Llega a Londres una retrospectiva única de Julio Le Parc
A días de su muerte en París, la Tate Modern prepara una gran muestra dedicada al artista argentino, figura central del arte cinético y óptico, que transformó la luz, el color y el movimiento en una experiencia activa para el espectador.

La muerte de Julio Le Parc, el 30 de mayo en París, llegó en la antesala de una retrospectiva clave para leer su legado. “Julio Le Parc. Luz. Color. Acción” reunirá en la Tate Modern de Londres instalaciones interactivas, esculturas lumínicas y pinturas geométricas de gran formato entre el 11 de junio de 2026 y el 3 de mayo de 2027

La muestra invita a volver sobre la trayectoria del artista argentino, una figura central del Op Art y del Arte Cinético, que convirtió el color, la luz, el espacio y el movimiento en materia de experimentación.

"A través de mis obras, siempre he buscado que los espectadores se comporten de manera diferente", afirmó. "Quería encontrar formas de combatir la pasividad, la dependencia y el condicionamiento ideológico ayudando a los espectadores a desarrollar su capacidad de pensar, comparar, analizar, crear y actuar", agregó.

Esa búsqueda también apareció en su colección de centros de mesa de edición limitada para la porcelana francesa Bernardaud. Déplacement sur Plateau o Desplazamiento sobre una meseta, cubierta por una franja cromática y líneas texturadas de avance progresivo, dialoga con su serie Desplazamiento. Sus láminas reflectantes quiebran y multiplican la imagen, y producen efectos ópticos desconcertantes cuando el espectador rodea la pieza visual.

Después aparece su emblemático “Cilindro de luz continua”, una obra de la que Julio Le Parc realizó distintas variaciones desde 1962. La pieza provoca en los visitantes la sensación de ingresar en una construcción hipnótica y contemplativa, hecha con madera, discos metálicos superpuestos, lámparas, espejos de plexiglás y motores. Dentro de una sala completamente oscura, esos elementos proyectan haces de luz fragmentada en forma circular y transforman el espacio en una experiencia visual envolvente.

Le Parc hizo distintas variaciones de “Cilindro de luz continua” (Foto: Alebaires.BA)

En las obras inmersivas, interactivas y multisensoriales de Le Parc, la experiencia del espectador ocupó siempre el centro de la escena. Su propuesta tomó distancia de una idea de arte destinada a un público pasivo, separado de la obra y forzado a aceptar sin intervención la mirada del artista. "Mis primeras conversaciones con artistas como Francisco Sobrino y François Morellet nos llevaron a cuestionar por qué el público permanecía mayoritariamente pasivo en la experiencia de la exposición", afirmó.

"Queríamos poner a prueba la idea de que el público era incapaz de comprender el arte contemporáneo. Al centrarnos en la experiencia visual y óptica del espectador, fomentamos gradualmente una participación más activa y descubrimos que las personas eran perfectamente capaces de interactuar con las nuevas propuestas artísticas, apreciarlas o rechazarlas. Observaban, reflexionaban y formaban sus propias opiniones", agregó.

Con un interés cada vez más marcado por la participación activa del espectador y con el propósito de acercar el arte a públicos más amplios, Julio Le Parc incorporó siempre la idea de juego y de inestabilidad visual en sus obras. Sus instalaciones laberínticas lo muestran con claridad, con pisos, techos y paredes de rayas blancas y negras, además de estructuras espejadas que desorientan al público y ponen en tensión su percepción del espacio. 

 Julio Le Parc incorporó siempre la idea de juego y de inestabilidad visual en sus obras (Foto: Rob Oo)

Lo mismo sucede con las pinturas de la serie “Alquimia”, donde puntos multicolores de pigmento se despliegan sobre fondos blancos o negros. "Optimismo siempre", repetía y escribía. En su luminoso taller de Cachan, en las afueras de París, el artista conservaba una energía casi infantil y un humor pícaro, aun durante sus jornadas diarias de trabajo.

En ese espacio, una sala histórica dedicada a obras de la década de 1960 se asemeja a un salón de juegos recreativos y convoca al público a participar. Máquinas ruidosas zumban, vibran y giran entre luz, sombra, sonido, movimiento e ilusiones ópticas. Una caja de listones, con un mecanismo oculto, proyecta líneas horizontales de luz sobre la pared, a la vez que el rebote luminoso en discos espejados suspendidos genera innumerables reflejos, como destellos de una bola de boliche.

