Para los habitantes de Carrollton, una pequeña ciudad del oeste de Georgia, rodeada de árboles frondosos y atravesada por el río Little Tallapoosa, el apellido Richards, o al menos Southwire, suena familiar de inmediato. Muchos de sus 28.000 residentes trabajan en la empresa, cuya sede central funciona ahí desde hace más de medio siglo.
El fundador de Southwire, Roy Richards, fallecido en 1985, tuvo una fuerte participación en su ciudad natal: presidió la Autoridad Hospitalaria de la Ciudad y el municipio de Carroll, el Peoples Bank de Carrollton, la Cámara de Comercio del municipio de Carroll y también integró la Cámara de Comercio de Georgia.
La Facultad de Negocios Richards, de la Universidad del Oeste de Georgia, lleva su nombre gracias a una donación de su hijo, Roy Richards Jr., quien creó una fundación familiar en 1990 para mantener el apoyo a la ciudad y sus alrededores.
Southwire también es conocida por su aclamado programa "12 for Life", una colaboración de casi dos décadas entre la empresa y las escuelas locales que articula la enseñanza tradicional en el aula con empleos dentro de un ámbito fabril adaptado. La iniciativa elevó las tasas de graduación en las escuelas secundarias de la ciudad a más del 90%, frente al 64% registrado cuando el programa se puso en marcha, en 2007.
Fuera de Carrollton, Southwire no es una compañía demasiado conocida. Sin embargo, fabrica la mitad del cable que se usa para distribuir electricidad en Estados Unidos y su cableado eléctrico está presente en cerca de la mitad de los hogares estadounidenses, según la propia empresa. Emplea a más de 9.000 personas en al menos 40 ciudades de Estados Unidos y en varios países.
Gracias, en parte, a la suba del precio del cobre, a la demanda de infraestructura eléctrica tras la pandemia y, ahora, al auge de los centros de datos, los ingresos de Southwire alcanzaron un récord de US$ 9.700 millones en 2025, una cifra que, según Forbes, marcó un incremento de más del 50% desde 2021. Además, le dejó enormes ganancias a la familia Richards, que aún posee el 100% de la empresa y cuya fortuna asciende a unos US$ 13.100 millones, según estimaciones de Forbes. Ese patrimonio la ubica entre las familias más ricas de Estados Unidos.
Es probable que la fortuna familiar siga en ascenso gracias al auge de los centros de datos de IA. Según la Reserva Federal, entre 2021 y 2025 la inversión en ese sector se cuadruplicó, y hoy hay otros 1.500 centros nuevos en desarrollo en Estados Unidos. Estas instalaciones de IA funcionan con chips GPU ultrapotentes, que requieren entre dos y cuatro veces más watts de energía que los chips tradicionales.
Buenas noticias para la familia Richards. En noviembre de 2024, triplicó el tamaño de una de sus plantas en Carolina del Norte, donde produce cables de alta resistencia necesarios para ampliar los centros de datos de IA, entre otros productos. Southwire también invirtió US$ 1.800 millones en la modernización de sus instalaciones para quedar mejor preparada ante el impulso del sector. "[Southwire] busca mantenerse a la vanguardia", afirmó David Long, CEO de la Asociación Nacional de Contratistas Eléctricos.
Se prevé que para 2030 la demanda energética de los centros de datos de IA aumente un 175%. Sin embargo, la disponibilidad de energía ya aparece como una de las principales limitaciones para los operadores, incluso por encima del acceso a las GPU, según Southwire. Todo esto implica que las empresas de servicios públicos deberán revisar tanto la forma en que suministran electricidad como la manera en que administran los costos. En ese escenario, la necesidad de socios de infraestructura como Southwire será más importante que nunca.
