Hace tres años, Blake Mycoskie, fundador de la marca de calzado Toms, decidió dejar atrás su semirretiro para embarcarse en un nuevo proyecto. Después de vender su empresa, el emprendedor anunció que destinaría US$ 100 millones durante los siguientes 20 años a financiar investigaciones sobre sustancias psicodélicas, promover cambios en la legislación y facilitar el acceso a estos compuestos con potencial terapéutico.
"Necesitamos cambiar las leyes y hacer llegar estos medicamentos a las personas que realmente los necesitan, porque ahora contamos con muchísimas investigaciones que demuestran que estas sustancias son casi milagrosas y que la gente está experimentando beneficios", afirmaba Mycoskie en una entrevista con Forbes en 2023. "Y para mí, eso justifica dedicarle una gran parte de mi patrimonio y mucho de mi tiempo", agregó.
Su interés por los psicodélicos no surgió únicamente de las investigaciones científicas, sino también de su propia experiencia. Mycoskie consumió San Pedro, un cactus que contiene mescalina, una sustancia con efectos psicodélicos, en una experiencia acompañada por un terapeuta. A partir de entonces, dedicó varios meses a la meditación y al tratamiento psicológico, un proceso que, según cuenta, fue decisivo para superar sus problemas de salud mental.
Sin embargo, pese a haber comprometido una parte importante de su fortuna para impulsar la investigación sobre estas sustancias, el fundador de Toms asegura que el factor más importante de su recuperación no fueron los psicodélicos, sino el acompañamiento terapéutico.
"La terapia es fundamental, sin duda", sostiene Mycoskie. Y concluye: "Sin la terapia, no habría mejorado".

La promesa de donar US$ 100 millones, una cifra equivalente a una cuarta parte del patrimonio neto que declaraba en aquel momento, sigue en pie. Sin embargo, la experiencia que atravesó en 2024, cuando sufrió una crisis de salud mental que incluyó pensamientos suicidas, cambió su manera de entender el papel de los psicodélicos en los tratamientos. A partir de ese proceso, Mycoskie llegó a una conclusión: estas sustancias pueden ayudar a iniciar la recuperación, pero no son suficientes por sí solas.
Según su propio relato, el verdadero punto de inflexión llegó cuando dejó de tomar distintos medicamentos psiquiátricos, después de recibir lo que considera un diagnóstico equivocado de trastorno bipolar. A esa decisión le siguieron varios meses de terapia y meditación con mantras, dos prácticas que considera fundamentales para su recuperación. Hoy sostiene que los cambios más profundos requieren un trabajo personal sostenido que ningún medicamento puede reemplazar por completo.
"La gente cree que son una píldora mágica, pero no lo son", advierte Mycoskie.

Su planteo introduce una mirada menos conveniente para una industria que busca desarrollar medicamentos a partir de sustancias psicodélicas. Para Mycoskie, estos compuestos pueden ser el comienzo de un tratamiento, pero la preparación psicológica, el acompañamiento terapéutico y el seguimiento posterior son fundamentales para sostener sus beneficios en el tiempo.
Su postura coincide con la de otros especialistas que advierten sobre los riesgos de presentar estas sustancias como una solución milagrosa para los problemas de salud mental, una expectativa que también gana terreno entre quienes promueven su utilización y los inversores interesados en el crecimiento de este mercado.
Lo llamativo es que una de las advertencias más contundentes proviene de Rick Doblin, fundador de la influyente Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos y considerado el "padrino" del resurgimiento de estas sustancias, quien insiste desde hace años en la misma idea. "Es la terapia, no los medicamentos", reiteró en más de una vez.

