Durante nueve días de febrero, el Buenos Aires Lawn Tennis Club cambia por completo. Más de 60.000 personas pasan por sus tribunas, los palcos se llenan de ejecutivos e invitados, decenas de marcas despliegan sus activaciones y algunos de los mejores tenistas del mundo llegan a Palermo atraídos, en muchos casos, por garantías (pagos acordados con determinadas figuras para asegurar su participación) que pueden alcanzar cientos de miles de dólares. Detrás de los partidos, el Argentina Open mueve sponsors, entradas, hospitality, derechos audiovisuales y una estructura gigante.
Pero este año el negocio sumó un movimiento mucho más grande que cualquier resultado dentro de la cancha. Durante el US Open, en Nueva York, Tennium terminó de cerrar la venta de la licencia del Argentina Open a la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), el organismo que administra el circuito masculino mundial.
Si bien el precio final quedó bajo confidencialidad, durante las negociaciones The New York Times informó que las ofertas iniciales por licencias ATP 250 rondaban entre US$ 15 millones y US$ 20 millones, mientras que las de torneos ATP 500 se ubicaban entre US$ 35 millones y US$ 45 millones.
El torneo continuará en febrero y, al menos hasta 2033, seguirá teniendo como escenario al Buenos Aires Lawn Tennis Club.
La operación, que se habría cerrado por más de US$ 20 millones, separó así dos funciones que desde 2017 estaban en manos de Tennium: la propiedad de la licencia del torneo y su organización. La ATP pasó a controlar la primera, mientras que la compañía continuará a cargo de la gestión del Argentina Open.
Los términos económicos de ese nuevo vínculo no fueron divulgados públicamente. Es decir, no se conoce cuánto recibirá Tennium por seguir operando el torneo ni qué participación conservará sobre sus ingresos.
Lo que sí se sabe es que no provocará un reseteo inmediato de los contratos comerciales. Por ejemplo, el acuerdo de naming con Grupo IEB, que convirtió al torneo en el IEB+ Argentina Open, se extiende hasta marzo de 2027 y, por lo tanto, seguirá vigente durante la primera edición bajo propiedad de ATP.
De unos pocos millones a un activo que valer más de US$ 20 millones
Tennium, con domicilio y oficina central en Barcelona, desembarcó en Buenos Aires en 2017. La compañía, fundada por el empresario belga Kristoff Puelinckx junto al extenista francés Sébastien Grosjean, se especializó en comprar, gestionar y desarrollar torneos profesionales, una clase de activo que durante los últimos años se revalorizó con fuerza a medida que el circuito buscó concentrar su calendario y mejorar la rentabilidad de sus eventos.
Cuando en Forbes Argentina entrevistamos a Puelinckx en 2023, el empresario explicó que, en los años en los que la compañía entró al negocio porteño, el fee de una licencia para un torneo de este tipo (250) se ubicaba entre US$ 2,5 millones y US$ 4 millones. También aseguró que el Argentina Open había dado ganancias todos los años desde el comienzo de la gestión de Tennium.
¿Cuánto dinero mueve el Argentina Open?
En 2026, organizar el Argentina Open demandó una inversión de entre US$ 5 millones y US$ 6 millones. Una parte relevante de ese presupuesto se destinó a las garantías o pagos acordados con determinadas figuras para asegurar su participación. Solo para esa edición, los compromisos inicialmente previstos por ese concepto superaban US$ 1 millón.
Del otro lado aparece una estructura de ingresos cada vez más diversificada. Aproximadamente la mitad proviene de los sponsors, mientras que el resto se reparte entre derechos de televisión, hospitality y venta de entradas. Según cifras publicadas, la ganancia se ubica entre el 15% y el 25% de lo invertido, una referencia que permite aproximarse a su dimensión económica, aunque no equivale a una cifra oficial de facturación.
El crecimiento respecto de algunos años atrás también muestra hasta dónde escaló el negocio. En 2024, Martín Hughes, ejecutivo de Tennium, estimaba que organizar el Argentina Open costaba entre US$ 3 millones y US$ 4 millones por año, sin contar inversiones extraordinarias en infraestructura. Dos años después, el costo estimado de montar el torneo ya se ubica, como mencionamos, entre US$ 5 millones y US$ 6 millones.
Por otro lado, hay que aclarar que si bien el público es la cara más visible del evento, no es necesariamente la más rentable. En 2026 pasaron por el Buenos Aires Lawn Tennis Club 62.451 espectadores, después de una edición 2025 que había superado los 65.000. Sin embargo, una de las áreas que más creció durante los últimos años fue la hospitalidad corporativa, donde las marcas pagan por recibir clientes, desarrollar relaciones comerciales y brindar una experiencia premium.
Martín Jaite, director del Argentina Open, explicó este año que el sector VIP pasó de albergar alrededor de 500 comensales a cerca de 800 en cinco años y que, aun después de esa expansión, continúa agotado y existe una lista de espera de empresas interesadas en contar con un palco para sus clientes. El crecimiento muestra el peso que ganó el segmento corporativo dentro del negocio del torneo.
La demanda, sin embargo, empieza a encontrarse con una limitación concreta: la capacidad disponible dentro del Buenos Aires Lawn Tennis Club. Si el Argentina Open quiere seguir expandiendo sus ingresos por hospitalidad corporativa, necesitará encontrar espacio para sumar palcos y ampliar las áreas destinadas a empresas y sponsors.
