Seis generaciones y 135 años en la Bolsa: la historia detrás de la "patente N°1" del mercado
La familia Aldazabal lleva más de un siglo invirtiendo en la Argentina. Su historia se remonta a 1890 y son los dueños del primer registro oficial en Caja de Valores. El pasado, presente y futuro de una dinastía financiera.

Durante el 135° aniversario de la sociedad de bolsa Aldazabal y Cía. S.A., una imagen domina la escena: los socios de la quinta generación se alinean para tomar la foto final del encuentro. Exequiel, Ignacio, Sebastián y Gustavo Aldazabal se posicionan junto a Rafael Zaffiro, actual CEO y socio, el "no Aldazabal" que, con décadas de experiencia en el mercado, fue convocado para comandar la siguiente etapa de la compañía. Y detrás de todo ellos, Lucas Aldazabal, sexta generación, a cargo del área de sistemas.

La postal sintetiza el momento actual de una sociedad de bolsa histórica que sigue apostando por generacional, profesionalizar la gestión y, al mismo tiempo, seguir siendo una empresa familiar. "Los socios anteriores eran tres, se fueron de la empresa y quedó la quinta generación de Aldazabal. Somos cinco socios actualmente que entre todos juntamos décadas y décadas en el mercado", resume Zaffiro. Su mandato es claro: más productos, más clientes, más profundidad, pero sin resignar la esencia familiar de la firma.

Sentados: Izq: Exequiel Aldazabal (Socio), Der: Ignacio Aldazabal (Socio). De Pie: Izq: Sebastián Aldazabal (Socio), Centro: Rafael Zaffiro (CEO y Socio), Der: Gustavo Aldazabal (Socio)

Don José, la patente N°1 y una educación con Bloomberg de fondo

La historia arranca en 1890 con Don José Aldazabal. En ese momento, Argentina atravesaba su primer default significativo marcando la primera crisis de balanza de pagos. En ese contexto Don José fundó la sociedad que, con el tiempo, se transformaría en la "patente 1" del mercado y que hasta el día de hoy en Caja de Valores identifica a Aldazabal como el primer agente registrado.

"Tener el uno siempre pesó. Nos acompañó. Es algo que todos recuerdan muy fácil porque hablás con alguien del mercado y te dice 'Aldazabal, la uno'", cuentan hoy los hermanos a cargo de la empresa.

La transmisión del oficio fue literal. Los Aldazabal recuerdan volver del colegio a los 7 años y preguntarle a su padre qué era una acción para poder explicárselo a sus amigos. "En los '90, mientras otros chicos miraban dibujitos, nosotros prendíamos Bloomberg para ver cómo habían cerrado los mercados", recuerdan entre risas.

La familia Aldazabal tiene la patente Nº1

Hoy la escena se repite con sus hijos. "Nuestros hijos tienen cuentas comitentes, invierten en acciones. A veces traen compañías que casi no conocemos, que cotizan en Australia y tienen 800 clientes. Es un mandato que uno va bajando sin quererlo", dicen. Y agregan: "En los chats familiares no se habla de fútbol ni del clima, se habla de mercado".

El peso del apellido (y de 135 años de crisis argentinas)

En el ecosistema bursátil argentino, "Aldazabal" es más que una razón social, es un apellido que implica historia y reputación. Los propios herederos lo admiten sin vueltas: "Te mentiríamos si dijéramos que no pesa. Es un apellido de mucho peso en el mercado bursátil. Tiene una responsabilidad".

La reputación no se construyó en contextos fáciles. La firma atravesó todos los ciclos de la economía local, que incluyen pánicos financieros, defaults, hiperinflación, convertibilidad, crisis de 2001, cambios de regulaciones. En el evento por los 135 años, el presidente de la Bolsa, Adelmo Gabbi, recordó que Don José fundó la empresa "en el año del pánico argentino" y la definió como la número uno no solo por antigüedad, sino por honestidad y convicción.

El modelo de negocios también explica la supervivencia. Perfil bajo, foco en el ahorro de largo plazo y relaciones que se miden en generaciones, no en trimestres. "En nuestro aniversario hubo familias con tres y cuatro generaciones invirtiendo con nosotros. Acá nada es de corto plazo. Ni corto ni mediano, es de largo plazo. Nuestro negocio no es colocar un producto de moda sino administrar patrimonios a lo largo del tiempo".

La familia Aldazabal lleva más de un siglo en los mercados argentinos

Boutique en la era de las apps

En un mercado dominado por plataformas masivas, onboarding 100% digital y comisiones bajas, Aldazabal juega otro partido. La tecnología no es el problema, de hecho, la casa desarrolló su propia app, su sistema de front office y tiene gran parte de los procesos automatizados, pero no es el centro de la estrategia.

"La tecnología para nosotros es un medio. No buscamos reemplazar a la persona. Queremos que el contacto siga siendo persona a persona y que la tecnología haga más fácil que todo fluya", explica Zaffiro.

El servicio es deliberadamente no masivo: "Tenemos la tecnología de un retail, pero queremos dar otro servicio. Siempre fuimos una compañía que se dedicó a grandes inversiones, familias, family offices, empresas. Es más un servicio que una plataforma".

Definen su estilo como "boutique" y "Taylor made", de acompañamiento cercano, recomendaciones personalizadas, construcción de carteras patrimoniales y no simplemente la ejecución de órdenes. El objetivo es que el cliente no solo compre un bono o un CEDEAR, sino que tenga una estrategia estructurada que pueda sostenerse e incluso heredarse.