En 2024, Lykos, la compañía fundada por Doblin, sufrió un revés cuando la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) rechazó su solicitud para aprobar una terapia asistida con MDMA, una sustancia también conocida como "éxtasis" o "molly". Aunque el ensayo clínico presentó distintas irregularidades, uno de los principales cuestionamientos del organismo regulador apuntaba a una dificultad central: no era posible establecer con claridad cuánto de la mejoría de los pacientes se debía a los efectos de la sustancia y cuánto al acompañamiento psicológico que recibían antes, durante y después de su administración. "Eso demuestra que no es la droga", sostiene Doblin.
La comunidad científica todavía tiene numerosas preguntas por responder sobre el potencial terapéutico de los psicodélicos. Entre ellas, cómo actúan, por qué podrían resultar efectivos y qué pacientes podrían beneficiarse de su utilización para tratar la depresión, los pensamientos suicidas, el trastorno de estrés postraumático, las adicciones y otros problemas de salud mental. Así lo explica Rachel Yehuda, directora del Centro de Investigación Parsons para la Curación Psicodélica de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí, en Nueva York.
Para Yehuda, estas sustancias representan una alternativa que podría ampliar las posibilidades de tratamiento en el campo de la salud mental. Sin embargo, la especialista advierte que todavía existen importantes interrogantes sobre su funcionamiento y sus resultados, por lo que considera prematuro presentarlas como una solución milagrosa.
"Necesitamos comprender cómo utilizar esta nueva herramienta y este nuevo enfoque para obtener el máximo beneficio", señala Yehuda. Y advierte: "Lo que no debemos hacer es empezar a administrar psicodélicos a todo el mundo solo porque la FDA los apruebe".

El laboratorio que dirige Yehuda investiga el impacto de la ketamina en la salud mental y busca determinar qué importancia tiene el acompañamiento psicológico en los resultados del tratamiento. Para eso, compara la evolución de pacientes que reciben infusiones de esta sustancia en una clínica, sin apoyo terapéutico, con la de aquellos que participan en sesiones de psicoterapia asistida con ketamina.
"La pregunta que nos planteamos es si esto disminuirá aún más los síntomas o si, además de mejorar la experiencia, aumentará la duración del efecto del medicamento", explica la especialista. "El tiempo lo dirá, pero es un ejemplo del tipo de trabajo que este campo necesita. Debemos hacernos una pregunta muy sencilla: ¿qué ocurre cuando no se recibe la terapia y qué ocurre cuando sí se recibe?", agrega.
Para Yehuda, hay un aspecto que no debe perderse de vista: los psicodélicos tienen una larga historia de consumo recreativo, pero eso no significa que su utilización fuera de un contexto clínico produzca beneficios terapéuticos. "No curan la salud mental de las personas cuando se usan de esa manera", advierte.

Esta diferencia adquiere cada vez más relevancia en un sector que dejó de estar concentrado exclusivamente en la investigación científica y el financiamiento filantrópico para despertar un interés comercial cada vez más marcado. Después de décadas de prohibiciones y restricciones, distintas sustancias psicodélicas comenzaron a recorrer el camino hacia su posible aprobación como medicamentos por parte de la FDA, mientras las compañías que desarrollan estos tratamientos atraen inversiones y se convierten en protagonistas de operaciones millonarias dentro de la industria farmacéutica.
De hecho, las grandes empresas del sector compiten por adquirir los compuestos psicodélicos más prometedores, en una carrera que ya mueve miles de millones de dólares. En agosto de 2025, la startup biotecnológica Gilgamesh se convirtió en la primera empresa en vender un compuesto psicodélico a una farmacéutica, tras cerrar un acuerdo de US$ 1.200 millones con AbbVie por la bretisilocina, un nuevo análogo de la DMT, un psicodélico de acción rápida conocido como la "molécula espiritual", que Gilgamesh desarrolló y patentó.

Después de esa operación, Eli Lilly compró AtaiBeckley por US$ 2.800 millones, una compañía con una cartera de compuestos patentados que incluye 5-MeO-DMT, MDMA y otras sustancias. Por su parte, Otsuka adquirió Transcend Therapeutics, una empresa dedicada al desarrollo de medicamentos psicodélicos, por US$ 1.200 millones.
Ante la llegada de medicamentos psicodélicos aprobados, o "neuroplastógenos", como empiezan a llamarlos las grandes farmacéuticas, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) organizó a principios de septiembre un panel público para debatir sobre los posibles usos terapéuticos de estas sustancias. Durante la audiencia, médicos, terapeutas, farmacéuticos, veteranos, empresarios e inversores pidieron a las autoridades que establecieran criterios claros de seguridad y acceso antes de que cualquier tratamiento psicodélico llegue al mercado.
El tema incluso llegó a la Casa Blanca. En abril, el presidente Donald Trump firmó un decreto para acelerar la investigación médica y el desarrollo de tratamientos con sustancias psicodélicas.
Antes de comenzar a financiar investigaciones en este campo, Mycoskie apenas había probado sustancias psicodélicas en unas pocas ocasiones. Sin embargo, fue Tim Ferriss, conocido por su libro La semana laboral de 4 horas, quien lo convenció de orientar sus esfuerzos filantrópicos hacia la investigación de estas sustancias.
"Ferriss me dijo que en el mundo de la filantropía hay muy pocas cosas donde una cantidad tan pequeña de plata pueda tener tanto impacto para el bien de la humanidad", recuerda Mycoskie. "Esto fue antes de hacer la gran donación. La verdad es que si donara entre dos y tres millones de dólares a la investigación del cáncer, nadie se acordaría ni le importaría", agrega.
Desde que anunció su compromiso en 2023, Mycoskie donó US$ 18,5 millones a distintas organizaciones. Entre sus aportes figuran US$ 3,5 millones a MAPS, la organización fundada por Doblin; US$ 2 millones al Centro de Investigación sobre Psicodélicos y Conciencia de Johns Hopkins; US$ 1 millón a la campaña para legalizar el uso médico de determinadas sustancias psicodélicas en Colorado; y US$ 5 millones al Centro para la Ciencia de los Psicodélicos de la Universidad de California en Berkeley.

