en Conocimiento (SBC) alcanzaron un récord histórico de US$ 10.493 millones anualizados, lo que representa un crecimiento del 10,2% interanual. Con este resultado, el sector explica el 9% de las ventas externas totales del país. Como complejo exportador, se ubica firme en el podio nacional justo por detrás del agro (34%) y del petrolero/petroquímico (12,9%), disputando codo a codo el tercer lugar con la minería (9,1%).

En Argentina operan unos 114 centros de servicios, con un mercado que emplea a más de 80.000 personas.

Dentro de este ecosistema, los servicios profesionales mantienen su liderazgo como el principal motor del sector al explicar el 64% del total comercializado, con US$ 6.702 millones y un incremento del 9,7% interanual. Aunque los servicios jurídicos, contables y de administración siguen al frente en esta categoría, el mayor dinamismo provino de la arquitectura, la ingeniería y los servicios técnicos aplicados. Por su parte, los servicios de informática sumaron US$ 2.967 millones, registrando una expansión del 10,6% interanual.

En ese marco operan unos 114 centros de servicios en todo el territorio nacional, con un mercado altamente sofisticado que emplea a más de 80.000 personas con salarios superiores al promedio del mercado e insertos en cadenas globales de valor. Para Leandro Mora Alfonsín, Director Ejecutivo de Argencon —la entidad que agrupa a las empresas de la economía del conocimiento—, se trata de una industria que suele resultar "medio invisible dentro de la lógica de la economía del conocimiento", donde la respuesta más intuitiva suele ser la etiqueta del software. El ejecutivo explica que, más allá de la programación, existe una trama profunda de servicios profesionales compuesta por contadores, abogados, diseñadores e ingenieros, donde los centros de servicios se destacan como los verdaderos nodos de exportación del país.

A diferencia del sector industrial o primario, esta industria no exige desembolsos multimillonarios en infraestructura física ni largos años de desarrollo de capital. Se apalanca en tres activos esenciales: talento universitario, computadoras y capacidad de articulación global. Mora Alfonsín sitúa la génesis de este fenómeno a fines de la década de 1990 y principios de los 2000, impulsada por la masificación de internet, un hito que permitió deslocalizar procesos hacia distintas plazas mundiales. En esa carrera, la Argentina comenzó a escalar rápidamente gracias a sus capacidades profesionales y a una sólida tradición universitaria que le permitió crecer de manera sostenida durante los últimos 30 años, atravesando diferentes ciclos macroeconómicos.

Leandro Mora Alfonsín, Director Ejecutivo de Argencon. (Foto: gentileza) 

Mora Alfonsín detalla que, mientras en el imaginario del empleo masivo siempre estuvieron los supermercados o la comida rápida, hoy emergen jugadores corporativos con miles de puestos calificados: es el caso de Accenture, que sobre una nómina de 14.000 personas tiene a 9.000 trabajando estrictamente en su centro de servicios, o de J.P. Morgan, que roza los 5.000 colaboradores. "Se trata de polos de alta empleabilidad que insertan recursos de alta calificación en cadenas globales de valor, donde el desafío diario de los líderes locales pasa por convencer a las casas matrices de derivar más procesos al país frente a competidores globales", destaca.

Entre esos ejemplos destacan también las multinacionales del sector energético que operan en Vaca Muerta, como Chevron y ExxonMobil, que administran desde Buenos Aires centros que emplean a 2.200 y 1.900 profesionales, respectivamente, para abastecer a sus oficinas en el mundo. Mientras tanto, las grandes firmas de consultoría y auditoría, como PwC y EY, superan los 3.500 profesionales dedicados de manera exclusiva a la exportación.

Gigantes globales que eligen talento argentino

La evolución de estas operaciones muestra una constante: la transición de tareas operativas o transaccionales hacia procesos de altísimo valor agregado. El caso de J.P. Morgan grafica la escala y la sofisticación que alcanzó el sector. La entidad financiera comenzó la operación de su centro en Buenos Aires en diciembre de 2014 con una proyección inicial de 500 personas para tareas de soporte operativo. Hoy cuenta con más de 4.200 empleados e integra la red de 23 centros globales de la firma, siendo la única sede instalada en Latinoamérica.