Por qué ATP quiso quedarse con la licencia
Para ATP, ser propietaria de la licencia le permite decidir con mucha más libertad dónde ubicar el evento dentro del calendario, sobre qué superficie se disputa y qué categoría ocupa. Hasta ahora, cualquier transformación profunda requería negociar con el propietario de la licencia. Después de la operación, ATP puede diseñar esa estrategia desde adentro.
Ese movimiento se produce mientras el circuito prepara una de las modificaciones más importantes de los últimos años. A partir de febrero de 2028, Arabia Saudita tendrá el décimo Masters 1000, creado a partir de una asociación entre ATP y SURJ Sports Investment, compañía controlada por el Public Investment Fund saudí.
El polvo de ladrillo, bajo discusión
El cambio de dueño también puede terminar modificando una de las características más tradicionales del torneo. El Argentina Open se disputa sobre polvo de ladrillo y forma parte de la gira sudamericana sobre esa superficie, pero el escenario empezó a quedar bajo presión a medida que ATP avanzó con la reorganización del calendario.
La posibilidad de pasar a cancha dura tomó fuerza después de la compra. Inicialmente, se analizaba una transformación para 2029, aunque posteriormente comenzó a evaluarse la posibilidad de adelantarla a 2028. No existe todavía una confirmación formal, pero el razonamiento es evidente: el nuevo Masters saudí se jugará sobre cancha dura y Buenos Aires necesita seguir siendo atractivo para jugadores que deben decidir cómo ordenar varias semanas consecutivas entre distintos continentes.
La cuenta pendiente del CAPEX
Hasta ahora, buena parte de las inversiones fueron asumidas por Tennium. Después de que ATP realizara una auditoría sobre el Buenos Aires Lawn Tennis Club (BALTC), la compañía se hizo cargo de distintas refacciones sin costo para el club. Entre 2022 y 2024 había destinado alrededor de US$ 1,25 millones a infraestructura, incluido cerca de US$ 1 millón en las obras realizadas para la edición de 2024.
Ese antecedente no determina quién financiará la siguiente etapa. Convertir el torneo a cancha dura, ampliar el complejo o transformarlo en un ATP 500 puede requerir un CAPEX considerablemente mayor, y el esquema ahora es distinto.
¿Puede el ATP de Buenos Aires convertirse en ATP 500?
Buenos Aires lleva años persiguiendo un upgrade. Ya intentó ascender de ATP 250 a ATP 500 y quedó afuera de un proceso anterior, pero la compra de la licencia por parte del propio circuito podría cambiar ese escenario.
El salto permitiría ofrecer más puntos para el ranking, atraer mejores jugadores y aumentar el valor comercial del torneo, pero también exigiría una mejora sustancial de la infraestructura. Actualmente se utilizan cinco canchas dentro del club y, para alcanzar los estándares de un ATP 500, serían necesarias al menos dos adicionales, además de mejores estadios secundarios y más espacio para hospitality, gastronomía y activaciones comerciales.
Ahí aparece uno de los principales desafíos del Buenos Aires Lawn Tennis Club: el predio tiene el valor histórico de su court central, que cumple cien años, con limitaciones de espacio para ampliar la escala del torneo. Tennium y el club firmaron en 2023 un acuerdo que garantiza la continuidad del Argentina Open allí hasta 2033, pero el texto completo del contrato no es público. Por eso, tampoco se conocen las condiciones que regirían eventuales obras, ampliaciones o cambios más profundos en la infraestructura.
La recompensa económica de transformarse en ATP 500 explica buena parte de la insistencia. Como torneo de categoría 250, Buenos Aires recibe alrededor de US$ 1 millón dentro del esquema de derechos audiovisuales y digitales centralizados del circuito. Si ascendiera a 500, ese ingreso podría acercarse a US$ 3 millones.
Tres actores y una misma semana
Después de la venta, el Argentina Open quedó sostenido sobre una arquitectura particular. ATP posee ahora el activo estratégico, la licencia que determina la existencia del torneo dentro del calendario. Tennium conserva la operación, con un acuerdo por cinco años y opción por otros cinco. El Buenos Aires Lawn Tennis Club aporta el activo físico, el escenario que tiene asegurado el torneo hasta 2033.
Detrás de ellos aparece además un cuarto jugador: el capital saudí que aceleró la transformación económica del circuito y que ayuda a explicar por qué ATP necesita tener más control sobre su propio calendario.
Para Tennium, la venta supone capturar la fuerte revalorización de una licencia acumulada durante casi una década sin abandonar inmediatamente un evento que continúa generando ingresos. Para ATP, comprar Buenos Aires significa algo distinto: no se quedó solamente con un torneo rentable, sino con la capacidad de decidir qué hacer con una de las semanas más disputadas de su calendario.
Por eso, la verdadera historia de la venta empieza ahora. El Argentina Open puede seguir siendo un ATP 250 sobre polvo de ladrillo en Palermo, pero también podría transformarse en un 500, mudarse a cancha dura y duplicar buena parte de su escala económica.
Las tribunas seguirán llenándose durante una semana de febrero. Lo que cambió es quién controla el negocio cuando las luces se apagan.