Si bien la familia Richards y Southwire declinaron hacer declaraciones para este artículo, Forbes los entrevistó en 1967 y 1976, lo que aportó buena parte de la información sobre la familia y la empresa, además del sitio web de Southwire. La historia familiar se remonta casi 90 años, a 1937. Con el deseo de llevar electricidad a la casa de su abuela, Roy Richards, de 25 años, regresó a su hogar en el municipio de Carroll poco después de graduarse en el Instituto Tecnológico de Georgia y empezó a construir postes eléctricos. "La industrialización apenas comenzaba en el sur de Estados Unidos", declaró a Forbes en mayo de 1967.
Con la ayuda de una línea de préstamos federales destinada a llevar electricidad a zonas remotas del país, su empresa, Richards & Associates, dedicó los siguientes dos años y medio a tender 5.600 kilómetros de cable a través de las áreas rurales de Estados Unidos.
La Segunda Guerra Mundial interrumpió el programa de préstamos y la empresa se disolvió cuando Richards se alistó en el ejército, donde llegó a capitán, según la página web de Southwire. Para cuando volvió a Georgia, los postes que había construido ya no servían por la escasez de cables de la posguerra, cuya entrega, además, tenía una demora de cuatro años. "Sentí que tenía que haber una solución mejor", declaró Richards a Forbes en 1967, "y me metí de lleno en el negocio".
Así fundó Southwire en 1950: empezó a producir su propio alambre con maquinaria usada, un capital de US$ 80.000 y un equipo de 12 personas, entre ellas un exprofesor del Instituto Tecnológico de Georgia. En dos años, ya distribuyó 5 millones de libras de alambre. "Es útil no saber que algo es imposible", declaró a Forbes en 1976.
El siguiente gran salto de Richards llegó en 1963, con la invención del sistema de varillas continuas de Southwire, que automatizó varios pasos manuales del proceso de fundición de cobre y aluminio en bruto para convertirlos en las varillas usadas en la fabricación de cables. Southwire afirma que su sistema patentado, que reduce costos y aporta ingresos por regalías, hoy representa el 50% de la producción mundial de varillas de cobre, la principal materia prima de los cables y conductores de cobre, además de uno de los mejores conductores de electricidad.
"La mayoría de los empresarios ve la tecnología como un mal necesario", dijo un competidor de Southwire en 1976, "pero Roy la utiliza como una herramienta empresarial".
La empresa siguió adelante durante los años siguientes, aunque tuvo dificultades para conseguir el aluminio necesario para la producción de alambre. Por eso, en 1968, Richards emitió un bono industrial récord de US$ 142 millones para financiar una planta de fundición de aluminio, que puso en marcha como una empresa conjunta con National Steel, un productor siderúrgico estadounidense que finalmente quebró en 2003.
Richards dedicó el resto de su tiempo en Southwire a convertirse en lo que Forbes describió en 1976 como un "conglomerado unipersonal". Después del aluminio, sumó una fundición de cobre y, más tarde, un aserradero para despachar palés y bobinas. Southwire incluso llegó a tener sus propios pozos de gas y petróleo durante la crisis energética de la década de 1970.
Tras su muerte en 1985, su hijo mayor, Roy Richards Jr., asumió como CEO. Él y sus seis hermanos crecieron en una pequeña granja en Carrollton, justo en el límite donde las calles pavimentadas daban paso a caminos de tierra. De chicos, pasaban el tiempo entre la pesca, los paseos en bote por los arroyos y la caza de ardillas. En 1981, empezó sus estudios universitarios en Georgia Tech, la misma universidad de su padre, pero dejó la carrera para incorporarse cuanto antes al negocio familiar.
Roy Richards Jr. tomó las riendas justo cuando empezaban a aparecer los problemas. Las tasas de interés récord durante la recesión de 1981-1982 golpearon especialmente a las manufactureras con deudas importantes, como Southwire. La integración vertical de la que antes se enorgullecía, con casi todas sus plantas financiadas con deuda pública, empezó a traer dificultades cuando, al mismo tiempo, se desplomaron los precios del aluminio y el cobre.
