El "éxodo laboral" se terminará porque la evolución necesita a las personas
Los movimientos "The great resignation" y "Big quit" que nacieron en 2020 impulsados por el lockdown por Covid-19 están tocando fondo frente a una realidad: las personas vuelven a las oficinas por decisión propia y empiezan la carrera por la adopción del conocimiento y adaptación al nuevo rol en donde las nuevas tecnologías serán las encargadas de sumar calidad de vida laboral. ¿Cuál es el rol de las empresas en el darwinismo post pandemia?

Hubo un período, no hace mucho, en donde las empresas más grandes del mundo se convertían en los mejores lugares para trabajar porque ofrecían una suerte de "amenities" que tienen como objetivo atraer y retener talentos, pero además, conseguir la lealtad de los mismos, lo que sería igual a "ponerse la camiseta".

En aquel entonces, se corrieron los escritorios de las oficinas para dejarle lugar a las mesas de ping pong, a los pufs para pensar y se recrearon escenarios de comunidad en donde representantes de diferentes equipos llevaban sus planes e ideas para debatirlas con otros.   

El cuadro era atractivo, pero la insatisfacción seguía siendo parte del medio ambiente laboral. Los empleados perdían el encantamiento por la oferta tentadora en menos de lo que cantaba un gallo, y de a poco empezaron a sentirse más y más tentados por la vida del "freelo" que no es más ni menos que la de un emprendedor, quizás como empezaron los dueños de las empresas para las cuales calzan las camisetas.

 

Sin embargo, no fue sino hasta que comenzó la pandemia, que el sueño de trabajar en remoto desde la playa empezó a convertirse en una tendencia tan vertiginosa como la misma crisis sanitaria.

Fue así como la conectividad y las herramientas tecnológicas convirtieron los livings, habitaciones, cocinas y balcones de casas y departamentos en el simulacro de la paradisíaca playa.

Empezó el éxodo

Por paradójico que suene en la actualidad, aquello que ahora -pero en verdad desde siempre- representa una amenaza para los puestos laborales (y me refiero a la tecnología) es lo que dió la oportunidad a los primeros osados que durante la pandemia empezaron con lo que más tarde se denominó como una tendencia.

"The great resignation", "Big quit" o "Quiet Quitting" se desarrollaron como manifestaciones que no pasaron desapercibidas luego de que el trabajo remoto se convirtiera en una opción para luego representar una verdadera preocupación.

 

¿La tecnología acaso complotó en contra de las mismas empresas? En lugar de permitir que los equipos y las nuevas herramientas acelerarán los procesos, los primeros no demoraron en saberse indispensables y agarrarse de ese bastión para reclamar cuantas objeciones tuvieran en el tintero -justamente, no pedían una partida más de ping pong, ni el día libre para sus cumpleaños. 

¿Podría decir que la tecnología motivó la reacción? Sí, y puedo justificar el hecho de que, de un momento para el otro, el mismísimo Silicon Valley se vació y que la amenaza de un todopoderoso de las Big Tech de echar a todos se convirtió más rápido en un meme que en una levantada de guante.

Pero acaso este coletazo psicológico fuera positivo, la masa de empleados que dejó sus sillas para trabajar en el "aparente" paraíso pronto se dió cuenta que la burbuja tiene más costos que libertades. Podría decir, también, que la estimulada reacción se empezó a convertir, por fortuna, en proactividad. 

El darwinismo post pandemia y la formación del mindset proactivo

Después de sacar las mesas de ping pong de las oficinas y de que los empleados expresen la rebeldía con la que adolecieron la evolución, llega el momento de volver a las bases, lo que no significa en absoluto que retomaremos la normalidad tal y como la conocíamos.

 

Ahora mismo atravesamos una primera etapa del darwinismo post pandemia en donde es menester formar un mindset proactivo. 

Tal inquietud parte de las personas, y no de las empresas, aunque estas últimas tendrán que estar abiertas al entendimiento de la información que imparte el sentido humano, básicamente, porque los negocios siguen estando en manos de los humanos quienes -como viene pasando desde la Revolución Industrial y hasta ahora, pero en distinto grado de complejidad- tienen que entender antes de hacer.

