Nadie nunca -y muchos suponen que ni él mismo lo decía en serio- creyó en algún momento que el índice de inflación podía, en agosto, tener el “0 adelante”, tal como prometio el presidente Javier Milei. La última vez que lo dijo fue a 10 días de conocerse el registro de marzo (3,4%), el más alto del año y que él mismo calificó de “espantoso”. En ese marco, y en pos de mostrar la luz al final del túner, prometió, temerario: “De acá en adelante, (la inflación) debería empezar a ceder. En agosto va a empezar 0”.
En las últimas semanas, esos dichos pasaron de ser meras declaraciones audaces, como mínimo, a tener algo y no poco sustento técnico. Efectivamente, existe la chance de que Milei, aunque no pudiera saberlo cuando lo dijo, termine teniendo razón. ¿Cómo se explica que, para la fecha en la que el consenso de analistas y economistas que releva el Banco Central en el REM recién prevé que el IPC perfore el 2%, el índice termine arrojando un valor por debajo de 1%?
La respuesta está en el precio de la nafta. La guerra de Estados Unidos con Irán disparó los precios internacionales del petróleo, con un salto que se trasladó a los surtidores locales en gran parte y presionó sobre la inflación. De hecho, durante marzo, el precio se ubicó 25% por encima de los valores del mes anterior. Desde ese momento a hoy, los precios se mantuvieron estables, incluso una vez terminada la guerra hace dos dos semanas, que hizo retroceder el barril a las cotizaciones previas al conflicto.
Esa estabilidad de precios se produjo tras la decisión de YFP, que acompañó el resto de las petroleras, de no aumentar el combustible hasta fin de mes. Horacio Marín, el presidente de YPF, denominó esa estrategia como un “buffer” de precios pero anticipó que dada la falta de aumento en los momentos más complejos, tampoco habría reducciones inmediatas cuando las cotizaciones internacionales se calmaran.
Por eso, a pesar de que el “buffer” vence el martes, no habrá cambios para los consumidores en las estaciones de servicio. Pero eso deberá cambiar con el correr de las semanas, una vez que las petroleras recuperen lo perdido durante el período en que estuvo vigente el amortiguador. En el sector, anticipan dos cálculos relevantes. El primero es que hacia fin del mes próximo, es decir, poco después que termine el Mundial en julio, podría quedar saldada la diferencia. El segundo dato es que esos tiempos son posibles porque el precio está hoy 20% “adelantado” respecto del precio internacional.
Es decir que se admite en las petroleras que podría producirse una baja de esa magnitud en los precios de la naga, consistente con un Brent en torno a los US$ 70 dólares por barril. Tamaña rebaja, calculó el econimista Diego Chaimedes, jefe del equipo de Research del Banco Galicial, podría restar cerca de 0,9 puntos porcentuales a la inflación del mes en que se aplique. Si el ajuste se concreta en julio, el impacto pleno se vería en agosto, justo cuando el Gobierno espera consolidar la tendencia descendente que comenzó en marzo. Pero incluso si ocurre durante principios de agosto, el indicador de precios quedaría en condiciones de cumplir la promesa presidencial.
“El mercado prevé una inflación que parte desde 2,1% mensual y declina mes a mes. Una baja de los precios de la nafta de alrededor del 20% podría llevar la inflación subyacente por debajo del 2% mensual y acercarla al 1%, generando efectos positivos adicionales como menor inercia inflacionaria en meses posteriores”, se afirma en el reporte de la entidad, “Es difícil, pero para nada imposible que la inflación de agosto empiece con 0, como prometió Milei. Un poco de suerte y otro poquito de “picardía” podrían dejarnos cerca del objetivo”, aseguró Chaimedes.
Claro que la rebaja debería aplicarse de una sola vez, algo improbable. Sin embargo, el efecto no sería solo estadístico ni en un solo mes. Una baja en los combustibles tiene un impacto directo sobre la inercia inflacionaria, porque muchos precios regulados -como medicina prepaga o servicios públicos— se actualizan en función del índice del mes anterior. Si la inflación de julio se ubica cerca del 1,5% y la de agosto logra perforar el 1%, el proceso podría retroalimentarse con aumentos más moderados en los meses siguientes. En ese escenario, la economía argentina entraría en una fase inédita de estabilidad de precios. Casi imposible de imaginar.
Por supuesto, en el mercado también se contempla la posibilidad de una baja escalonada en los combustibles, lo que diluiría el impacto en el tiempo y dejaría al Gobierno espacio para ajustar el impuesto a los combustibles líquidos, cuyo ajuste se postergó en marzo y abril para evitar presionar sobre el índice general. Si ese ajuste se combina con una reducción efectiva del precio internacional, el efecto neto sobre la inflación seguiría siendo contractivo.