Cambiar para seguir: la llegada del CEO y el plan de expansión

El aniversario 135 no fue solo una celebración sino que también marcó simbólicamente un cambio de etapa. Los tres socios de la generación anterior se retiraron y la quinta generación tomó el control accionario. Para gestionar esa transición y escalar el negocio, convocaron a Rafael Zaffiro como CEO y socio.

Zaffiro (sentado al medio) fue convocado por los hermanos Aldazabal para liderar la nueva etapa de la compañía

El plan es abiertamente expansivo. Hoy son unas 35 personas y proyectan llegar al menos a 60 en un año. El foco está en robustecer todas las áreas: front office, back office, mesa de operaciones, research y, sobre todo, el equipo comercial. "Las metas comerciales son agresivas, en captación de clientes, assets under management y todas las métricas del negocio", admite Zaffiro. 

2025 es el año de armado y 2026, el de despegue. Con la mesa ya funcionando, un equipo de research en marcha, con economistas que vienen de bancos internacionales y del sector público, y una base de clientes en crecimiento, la firma quiere profundizar su presencia local y global.

La expansión incluye una mayor oferta de productos internacionales, productos estructurados y, de la mano de otra empresa del grupo, un desarrollo más fuerte en real estate a través de fideicomisos, fondos cerrados y, eventualmente, tokenización de activos inmobiliarios cuando el marco regulatorio lo permita.

Sexta generación: de la Bolsa al área de sistemas

El símbolo más claro de la nueva etapa es Lucas Aldazabal, sexta generación, hoy responsable del departamento de sistemas. Eso refleja otro cambio de época, la industria financiera está mucho más atravesada por lo digital que nunca. Pero, en la lógica de la firma, la tecnología está al servicio del modelo de relación, no al revés.

Los socios actuales durante el festejo de los 135 años de la sociedad de bolsa

En paralelo, la discusión sobre redes, Instagram, TikTok y podcasts de finanzas ya llegó a las reuniones de directorio. "No te vamos a mentir, fue tema en la última reunión. Hay distintas edades y miradas, pero coincidimos en que son canales que tenemos que usar para construir marca y llegar a las nuevas generaciones. Lo que no va a cambiar es que detrás haya un equipo profesional grande", resumen.

Argentina como decisión, no como condena

Hay un dato que, en 2025, no es menor: todos los hermanos Aldazabal viven en Argentina. "Cualquiera de nosotros podría trabajar en cualquier lado del mundo. Rafael también. Y sin embargo elegimos vivir acá", dicen.

Zaffiro se suma a la lista. Tuvo ofertas para irse a trabajar a bancos en el exterior y las rechazó. "Me gusta vivir acá. Es un país en el que, si uno tiene ganas, puede hacer negocios y le puede ir bien. No es necesario irse para crecer".

Eso no implica encerrarse. La operación de Aldazabal es cada vez más internacional en productos y contrapartes, pero la base sigue siendo Buenos Aires. La tesis es clara y se enfoca en que la mejor manera de surfear la volatilidad argentina es con una administración profesional del patrimonio y una mirada global desde una base local.

Los Aldazabal trabajan con familias que ya llevan generaciones dentro de la sociedad de bolsa

Empresa familiar, reglas claras

Como toda empresa familiar, Aldazabal tuvo que aprender a separar el asado del comité ejecutivo. La escena se repite en varios testimonios: el viaje en auto con el padre, de la Bolsa hasta la casa, era "oficina"; al cruzar el portón, empezaba la familia. "Estamos muy acostumbrados a hacer el switch. En la oficina discutimos lo que haya que discutir. Después cortamos, y cuando estamos comiendo un asado, lo disfrutamos", cuentan.

La clave, dicen, fue siempre priorizar a la empresa por sobre los egos familiares y elegir socios que compartan valores. Un ejemplo es Roberto Álvarez, histórico socio no familiar, a quien recuerdan "como un tío más"; hoy su hijo sigue trabajando en la firma aunque él ya no sea accionista.

Para Zaffiro, que viene de fuera de la familia, el filtro fue el mismo: "De ninguna manera entraría un socio que no tenga los mismos valores que la firma". "Tenía que tener nuestros mismos valores. Eso y ser de Boca como toda nuestra familia", dicen entre risas los hermanos Aldazabal.

Familia Aldazabal

El mensaje al lector inversor

- ¿Qué le dirían a un potencial cliente que lee FORBES y quizás nunca operó con ustedes?

Zaffiro lo sintetiza en dos palabras: confianza y profesionalismo. "En este negocio manejamos dinero de otro, patrimonio que le costó mucho construir. La confianza es clave. Aldazabal tiene 135 años y la misma familia al frente. Eso, antes de arrancar, ya te dice algo", plantea.

El segundo punto es la forma de trabajar: no vender productos aislados, sino diseñar portafolios que contemplen riesgo, horizonte, sucesión familiar y diversificación internacional. "Somos socios de nuestros clientes en la administración patrimonial. La recomendación no es solo 'comprá este bono', sino cómo estructurar todo para que su familia pueda disfrutarlo a lo largo del tiempo", añade.

En un mundo saturado de gurús de TikTok y reels de finanzas con información muchas veces errónea, los Aldazabal apuestan a algo más básico y, al mismo tiempo, más difícil: escuchar. "Nos interesa saber cómo están sus hijos, su mujer, qué proyectos tienen. A partir de ahí, construir. No vendemos la moda financiera del día, vendemos tiempo y cuidado", dicen.

Después de 135 años, seis generaciones y un país acostumbrado a los sobresaltos, la firma quiere mostrar que el mercado de capitales argentino también tiene historias de continuidad. Y que, detrás de la patente número uno, la fórmula no tiene milagros: trabajo, familia y una idea fija de futuro de largo plazo.