Elecciones en el país donde fracasan las teorías

La Argentina es ese país en el que fracasan todas las teorías, sentenció alguna vez la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. La elección del domingo parece darle la razón. Sergio Massa, ministro de Economía de un gobierno que cuenta con bajísimos niveles de aprobación logró ser el candidato más votado de la primera vuelta, no solo logrando retener los votos de Juan Grabois, sino también incrementando el caudal electoral de Unión por la Patria en casi 3 millones de votos. En cualquier otro país el oficialismo habría obtenido una derrota contundente, sin embargo, la coalición gobernante estuvo ayer a poco más de 3 puntos de lograr un histórico triunfo en primera vuelta, algo que no estaba en los planes de nadie, salvo tal vez del propio Massa

¿Cuál es la explicación de este resultado tan inesperado? La fragmentación de la oposición es una parte importante de la historia. Juntos por el Cambio asumió luego de las elecciones de 2021 que en 2023 volvería al gobierno. Esa creencia azuzó la disputa por la nominación presidencial a niveles insospechados de tensión, que a la postre terminaron alienando a un importante grupo de votantes. Horacio Rodríguez Larreta montó para las PASO una campaña diseñada para la elección general. Patricia Bullrich diseñó una campaña pensada en la primaria, pero que tras la sorpresa de las PASO, no resultó eficaz para la general. El desplome de Juntos por el Cambio, la única de las fuerzas en pugna que perdió votos entre agosto y octubre. Evidentemente una parte de sus votantes migró a otros espacios.

 

Sergio Massa logró ser el candidato más votado de las elecciones generales

 

La Libertad Avanza, que parecía acariciar el sueño de un triunfo en primera vuelta, se topó con la limitación que su propia campaña le puso a la hora de crecer entre agosto y octubre. Los exabruptos de Milei y de varios de sus adláteres difícilmente hayan contribuido a mejorar el desempeño electoral de los libertarios. 

Massa, logró ser el candidato más votado gracias a la fragmentación del voto opositor, a pesar de haber sido el candidato peronista de peor desempeño en una elección presidencial. Así y todo, la fragmentación es solo una cara de lo ocurrido ayer. Es sabido que los oficialismos corren con ventaja. La posibilidad de inaugurar obras, los recursos a disposición del gobierno, la chance de adoptar medidas de corto plazo con un objetivo electoral -algo que alguna vez definí como 'election targeting'- son todos ejemplos de esa ventaja con la que cuentan los oficialismos. Massa supo exprimir el jugo de esa ventaja hasta límites insospechados. Audacia y cálculo.

En tercer lugar, el factor miedo. Los contextos de fuerte volatilidad no son propicios ni para candidatos débiles ni para quienes pretenden apagar incendios con discursos propios de un piromaniaco. El miedo derrotó a la bronca. En momentos de crisis, el miedo paraliza y nos vuelve conservadores, partidarios del status quo. Finalmente, Massa logró que buena parte del electorado olvidara los resultados de su gestión económica, de los pobres resultados del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, y viera en él algo así como el “malo conocido”, preferible al “bueno por conocer”.

 

Javier Milei logró entrar al balotaje del 19 de noviembre

 

¿Está cerrada la partida ya? ¿Puede revertirse el resultado de la primera vuelta en el ballotage? Ninguna elección está ganada hasta que se terminan de contar los votos. Queda un mes de campaña y la ventaja de Massa, si bien es importante, no es decisiva. Dicho esto, es claro que al ser el “tapado” de la primera vuelta, y habiendo sorprendido superando toda expectativa previa, Massa ingresa a la campaña de la segunda vuelta como el favorito.

La experiencia comparada puede echar algo de luz sobre lo que podemos esperar. En América Latina se han decidido 56 elecciones a través del ballotage desde el comienzo de la ola democratizadora en 1978. Solo en 19 de ellas el candidato más votado de la primera vuelta fue derrotado en el ballotage. Ello ha sido más frecuente cuando la ventaja obtenida en el primer turno es menor a los 8 puntos y el apoyo electoral no supera el 40%. Dicho esto, hay casos de reversiones del resultado de primera vuelta con ventajas mucho más amplias, un fenómeno que se ha hecho mucho más frecuente en los últimos años. Los triunfos de Daniel Noboa y Guillermo Lasso en Ecuador en 2023 y 2021 respectivamente, de Luis Lacalle Pou en Uruguay en 2019 y de Pedro Pablo Kuczynski en Perú en 2016 son ejemplos de ello. En este sentido, no parece imposible que Milei, si tiene éxito en convertir la segunda vuelta en un plebiscito sobre la continuidad del kirchnerismo, logre derrotar a Sergio Massa. Sin embargo, en ese caso, la Argentina enfrentará un desafío en materia de gobernabilidad.


 

*Por Ignacio Labaqui, Politólogo, analista internacional y profesor de la UCEMA y UCA