También destinó US$ 1,5 millones a cada una de estas tres organizaciones: Healing Advocacy Fund, de Oregón; la Coalición de Medicina Indígena, que impulsa proyectos de conservación en Perú; y Veterans Exploring Treatment Solutions. Además, aportó US$ 500.000 para financiar In Waves and War, un documental que sigue la historia de tres integrantes de los SEAL de la Marina estadounidense que recurren a la terapia asistida con psicodélicos para afrontar las secuelas psicológicas del combate.
Mycoskie asegura que mantiene su compromiso de alcanzar los US$ 100 millones en donaciones, aunque ahora sus prioridades cambiaron. Su interés se centra en ayudar a las personas a prepararse para la terapia asistida con psicodélicos, evaluar la suspensión de medicamentos psiquiátricos cuando exista una indicación clínica que lo justifique y garantizar el acompañamiento terapéutico antes y después de cada experiencia.
Para Mycoskie, la parte más difícil del proceso fue dejar gradualmente los medicamentos psiquiátricos. Después de recibir lo que él considera un diagnóstico erróneo de trastorno bipolar, los médicos le recetaron Wellbutrin, Abilify, Lamictal y Klonopin. Sin embargo, su depresión empeoró. En 2024, tras atravesar una crisis marcada por pensamientos suicidas, acudió a otro médico, quien determinó que no tenía trastorno bipolar y le recomendó suspender la medicación.
A partir de ese diagnóstico, Mycoskie decidió internarse voluntariamente durante 60 días en el Centro Alternativo a la Medicación, una clínica de Arizona especializada en la reducción gradual de medicamentos psiquiátricos.
"Ese lugar me salvó la vida", dice Mycoskie. "Me preocupa que la gente deje de tomar sus medicamentos psiquiátricos demasiado pronto, y hay muchos casos lamentables documentados cuando eso sucede", advierte.

Una vez que completó la reducción gradual de la medicación, su terapeuta, un reconocido psiquiatra especializado en terapia asistida con psicodélicos, le sugirió tomar una dosis baja de San Pedro durante una sesión. Mycoskie asegura que esa experiencia le permitió llegar a una revelación. Aunque todavía enfrentaba problemas de salud mental, esa nueva perspectiva lo impulsó a continuar con la terapia y la meditación hasta que, un día, sintió que finalmente se había recuperado.
En Estados Unidos existen pocos centros especializados como la clínica a la que acudió Mycoskie para reducir gradualmente su medicación psiquiátrica. Esa falta de alternativas ahora despierta su interés tanto como donante e inversor.
"Otra parte de mi labor filantrópica en el futuro será cómo invertir en empresas que puedan ayudar a la gente en este proceso, porque hoy en día no hay muchos recursos de calidad", afirma.
Mycoskie también quiere entrar en contacto con emprendedores que desarrollen negocios destinados a ayudar a las personas a prepararse para la terapia asistida con psicodélicos y a atravesar el proceso de integración posterior al tratamiento. "Llámenme, puede que invierta", asegura.
A pesar de que sus prioridades pasaron de los medicamentos al acompañamiento terapéutico, Mycoskie mantiene su convicción de que el futuro de la medicina estará estrechamente vinculado con los psicodélicos.
"Estamos en los albores de una nueva categoría de medicina que antes llamábamos ‘fármacos’, pero ahora empezamos a ver que, administrados correctamente y combinados con terapia, son medicamentos muy útiles", afirma. "Y es un momento apasionante para ser inversor y filántropo", concluye.
Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com