El inesperado regreso del CD: la Generación Z impulsa un nuevo negocio retro
Cuando el streaming parecía haberlo condenado a desaparecer, el CD volvió a crecer en Estados Unidos. Jóvenes que nunca vivieron su época dorada compran discos e incluso reproductores, mientras el K-pop, el coleccionismo y la búsqueda de una experiencia alejada del teléfono abren nuevas oportunidades para artistas, tiendas y fabricantes.

Durante años, el CD pareció seguir un camino sin retorno. Spotify y otras plataformas pusieron millones de canciones al alcance de un teléfono, el vinilo se convirtió en el objeto de culto de los aficionados a los formatos físicos y los viejos discos compactos quedaron relegados a estanterías, cajas familiares y tiendas de segunda mano.

En 2026, sin embargo, el formato que muchos consideraban obsoleto volvió a dar señales de vida. Los ingresos por CDs en Estados Unidos alcanzaron los 171,1 millones de dólares durante el primer semestre, mientras los ingresos totales por música en formatos físicos crecieron 25,9%, hasta 731,5 millones de dólares.

Las cifras varían según la metodología utilizada. Luminate, que mide las unidades vendidas, registró un crecimiento cercano al 7% durante la primera mitad del año, de acuerdo con WKOW. Rolling Stone, también a partir del informe semestral de Luminate, señaló un aumento del 16% en determinadas mediciones de ventas de CDs. Más allá de las diferencias, las distintas fuentes coinciden en una tendencia: el disco compacto recuperó compradores y una parte importante son jóvenes.

La Generación Z descubre un formato que puede poseer

Una de las particularidades de esta recuperación es que no puede explicarse únicamente por la nostalgia. Muchos de los nuevos compradores eran niños o ni siquiera habían nacido cuando el CD comenzó a perder terreno frente a las descargas digitales y, posteriormente, el streaming.

El fenómeno coincide con un interés más amplio de la Generación Z por tecnologías anteriores al smartphone, desde cámaras digitales y teléfonos básicos hasta auriculares con cable. Esos dispositivos pueden ofrecer una relación más deliberada con la tecnología, sin la sucesión permanente de notificaciones y recomendaciones que caracteriza a muchas aplicaciones actuales.

Hay un dato que muestra hasta qué punto cambió el significado del producto. Según Luminate, aproximadamente la mitad de los consumidores de la Generación Z y millennials que compran CDs no tienen un reproductor de CD.

En otras palabras, para una parte de los compradores el disco dejó de ser únicamente un soporte para reproducir música. También funciona como objeto coleccionable, pieza de merchandising y representación física del vínculo con un artista.

Esa transformación ayuda a explicar el papel del K-pop en el crecimiento.

Los fanáticos de grupos como BTS, Enhypen y Ateez acudieron durante 2026 a cadenas como Target y Walmart para comprar álbumes físicos. Los lanzamientos de K-pop representaron cerca del 10% de las ventas de CDs contabilizadas por Luminate en el período.

Los números de algunos álbumes muestran la magnitud del fenómeno. Arirang, de BTS, había vendido 567.000 CDs en Estados Unidos durante el año; The Sin: Vanish, de Enhypen, acumulaba 286.400 unidades; y Golden Hour: Part 4, de Ateez, llegaba a 263.000. Arirang encabezaba además los rankings de Luminate tanto en CD como en vinilo.

Los fanáticos de grupos como BTS, Enhypen y Ateez acudieron durante 2026 a cadenas como Target y Walmart para comprar álbumes físicos. (Photo by Tom Weller/picture alliance via Getty Images)

La industria encontró así una forma de adaptar un soporte nacido hace más de cuatro décadas a la economía contemporánea de los fandoms. Las ediciones pueden incorporar fotografías, tarjetas coleccionables, diferentes portadas y otros elementos que Spotify o Apple Music no pueden reproducir en una pantalla.

El K-pop explica una parte, pero no todo

El impulso de los grandes fandoms obliga, al mismo tiempo, a mirar con cautela las cifras generales. Un lanzamiento capaz de vender cientos de miles de copias puede alterar significativamente un mercado que es mucho menor que durante el apogeo del CD.

