Es hora de ordenar las obras: la desorganización en los desarrollos inmobiliarios cuesta entre US$ 1 y 3 millones por proyecto
La falta de control interno agrava la baja rentabilidad en los desarrollos. Presupuestos que se desvían hasta 50%, demoras en plazos y errores operativos ponen en jaque la sustentabilidad del negocio. La tecnología aparece como la única vía para ordenar procesos y proteger márgenes cada vez más ajustados.

Bruno Lerer fundador y Chief Business Officer de Lebane

Este año en Argentina cuando hablamos de desarrollos inmobiliarios hablamos de márgenes ajustados. La rentabilidad pasó a ser la preocupación central del sector en este 2025. Y no porque hubiese un faltante de demanda, sino porque los números de los proyectos dejaron de cerrar como antes. La suba de costos de materiales, mano de obra y logística pusieron a los números de las obras contra las cuerdas y la eficiencia pasó a ser un factor determinante a la hora de poner ladrillos.

Para ponerlo en contexto, si bien en los últimos meses del año se registró un descenso, el costo de construcción alcanzó en junio pasado el nivel más alto de los últimos siete años, según datos de la CEDU, mientras los precios de venta no acompañaron esos aumentos.

Pero lo preocupante no fue solo la macroeconomía. Hay un problema estructural, puertas adentro de las compañías, que agrava la situación y que amenaza la actividad del sector en 2026: la falta de visibilidad financiera real sobre los proyectos. En la mayoría de las obras no se sabe con precisión el estado de la cuenta, cuánto va a terminar costando o cuánto se necesita para completarla. 

De hecho, uno de los mayores puntos ciegos es la estimación de costos reales de los proyectos. Según nuestros registros, hoy los presupuestos de obras presentan una desviación del 35% al 50% respecto de su costo real, y los plazos de entrega se extienden sin razones claras. 

Así, la incertidumbre se transforma en un problema real para un negocio donde cada punto de margen cuenta. Porque se puede convivir con el riesgo del mercado, pero si además no hay control interno, es casi imposible que el desarrollo sea rentable.

Según datos que pudimos recolectar de más de 300 desarrolladoras y constructoras que utilizan nuestra plataforma de gestión, la ineficiencia operativa en una desarrolladora mediana puede representar entre el 10 y el 15% del negocio total. Esa desorganización genera pérdidas de entre US$ 1 y 3 millones por proyecto, relacionadas con desvíos no detectados, demoras en cobranzas, errores operativos como duplicaciones o pagos mal autorizados, entre otras trabas.

Todo esto se genera no por malas decisiones, sino por falta de información en tiempo real. El problema es aún más grave en un contexto de márgenes apretados: si no se tiene control real del proyecto, es muy difícil llegar al final de la obra sin romper el balance. Así, el que no sabe manejar bien la obra, pierde plata, porque el negocio está en la obra.

La clave está en la tecnología

Hoy, gestionar una obra solo con un Excel y un anotador es como salir a la ruta con un mapa de papel. En muchas obras los documentos sueltos, mails confusos, versiones múltiples sin trazabilidad ni claridad sobre pagos, certificaciones o avances reales son una receta para el fracaso.

Mientras puertas adentro de las compañías, los esfuerzos están en atender todos los frentes, ya son cada vez más los desarrolladores que entendieron que la tecnología puede ser su aliado para sobrellevar el difícil camino de ser emprendedor en la Argentina. Así, la tecnología aparece como una herramienta indispensable, no solo para optimizar procesos, sino también para proteger la rentabilidad: el orden, la previsibilidad y el conocimiento del dato ayudan a maximizar la rentabilidad de cualquier proyecto.

En un contexto donde cada centavo cuenta, la gran oportunidad para el sector está en revisar procesos internos y en profesionalizar la gestión de los proyectos con el mismo énfasis con el que se analiza la macro. La macro no la manejamos. Pero sí podemos manejar cómo trabajamos puertas adentro. Y ahí es donde la eficiencia se convierte en el único camino posible para preservar la rentabilidad.

La tecnología, en este escenario, es una necesidad. Porque permite ordenar, dar previsibilidad y transformar datos dispersos en decisiones concretas. Y desde mi opinión, cualquier tecnología o herramienta que se use para el sector debe contar con algunas características básicas, al menos, para ser de utilidad real.

Primero, la información tiene que estar centralizada y en tiempo real. Tiene que haber una sola fuente de verdad, donde todo esté ordenado y actualizado. Lo contrario es perder plata sin darte cuenta. Además, la tecnología tiene que estar hecha para el real estate argentino: ya probamos sistemas genéricos, complejos o pensados para otras industrias y sabemos que no funcionan. Acá hay un ritmo, una informalidad y una forma de operar que son muy nuestras. Si la herramienta no entiende eso, no se usa. 

Por otro lado, tiene que ser fácil de usar: en obra, o funciona rápido o no funciona. Sabemos que la herramienta tiene que adaptarse al equipo, no al revés. Y, por último, el futuro implica tener inteligencia que ayude a decidir. Ya no alcanza con ver lo que pasó, lo que viene es tener sistemas que te digan qué conviene hacer. 

Antes podías darte el lujo de improvisar. Hoy, si no tenés control fino, se te va el negocio en detalles. La tecnología no es una opción, es una necesidad para cuidar la rentabilidad. No hay margen para el desorden.


* Bruno Lerer es fundador y Chief Business Officer de Lebane