Clara Mendiberri, Managing Director de J.P. Morgan en la Argentina. (Foto: gentileza) 

Desde Buenos Aires, J.P. Morgan no solo realiza operaciones financieras tradicionales, sino que alberga al 10% del equipo global de legales del banco —alrededor de 200 abogados—, además de especialistas en ciberseguridad, análisis crediticio, desarrollo de software, inteligencia artificial y control de gestión para traders en los principales mercados del mundo. La proyección es tan acelerada que la compañía prevé cerrar el año cerca de los 5.000 colaboradores, para lo cual se encuentra expandiendo sus instalaciones en el barrio porteño de Núñez.

Clara Mendiberri, Managing Director de J.P. Morgan en la Argentina, explica que los equipos locales no funcionan como proveedores externos sino como "parte integrante de la estructura global". Según la ejecutiva, la Argentina nunca compite por costo masivo sino por "la combinación de calidad, valor y capacidad de resolución", donde el profesional local destaca por su formación, su nivel de inglés y una baja distancia al poder que lo lleva a "cuestionar constructivamente los procesos, proponer mejoras y desafiar el status quo". Este crecimiento sostenido derivó incluso en la exportación directa de talento: en los últimos años, más de 300 profesionales del hub de Buenos Aires fueron promocionados y relocalizados para liderar equipos en las sedes de Nueva York y Londres.

La sofisticación de la demanda también se observa en la experiencia de las Big Four. En EY, la estructura global de centros de servicios —denominada EY GDS— agrupa a 90.000 profesionales en el mundo, ubicados en países como India, Filipinas, Polonia y México. El centro argentino, inaugurado en 2012, exporta el 100% de sus prestaciones a firmas de la red en el exterior y cuenta con 3.500 colaboradores.

Verónica Asla, EY GDS Latam Leader (Foto: Nicolás Pérez)

Verónica Asla, EY GDS Latam Leader, detalla que el mayor volumen de la operación está dirigido a los Estados Unidos, donde desde la Argentina se liquidan impuestos para las principales corporaciones, individuos y organizaciones sin fines de lucro de ese país. Además, desde Buenos Aires lideran desarrollos en la nube propia de la firma y proyectos de Inteligencia Artificial, sumados a equipos de ciberseguridad, soporte legal, compras de tecnología y consultoría estratégica. Para Asla, el talento argentino se distingue por ser "creativo, proactivo y muy orientado a encontrar soluciones", una calidad diferencial que les permite estar al margen de las reducciones operativas en el marco de la automatización. Impulsada por la estabilidad macroeconómica y la estrategia de las casas matrices de diversificar riesgos fuera de Asia, la compañía mantiene un ritmo de crecimiento de doble dígito anual y planea sumar entre 400 y 500 puestos adicionales.

Por su parte, en el ámbito de la consultoría de negocios y la auditoría, PwC opera desde hace 16 años un centro de servicios nacido bajo la modalidad de joint venture con la firma de Estados Unidos. Lo que se planificó originalmente como un nodo de 100 personas para tareas de soporte operativo en auditoría se transformó en una organización de 3.500 profesionales que presta servicios de consultoría en sistemas, asesoramiento impositivo, reingeniería de negocios y gestión administrativa de backoffice.

Eduardo Gil Roca, Socio de PwC (Foto: gentileza)

Eduardo Gil Roca, Socio de PwC a cargo del centro de servicios, analiza que el cliente norteamericano representa más del 90% de su facturación por un tema de huso horario y alineación cultural, aunque también atienden a España, Inglaterra y Bélgica. Frente a la competencia de centros asiáticos o latinoamericanos, Gil Roca destaca que la Argentina "cotiza muy alto por el perfil analítico de su gente". Para abastecer esa demanda constante, la firma desplegó una estrategia de contratación federal mediante trabajo remoto que les permite reclutar talentos en diversas provincias del país, sosteniendo un promedio de 1.000 incorporaciones anuales entre crecimiento y rotación.