"[Southwire] estaba recuperándose de una situación cercana a la bancarrota", recordó Richards Jr. en un video de 2022. "Márgenes muy ajustados, apenas rentable, todavía tratando de pagar la deuda".
Finalmente, lideró la recuperación al optimizar la producción, ampliar las ventas internacionales y poner el foco en la innovación. Los ingresos se cuadruplicaron durante la década siguiente, hasta alcanzar los US$ 2.000 millones. En 2001, cedió el cargo de CEO a Stu Thorn, un exejecutivo de otra compañía manufacturera familiar que se convirtió en el primer directivo de Southwire ajeno a la familia.
Durante la gestión de Thorn, Southwire se expandió a nivel internacional y empezó a adquirir empresas como Coleman Cable y el fabricante de herramientas Maxis. En 2016, Rich Stinson, un veterano de la industria eléctrica, sucedió a Thorn. En la década siguiente, Stinson aceleró el crecimiento de la empresa mediante nueve adquisiciones antes de cederle el puesto a Ganesh Ramaswamy, veterano de Baker Hughes, en diciembre de 2025.
Mientras tanto, Roy Richards Jr. siguió como presidente todos estos años, al mismo tiempo que dictó clases como profesor adjunto de Estrategia en la IE Business School de Madrid, España, durante los últimos 15 años. En ese rol, fue un fuerte defensor de la mejora del historial ambiental de Southwire y de su transformación en una compañía líder en sostenibilidad.
Tras reconocer el daño ambiental que la empresa causó en las décadas de 1970 y 1980, ya que la EPA detectó suelo y agua contaminados alrededor de la planta de producción de aluminio de Southwire en Kentucky, impulsó una fabricación más sostenible y respaldó iniciativas climáticas. Entre ellas, presidió por un tiempo Drawdown Georgia, una iniciativa estatal que trabaja por una Georgia sin carbono, y creó Nuthatch LLC, una empresa social centrada en la protección de tierras en el sureste de Estados Unidos. Tiene más de 2.000 hectáreas en proceso de desurbanización y renaturalización.
Richards no afirma que Southwire esté ahora por encima de cualquier crítica, pero señala que cambió de manera deliberada. También ayuda que la nueva generación de accionistas familiares se comprometió de lleno con la sostenibilidad. "Queremos ser la vanguardia, los progresistas, los pioneros de ese cambio", declaró Roy en 2022.
El desarrollo rápido y polémico de los centros de datos representa una enorme oportunidad, pero también una prueba todavía mayor para Southwire, una empresa que asumió compromisos ambientales. En zonas rurales de todo el país, los vecinos denunciaron que estas nuevas instalaciones provocan una fuerte contaminación sonora y expresaron su temor a una suba en las boletas de energía. Aunque Southwire es una compañía global, sus raíces comerciales y culturales están firmemente ancladas en Georgia, un estado que propuso un proyecto de ley para prohibir a los gobiernos locales autorizar centros de datos hasta 2028. Carrollton cuenta con un centro de datos y otro en construcción en sus alrededores.
Sin embargo, resulta innegable que los centros de datos generaron una gran cantidad de oportunidades para empresas como Southwire dentro de la industria de fabricación de equipos eléctricos. "La aceleración hizo que todos pensaran de manera diferente", dijo Long. "[Los centros de datos] son un motor, pero no son los únicos beneficiarios".
Es bastante seguro que la familia Richards, siempre tan reservada, será una de las grandes beneficiarias, aunque no hable de eso. Las viejas costumbres son difíciles de dejar atrás para una familia que mantuvo la tradición de Roy Richards de conservar la empresa en manos privadas. "Es una ventaja", declaró Richards en 1976. "Mantener un perfil bajo tiene muchas ventajas, y no perdemos tiempo con trámites burocráticos ante la Comisión de Bolsa y Valores. Al principio, ninguno de los banqueros sabía quiénes éramos. Ahora eso no supone ningún problema".
Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.