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En “el fin del mundo”, un programa de conservación marina se propone lograr una hazaña tras otra en pos de proteger y restaurar la biodiversidad del mar patagónico. Y lo está logrando.

30 Julio de 2021 11.23

En la remota Península Mitre, ahí donde la Cordillera de los Andes se sumerge y desaparece en el océano Atlántico sur y el continente americano llega a su fin, existe una de las pocas zonas aún prístinas del planeta. En tierra, se extiende por más de 20 veces la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: son unas 300.000 hectáreas de bosques, turberas, pastizales, acantilados y un par de estancias hace tiempo abandonadas.

En el agua, representa otras 200.000 hectáreas y ahí se extiende un extenso bosque de macroalgas en el que conviven en armonía tanto visitantes como residentes de temporada: esponjas, erizos, caracoles, cangrejos, vieiras y peces; también especies “estrella” como el pulpo patagónico, el lobo marino de un pelo y el delfín austral. Además, se trata de uno de los cinco puntos de la Argentina con más abundancia y diversidad de aves marinas, entre las que se destacan el cormorán imperial, el albatros de Ceja Negra y el petrel Gigante del Sur.

Conocer para así poder proteger ecosistemas como estos es el principal objetivo de Sin Azul No Hay Verde (SANHV), el programa de conservación marina de la Fundación Rewilding Argentina. Bautizado en honor a la frase de cabecera de la legendaria bióloga marina Sylvia Earl (“No water, no life. No blue, no green”), ella misma Testimonial Rolex desde 1982, el programa nació a fines de 2017 para promover la creación de parques nacionales marinos en la Patagonia. En ese momento, menos del 2% del mar argentino entraba en esa categoría. Para fines de 2018, gracias a la creación de las áreas marinas protegidas de Yaganes y Namuncurá-Banco Burdwood, esa cifra ascendió al 10%.

Junto a otras organizaciones ambientales, SANHV impulsó el proyecto de ley y recabó la información técnica necesaria para hacerlo realidad. “Fue un trabajo maratónico con resultados increíbles. Cuando arrancamos, pensamos que nos llevaría unos cinco años sólo lograr que el tema empezara a hablarse. Pero, en menos de 12 meses, era ley. Somos una sociedad que le ha dado la espalda al mar, y eso que el 40% de nuestro territorio es marítimo. Que se haya dado todo tan rápido es una señal que no se trata solamente de organizarnos sino, sobre todo, de involucrarnos”, reflexiona Martina Sasso, coordinadora del programa.

Martina Sasso, coordinadora de Sin azul no hay verde.

Hoy, SANHV va por más: pretende llegar a proteger el 30% del mar argentino. Su estrategia implica trabajar en múltiples frentes, por eso, el equipo multidisciplinario que lidera Sasso incluye un buzo científico, un biólogo marino, un abogado, expertos en gestión de políticas públicas y otros cuya obsesión es convertir las investigaciones que llevan adelante bajo el agua en mensajes relevantes fuera de ella, ya sea que tomen forma de posteos en redes sociales, campañas virales, películas documentales y hasta obras de teatro para chicos.

Sasso misma, si bien ya lleva años dedicándose a la conservación, tiene un pasado como cineasta y trabajó como publicista en una de las agencias más importantes de Buenos Aires. “Un día, me di cuenta de que, en lugar de darle mis ideas a marcas de primera línea para que siguieran vendiendo millones de productos, quería hacer algo frente a la creciente crisis de extinción. Desde SANHV, buscamos hacer ciencia que se pueda comunicar. No se trata de escribir papers académicos, sino de hacer que las personas tomemos conciencia”.

Una de esas investigaciones que dio que hablar fue la expedición “La delgada línea azul”, para la cual replicaron un estudio de 1974 de científicos estadounidenses en los bosques submarinos de la Península Mitre. Así descubrieron que, 40 años después, sus macroalgas están intactas, demostrando con datos objetivos que la zona es uno de los últimos bastiones de agua prístina del mundo. “Se trata de un ecosistema que representa un importante hábitat para una gran comunidad de especies. Un refugio para la cría y la alimentación de mamíferos y aves marinas. Un bosque único que protege las costas de la acción de las olas y tempestades. Que libera enormes cantidades de oxígeno a la atmósfera y que tiene una enorme capacidad para fijar y almacenar carbono. Esperamos que los resultados de esta expedición pongan en evidencia la urgente necesidad de proteger el área para siempre”, expresó SANHV en sus redes cuando dio a conocer el estudio.