El modelo de centro de servicios no se limita al sector financiero o impositivo. En la industria de la comunicación, el marketing y la tecnología, la Argentina se convirtió en un polo de exportación masiva de activos digitales. VML, la compañía global de WPP, gestiona desde su hub en la Argentina una operación de 1.000 personas, donde más del 50% trabaja directamente para los mercados de Norteamérica y Europa.

Emiliano Galván, CEO de VML Argentina.

La sede local de VML se posiciona como la más importante de Latinoamérica en facturación y volumen de equipo, superando a las filiales de Brasil, Colombia o México. La oferta combina directores de arte, redactores y productores audiovisuales con analistas de datos, científicos de información y desarrolladores de software.

Emiliano Galván, CEO de VML Argentina, pondera que la operación comenzó en 2006 exportando servicios hasta convertirse en el "motor creativo y tecnológico de la región". Galván sostiene que la clave radica en no competir por costo de ejecución repetitiva como puede hacerlo India, sino por el valor agregado, la innovación y la productividad. Desde Buenos Aires manejan la comunicación a bordo, el e-commerce y el programa de millas de United Airlines, administran los sitios web oficiales de Ford para Estados Unidos y Canadá, y desarrollan eventos digitales para Microsoft en todas las Américas, demostrando que el verdadero diferencial argentino está en "la capacidad de cruzar la creatividad pura con la ciencia de datos".

La Inteligencia Artificial y la alerta en la formación del talento futuro

Lejos de amenazar la viabilidad de los centros de servicios en el país, la irrupción de la Inteligencia Artificial acelera la sofisticación de la oferta argentina. Mientras en otros mercados globales la automatización destruye empleo en tareas masivas de baja complejidad como la entrada de datos o los centros de atención telefónica, la Argentina se consolida en el segmento de servicios críticos donde el margen de error tiene un costo financiero directo. Mora Alfonsín destaca que si bien la tecnología elimina la tarea repetitiva, exige profesionales capaces de "validar, auditar e integrar las herramientas digitales", convirtiendo a los centros locales en verdaderos "búnkeres de seguridad y salvaguarda de datos corporativos". 

En esa carrera internacional, el verdadero cuello de botella para sostener la aceleración pasa por la calidad del sistema educativo. El flujo futuro de los 139.000 graduados universitarios anuales y los 2,5 millones de estudiantes que nutren al sector muestra señales de alerta en las pruebas de lectocomprensión, matemática y lógica de la educación primaria y secundaria. Esta preocupación es compartida por la industria: Asla (EY GDS) advierte que es prioritario cuidar la formación básica para garantizar que los jóvenes elijan carreras STEM, mientras que Gil Roca (PwC) y Mendiberri (J.P. Morgan) coinciden en que el sistema educativo debe adaptar de forma urgente sus currículas de secundarias y universidades, incrementando además la masa de profesionales fluidos en inglés técnico.

(Foto: Imagen generada con IA)

Las corporaciones responden a esta exigencia asumiendo un rol activo en la capacitación de su personal y la incorporación de tecnología. Empresas como J.P. Morgan desarrollaron modelos corporativos cerrados de grandes lenguajes de programación (LLM) para entrenar a sus colaboradores como constructores de soluciones (builders), bajo la premisa de mantener siempre al profesional supervisando el resultado (human in the loop). En la misma línea, VML cerró alianzas para capacitar a la totalidad de su nómina en el uso aplicado de la Inteligencia Artificial a la creación de contenidos.

A esta batalla por el capital humano se suma la competencia regional acelerada con países como Colombia, México, Uruguay y Chile —que recientemente promulgó su propia ley de economía del conocimiento— disputando activamente los proyectos de inversión.

En un contexto económico donde la generación de divisas, el empleo calificado y la integración a los mercados internacionales resultan prioritarios, los Shared Service Centers demuestran que el verdadero diferencial de la Argentina trasciende la abundancia de sus recursos naturales. Se encuentra en la capacidad de sus profesionales para resolver la complejidad del mercado global desde un escritorio.