Por parte de las empresas, es decisivo que trabajen cuanto antes en diferentes estrategias para enfrentar el desafío de crear culturas de trabajo sostenibles. 

Pero por si acaso esto causara más incertidumbre que certezas, y basándome en las conclusiones del reciente Congreso Internacional de Innovación Educativa del Tec de Monterrey, aquí les comparto algunas claves que considero que no pueden pasar desapercibidas:

-El trabajo y el aprendizaje serán una constante para llevar adelante un cambio de mindset apuntado a resultados proactivos. En este sentido, agrego un planteo que retengo de una de mis lecturas recientes -El sinsentido común, de Borja Vilaseca- que bajo la advertencia del mismo autor: "Pase lo que pase, nuestra vida nunca volverá a ser la de antes", somos protagonistas de una "metamorfosis cultural" en donde el aprendizaje adquirido hasta ahora quedará obsoleto más tarde o más temprano, y lo que nos toca aprender está todavía en desarrollo. Tanto las empresas, como los gobiernos y los individuos en sí mismos tienen que tomar una decisión en cuanto al lugar que ocupan como creadores del destino que tendremos.

 

-El conocimiento y las habilidades son generadores de seres creativos capaces de sortear este tsunami, y unos cuantos más. Si bien el Reporte del Foro Económico Mundial del 2020 advierte que aproximadamente el 85% de los puestos de trabajo del 2030 todavía no fueron creados (y por tanto, el trabajo anhelado por la generación Z o también llamada Centennials, es posible que todavía no exista), esta generación se introducirá al mercado laboral con exigencias cuyo origen parten desde su educación, y hasta las motivaciones por las cuales llevan adelante un rol en una empresa o en una ciudad. Por tanto, es imprescindible desaprender lo aprendido para volver a aprender todo lo que sea necesario como seres críticos y creativos. 

-Es preciso apretar el botón para resetear nuestras mentes y dejar de entender a las tecnologías como una competencia o una amenaza, sino como una herramienta. Muchas empresas tecnológicas están despidiendo empleados, dejando entrever con ello que las tecnologías exponenciales los reemplazan, cuando en realidad tales acciones esconden otras decisiones que nada tienen que ver con la inteligencia artificial, sino con la desinteligencia humana a la hora de definir estrategias comerciales y de inversión. Como sociedad, nos toca hacer una doble lectura de la realidad y para ello no es necesario que investiguemos mucho, la información está cada vez más cerca.

-La zanahoria y el hilo ya no son un recurso de retención. Los equipos fluirán y las empresas tendrán que entender e implementar ese flow de conocimientos. Ni éxodo, ni despidos, sino más bien, objetivos y mejor cultura de trabajo. Es el momento de darle un "para qué" a los empleados o colaboradores que los interpele y los haga parte de un objetivo. 

 

Lo tan temido ya está sucediendo. Empezamos a experimentar la era exponencial y nada será como antes. Pero, al final de cuentas, el temor es sólo una exacerbación de la ciencia ficción.

Ya existen los autos que se manejan de forma autónoma y que empiezan a circular con pasajeros, robots que sirven la comida rápida, algoritmos que aprenden a razonar como lo harían los humanos para brindar respuestas lógicas, etc.

Es cierto, es posible que ahora mismo crean que la tecnología es "ella" y no "esto". La tecnología no es una persona, sea cual fuera su función, todavía es un "algo" o una "cosa" que requiere de las personas para funcionar, pero no para "existir", básicamente, porque la existencia es un concepto que no atañe a las cosas, diría René Descartes, sino hasta que piensan en ello.

Y si algo quisiera que quede en sus mentes en base a esta columna es que, a diferencia de un pedazo de cera derritiéndose en el fuego como explicación existencialista de los seres y las cosas, la tecnología puede tomar diferentes formas, tantas como nosotros queramos darle con el solo objetivo de hacer que nuestras vidas sean más disfrutables.

Ni éxodos, ni despidos. Evolución.

 

*La columna fue escrita por Oscar Barone, CEO de Conciliac