Otra investigación emblemática fue el de las turberas, una especie de esponjas de origen glaciar, hechas de musgo y vegetación no del todo descompuesta y acumulada durante milenios, de la cual se pueden extraer datos acerca de la evolución de la temperatura y otros factores ambientales. Además de ser grandes reservas hídricas, tienen una extraordinaria capacidad para retener dióxido de carbono. De hecho, aunque representan menos del 3% de la superficie del planeta, contienen el doble de CO2 que la biomasa forestal mundial. Con ayuda de satélites de la National Geographic, SANHV pudo medir las turberas a lo largo y ancho de la Argentina y concluyó que los 2.400 km2 que estas ocupan en la Península Mitre las hacen las más grandes de Sudamérica. “Calculamos que contienen unas tres veces todo el CO2 que nuestro país emite anualmente, así que su rol frente al calentamiento global es indiscutible”, explica Sasso, cuya job description incluye también viajar a distintas partes del mundo para nutrirse nuevas tendencias en conservación marina. “Ahora estamos investigando unas boyas que avisan a los barcos la presencia de ballenas, para evitar que choquen. Es un proyecto que nació en California y ya se está implementando en Chile”.

Nuevas cruzadas

Ubicada a 170 kilómetros al este de Ushuaia, podría decirse que la Península Mitre es ese paraíso salvaje y extremo que uno se encuentra cuando se aventura todavía más allá de la “ciudad del fin del mundo”. Sin embargo, pocos van tan lejos. Es que, a no ser que el viento implacable permita la navegación, el camino por tierra se complica a partir de la estancia Moat (el último punto de la Argentina al que se puede llegar con auto) y obliga a recorrer casi 50 arduos kilómetros a pie o a caballo. Por eso, se ha mantenido prácticamente al resguardo del hombre, excepto cuando aquí vivían los Haush, comunidad nómade de cazadores recolectores que transitaron la zona durante milenios pero que, para 1910, ya habían desaparecido.

Sin embargo, en los últimos años, la península estuvo literalmente amenazada de muerte. En 2018, se empezó a hablar de criar ahí salmones. El papel de SANHV para no permitir esa actividad de gran impacto ambiental fue crucial: impulsó la campaña en la que reconocidos chefs como Narda Lepes y Francis Mallmann retiraron el salmón de sus cartas, filmó el documental Contracorriente e investigó a fondo las aristas económicas, políticas y ambientales de la cuestión. Sasso relata: “Comparamos la industria del turismo, hoy principal fuente de ingresos de la zona, con la salmonicultura, y demostramos que estábamos hablando de 17.200 puestos de trabajo versus 160. Nos sumergimos con cámaras para ver qué se perdería para siempre si se avanzaba con el proyecto y, por cada persona que vio nuestro documental, automáticamente se enviaba un mail a la legislatura para pedir que votaran en contra, ¡terminamos saturando su sistema! En Change.org, alcanzamos más de 300.000 firmas, más del doble de la población que tiene Tierra del Fuego”. 

Finalmente, el 30 de junio de 2021, la legislatura de Tierra del Fuego prohibió la salmonicultura en toda la provincia. Fue una ley histórica, la primera en su tipo en el mundo, y generó repercusiones en medios alrededor del globo, de Costa Rica a Reino Unido, de Alemania a Hong Kong. “Ese día, sentí una felicidad especial: la de lograr un objetivo que nos trascendía como organización y que incluso iba más allá de defender la naturaleza. Nos estamos cuidando a todos, entre todos. Estamos siendo mejores seres humanos”, se emociona Sasso.

Mientras sigue trabajando para lograr que, finalmente, la Península Mitre sea declarada área marina protegida, SANHV también empieza a mirar más allá. El destino de su próxima cruzada: la reserva de la biósfera Patagonia Azul, en la provincia de Chubut, donde hay muchas especies en peligro y una gran necesidad no ya sólo de preservar sino de restaurar el ecosistema marino perdido. Será un proyecto para los próximos ocho años, diferente y desafiante, pero Sasso señala que ya están relevando técnicas innovadoras para lograrlo. No será fácil, pero si de algo sabe SANHV es de proponerse objetivos grandes.

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