El propio rostro sonriente de Le Parc, proyectado sobre la pared, aparece y se desenfoca en “Imagen vibrante, autorretrato”. En “Movimientos sorpresa”, el conjunto motorizado establece un vínculo directo con el público, que presiona distintos botones para activar ruedas giratorias, tiras que rebotan y cuentas en vibración hechas con materiales diversos. Cada pieza en movimiento suma, además, un sonido propio.

Nacido en 1928 en Mendoza, Julio Le Parc llegó a Buenos Aires a los 14 años. Hijo de un maquinista de tren de vapor, se formó en la Escuela de Bellas Artes de la ciudad, donde tuvo a Lucio Fontana entre sus profesores. En ese ambiente tomó contacto con las ideas de avanzada del neoconcretismo, de fuerte presencia en Sudamérica. Para sus referentes, la abstracción geométrica funcionó como una declaración política frente a la dureza de los regímenes militares de la época.

Julio Le Parc se formó en la Escuela de Bellas Artes (Foto: Ministerio de Cultura de la Nación)

En 1958, una beca del gobierno francés le abrió las puertas de París, ciudad que consideraba "el centro del mundo del arte contemporáneo". Allí conoció al artista del Op Art Victor Vasarely y profundizó sus investigaciones pictóricas sobre la forma, el color y el movimiento, a través de composiciones abstractas de figuras geométricas que parecían danzar sobre la superficie. Trabajó con sistemas predeterminados y repetición para crear combinaciones infinitas, y redujo su paleta a 14 colores, capaces de cubrir todo el espectro de mezclas cromáticas posibles, junto con el negro, el blanco y el gris.

En 1960, cofundó el Groupe de Recherche d’Art Visuel, conocido como GRAV, junto con artistas como Morellet, Sobrino e Yvaral. En ese período creó sus primeros relieves y “Móviles Continuos”, mientras su investigación saltó a las tres dimensiones e incorporó el movimiento y la luz. Sus obras lumínicas, proyectadas, reflejadas o pulsantes, nacieron de su práctica pictórica y de una búsqueda precisa por mostrar el carácter variable de la profundidad y la percepción.

Aunque Julio Le Parc quedó asociado como precursor del arte cinético y del arte óptico, rechazaba esa lectura reducida de su obra. "El problema con etiquetas como estas es que se vuelven tan amplias que pueden significar casi cualquier cosa", explicó. 

"A veces me agrupan con artistas cuyo trabajo puede parecerse al mío superficialmente, pero que abordan su práctica de forma muy diferente. Algunos han construido un estilo reconocible principalmente para ganar visibilidad o éxito comercial, integrándose profundamente en el sistema. Sin duda, es más fácil para el mercado, los museos y el mundo del arte en general cuando un artista puede identificarse con una estética única y coherente. Sin embargo, mi propia práctica siempre ha estado impulsada por un espíritu de investigación y exploración que ha evolucionado con el tiempo, en lugar de por el deseo de pasar cuatro o cinco décadas repitiendo variaciones de la misma idea", señaló.

Después de participar en la denuncia de gobiernos totalitarios en América Latina desde la década de 1940, Le Parc tampoco aceptaba definirse como activista político. "Lo veo como parte de ser ciudadano; todos podemos contribuir", insistió. "Si los visitantes salen de mis exposiciones con un mínimo de optimismo, eso es suficiente. El arte que expone el sufrimiento y la injusticia tiene su lugar, pero también puede fomentar la resignación. Creo que el optimismo puede ser más constructivo, ayudando a las personas a afrontar sus desafíos y quizás inspirando un pequeño sentimiento de resistencia o cambio", sostuvo.

La mayor preocupación de Le Parc fue fue preservar una libertad creativa capaz de atravesar distintos soportes (Foto: Atelier Le Parc, 2026)

Le Parc nunca subordinó su obra al éxito comercial. Su mayor preocupación fue preservar una libertad creativa capaz de atravesar distintos soportes, ya fuera una obra sobre papel, una pintura sobre lienzo, una escultura o incluso una pieza de realidad virtual. Con una mirada de artista-investigador, encontraba impulso en la posibilidad de experimentar sin pausa en la construcción de espacios completos, donde la forma, el espacio, la luz y el movimiento funcionaban como sus materiales centrales.

Cuando le preguntaron qué consejo les daría a los artistas nuevos, evitó las fórmulas. "No tengo ningún consejo que ofrecer, porque cada uno debe encontrar su propio camino. Pero si los jóvenes artistas reflexionan sobre sus circunstancias y las contradicciones del arte contemporáneo, entonces, a través del trabajo duro, la libertad y el tiempo, podrán descubrir y expresar lo que llevan dentro", respondió.

Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.