Sin embargo, al excluir los lanzamientos de K-pop, las ventas de CDs igualmente crecieron más de 6% durante la primera mitad de 2026. Eso sugiere que existe una tendencia que supera a BTS y otros grandes grupos surcoreanos.

También coincide con cambios más amplios en los hábitos de la audiencia joven. El 60% de los oyentes de la Generación Z escucha actualmente música de la década de 1990 o anterior. La recuperación de catálogos antiguos puede favorecer precisamente a un formato del que todavía existen enormes cantidades de copias disponibles en el mercado de segunda mano.

Y ahí aparece otra ventaja frente al vinilo: el precio.

Mientras los discos de vinilo nuevos pueden alcanzar valores elevados, los CDs usados pueden encontrarse por apenas unos pocos dólares. En Reino Unido, también se ve un creciente interés de consumidores jóvenes y una mayor demanda de reproductores, mientras comerciantes señalaban que el menor precio del formato era uno de sus principales atractivos.

Del disco al reproductor: aparece otro mercado

Si vuelve el CD, alguien también tiene que fabricar los equipos capaces de reproducirlo.

Esa segunda pata del negocio ya muestra señales de movimiento. En Reino Unido, la cadena John Lewis registró un aumento del 96% en las búsquedas de reproductores de CD desde julio, mientras algunos equipos llegaron a agotarse online.

Para fabricantes de electrónica, el fenómeno abre una categoría que parecía destinada a reducirse progresivamente. Equipos todo en uno, reproductores portátiles y dispositivos con estética retro pueden encontrar ahora consumidores que buscan algo diferente de un parlante conectado al teléfono.

En Reino Unido, por ejemplo, los datos del primer semestre muestran que el vinilo sigue siendo el gran motor del crecimiento físico y se acerca al CD en volumen. Forbes Argentina

El mismo razonamiento alcanza a las tiendas de discos. Los negocios independientes reciben así una fuente adicional de ingresos después de haber sufrido directamente la transformación digital de la industria durante los años 2000. El mercado de segunda mano puede ser especialmente importante porque permite ofrecer grandes catálogos a precios inferiores a los de otros formatos físicos.

El streaming seguirá dominando, pero ya no juega solo

Nada de esto significa que el CD esté cerca de recuperar el lugar que alguna vez tuvo.

El streaming continúa dominando ampliamente el negocio de la música y ofrece una comodidad contra la que ningún soporte físico puede competir. Incluso quienes están impulsando el regreso del disco compacto reconocen que las plataformas llegaron para quedarse.

La novedad está en que los dos modelos no necesariamente compiten por el mismo uso. Una persona puede escuchar música diariamente en Spotify y comprar el álbum de su artista favorito en CD. De hecho, que alrededor de la mitad de los compradores jóvenes relevados por Luminate ni siquiera tenga reproductor refuerza esa idea.

Para discográficas y músicos, esa convivencia es comercialmente atractiva. Una misma obra puede generar reproducciones digitales y, simultáneamente, venderse como un objeto físico de mayor valor, especialmente mediante versiones limitadas o coleccionables.

Para los retailers, significa recuperar espacio para una categoría que parecía perdida. Y para los fabricantes de hardware supone la posibilidad de vender nuevamente aparatos asociados a una tecnología que muchos habían dado por terminada.

El regreso tampoco es uniforme. En Reino Unido, por ejemplo, los datos del primer semestre muestran que el vinilo sigue siendo el gran motor del crecimiento físico y se acerca al CD en volumen, según Music Week. Por eso, todavía es demasiado pronto para hablar de una resurrección mundial del disco compacto.

Pero el caso estadounidense muestra algo diferente y potencialmente más importante para el negocio: una tecnología no necesita volver a ser dominante para convertirse otra vez en rentable.

El CD ya no compite con Spotify intentando ofrecer acceso a la música. Su oportunidad está justamente en ofrecer aquello que una plataforma digital no puede dar: un objeto que se puede comprar, regalar, coleccionar, exhibir y conservar.