Aunque se presume algo más de tensión que en los fantásticos primeros seis meses de este 2026 en el frente financiero, todo indica que esta vez sí el Gobierno podrá disfrutar de un segundo semestre. Con un equipo de ministros ya reacomodado que lidera ahora Diego Santilli como flamante jefe de Gabinete, la nueva etapa ofrecerá oportunidades económicas para capitalizar políticamente sin que los logros queden eclipsados por ningún affaire, al menos no el de Manuel Adorni.
A menos que aparezca un nuevo cisne negro, el ministro de Economía, Luis Caputo, tendrá el camino libre para sacar pecho por una mejora del salario real que ya se empezó a evidenciar en abril, cuando superaron en promedio más de 1 punto a la inflación, un repunte tibio pero repunte al fin del consumo, un freno al deterioro en la calidad del empleo y, tal vez, hasta alguna mejora si se consolida la recuperación en los índices de actividad económica que hasta ahora viene en modo serrucho.
El dato de abril, con suba interanual de 1,6% pero un retroceso de 1,5% respecto del mes marzo, que a su vez había recuperado con creces la caída de febrero, dan muestra de esta sinuosa curva sobre la que hay expectativa de alza. “La economía ya está repuntando”, coinciden los economistas aunque el consenso es que no habrá euforia ni tampoco un boom de crecimiento este año.
Existe un motivo contundente para descartar “tasas chinas” de crecimiento y anticipar en su lugar un avance mediocre: la inversión no para de caer desde hace un año. En la era del RIGI y el Súper RIG, con millonarios anuncios uno más rimbombante que el anterior en energía y minería, los datos son inapelables. La inversión productiva en Argentina acumula cuatro trimestres consecutivos de contracción. En los primeros tres meses del año, el derrumbe fue de 11,6% en términos interanuales. Esas cifras evidencian, en el mejor de los casos, que los tiempos de la economía y de la política están desacompasados. En el peor, muestran que el principal motor de crecimiento que se identifica en este modelo económico, está apagado.
"En el primer trimestre de 2026 la inversión representó apenas el 17.7% del PIB, un nivel bajo para sostener un proceso de crecimiento más amplio y persistente", apunta Belen Olaiz, directora económica de la consultora MAP Latam. Destaca que ese registro se sitúa significativamente por debajo del promedio del 19,5% observado en la última década, si se excluye el año de la pandemia.
Esa dinámica va claramente a contramano de los objetivos económicos del Gobierno pero es, en gran medida, producto de sus propias decisiones. Es lo que se desprende de un informe reciente de la entidad Misión Productiva, que resume cinco puntos clave que explican la situación, entre ellos el bajo nivel de consumo interno, el freno a la obra pública y la escasez de crédito productivo. En términos generales, advierte: "la inversión es una variable particularmente sensible a las expectativas. Las empresas invierten cuando perciben oportunidades de crecimiento futuro, demanda creciente, acceso al financiamiento y reglas previsibles. Hoy, buena parte de esas condiciones siguen ausentes"
Esa es, precisamente, a partir de hoy la tarea de Santilli al frente del gabinete de ministros: crear las condiciones para que el Gobierno regenere las expectativas positivas y logre un cambio en el humor social acompañado de una mejora en el bolsillo. Tiene Santilli otra gran obligación, impuesta por la realidad que lo llevó a su nuevo cargo. En el Congreso quedó vedada la posibilidad de introducir cambios a la flamante Ley de Inocencia Fiscal, a la que Caputo apostaba todas sus fichas para lograr que gran parte de los casi US$ 300.000 millones que los argentinos tienen fuera del sistema alimentaran, justamente, el nivel de inversión. La adhesión de Adorni a ese régimen impidió siquiera empezar a plantear el tema con los legisladores y se asume que ahora será muy difícil avanzar incluso con su salida.
Por eso todas las fichas se orientan a otros proyectos clave, como la ley de zonas frías. Es uno de los proyectos que resulta esencial para el superávit fiscal ya que busca recortar los subsidios al gas establecidos en 2021 en el marco de la ley al ampliar las zonas consideradas “frías”. También el Super Rigi buscará ahora la aprobación en el Senado, aunque en ese caso se tratará de un triunfo político más que económico de impacto inmediato.
En cualquier caso, ya sin Adorni, el segundo semestre se presenta más luminoso que el primero.