Si el nuevo Gabinete no corrige los desequilibrios fiscales, el fracaso será rotundo
El déficit fiscal asciende a 6,2% del PBI. El mayor apoyo político a Sergio Massa es condición necesaria, pero no suficiente para abordar ese problema.

Como respuesta a la crisis y a la dinámica que esta tuvo presente en las últimas semanas, y a la par que se estaba negociando con organismos internacionales y se anunciaban medidas para incentivar la liquidación de exportaciones de soja, se anunció una nueva renovación del gabinete y como principal cambio tuvimos la designación de un ministro de economía con mayor sustento político. 

No obstante, el éxito de su gestión dependerá de que ese liderazgo político sirva para ser usado como ancla y se pueda abordar el problema fiscal (que es clave y preocupante). En efecto, la ministra de economía saliente marcó con énfasis que el problema central es de naturaleza fiscal y que el actual desequilibrio en las cuentas públicas (en un contexto de limitado acceso al crédito) lleva a excesos de emisión monetaria que provocan inflación alta y creciente. Al no contar con un sostén político consistente, las medidas que propuso para revertir la situación fueron insuficientes y parciales, cuando se necesitan políticas de fondo (lo que explica que la crisis haya adquirido gran volatilidad). 

Este sostén es condición necesaria pero no suficiente. Lo que resulta fundamental es partir de un diagnóstico correcto y usar ese liderazgo político para diseñar e instrumentar la estrategia más conducente. Basándonos en el diagnóstico de Batakis, y apelando a los datos del propio Ministerio de Economía y del BCRA,  en el primer semestre del 2022 se observa que el déficit fiscal primario fue de 2,2% del PBI, el pago de intereses por parte del Tesoro fue de 1,5% del PBI y el pago de intereses por parte del BCRA fue de 2,5% del PBI. 

massa y alberto

En pocas palabras, el desequilibrio fiscal asciende a 6,2% del PBI. Al exceso de gastos por encima de los ingresos públicos y los intereses que el Tesoro nacional debe pagar por su deuda en letras y títulos públicos, se le suma intereses que paga el BCRA por las Leliqs y los Pases. Estos instrumentos (para absorber los excesos de emisión monetaria) y su uso indiscriminado lleva a retroalimentar la emisión. No quedan dudas que el diagnóstico de la exministra no es una exageración.

El origen del desfasaje fiscal se vislumbra varias décadas atrás. Aunque la actual tendencia obliga a tomar medidas rápidas y profundas con un fuerte sustento político. En este aspecto, el nuevo ministro tiene ventajas respecto a su antecesora. Pero para revertir la crisis depende de un plan para abordar el desequilibrio fiscal y los apoyos necesarios dentro de su propia coalición para implementarlo. Este último punto es el que genera interrogantes. 

Es orientativo que las áreas más desestabilizantes de las cuentas públicas (energía, ANSES, entre otras) son las que aparecen menos mencionadas. Asimismo, hasta ahora se puso énfasis en la política cambiaria y monetaria. Estas medidas (como ocurre con las que ya se tomaron para incentivar la liquidación de la soja) aumentan la emisión monetaria y, por carácter transitivo, el desequilibrio del BCRA.

BCRA

 

El mayor apoyo político del actual ministro versus el de la saliente funcionaria es una diferencia importante pero no definitoria. De utilizar esta fortaleza para diseñar y aplicar una estrategia centrada en desandar la dinámica fiscal, hay posibilidades de revertir la aceleración inflacionaria. Caso contrario, si el liderazgo político es para intentar eludir la corrección de los desequilibrios fiscales (y dejarlos para la próxima administración) mediante algún artilugio cambiario y monetario, el fracaso será el resultado inexorable.