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Especiales
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11 Mayo de 2020 08.00

La educación a distancia o digital se consideró siempre una alternativa frente a la imposibilidad de acceder a la educación formal. El Coronavirus aceleró una tendencia en crecimiento: los modelos mixtos son el futuro.

Son las 8 de la noche en una Londres paralizada y un estudiante argentino del MBA de la London Business School escucha el rumor de que el decano podría decretar el cierre de la universidad hasta diciembre. Las clases, sin embargo, siguen. “Lo que está cambiando mucho es la experiencia. Un MBA se trata de discutir en clase o después de clase casos con gente que conoce mucho de muchos temas. No tener contacto para poder improvisar discusiones o simplemente establecer un vínculo sí es claramente una pérdida. Además se cayeron muchos internships, que te diría que es lo que más afecta la experiencia del MBA. Además del apriete financiero. Muchos contábamos con esos ingresos para financiar el programa”, resume.

Pero no todo es negativo. “En cuanto al contenido, no hay muchos cambios”, asegura. “Las clases de hecho funcionan perfecto. Nosotros usamos Zoom, se requiere que tengas la cámara encendida, y hay distintas herramientas para participar de la clase. Mientras hablan, los profesores muestran documentos o slides, y hasta arman grupos de estudiantes para que en 10 minutos resuelvan algo y después retomar la clase”.

El Coronavirus agarró al mundo desprevenido, y tanto empresas como gobiernos e instituciones educativas tuvieron que improvisar estrategias para que la vida siga. Y en el medio, algunos se están llevando algunas sorpresas. “Según las opiniones de los estudiantes, el formato de foro (complementado con algunas oportunidades de interacción) tiende a ser mucho más rico que una situación presencial”, escribió en Forbes US el profesor y consultor en temas de Educación Enrique Dans. “Sé que suena ilógico pero, en una clase presencial, los alumnos pueden participar a lo sumo uno o dos minutos cada uno. En un ambiente online asincrónico pueden hacerlo cuando quieran, aprovechar el tiempo para organizar sus pensamientos y hasta incluir otros recursos, como enlaces a notas o videos. El resultado, con una curva de aprendizaje relativamente simple, son discusiones más profundas y mejores oportunidades para aprender”, afirma Dans.

Al final del túnel, el confinamiento obligatorio habrá profundizado la tendencia hacia ampliar las capacidades humanas con herramientas digitales. Y lo que observan los especialistas es que el modelo online no es solo un sucedáneo de la experiencia educativa, sino que la complementa con recursos diferentes. “Si creemos que después de la cuarentena todo va a volver a ser como antes, me parece que nos equivocamos”, reflexiona Dans. “Un período de confinamiento como el que estamos viviendo debería ser el momento para brindarles la mejor experiencia posible a nuestros alumnos, una que esté a la altura de las expectativas que generamos. Si no, no podremos avanzar a la siguiente etapa: la de los cursos al mismo tiempo presenciales y online”.

Los problemas que enfrenta hoy en día el sistema educativo global son innumerables. Mientras el gobierno argentino intenta sostener el “no son vacaciones” con voluntarismo docente, incluso en Stanford los profesores reportan dificultades para llevar adelante sus programas de posgrado. “Este es un llamado de atención para todos”, dice John Katzman, el fundador de la plataforma de educación online Noodle Partners, en conversación con Forbes US. “La mayoría de las instituciones están desaprovechando la tecnología. No tenemos real pedagogía para estas situaciones”. Quizás haya llegado el momento de hacerlo.

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