Un puente llamado SGR

13 de Agosto de 2018 - Patricio Ballesteros Ledesma

 


La financiación avalada, que permite multiplicar el crédito de las pymes a tasas razonables, crece a un ritmo exponencial. Cómo funciona este sistema de fondeo que hoy tiene 14.000 clientes y cuáles son sus ventajas.

Nosotros damos garantías a las pymes, no monetizamos”, aclara Gustavo De Gennaro, CEO de Aval Federal, una SGR inscripta en el Banco Central como garantía preferida A. “Otorgamos avales para que consigan en el mercado de capitales o financieros los fondos que necesitan para operar”, agrega, y despeja cualquier duda acerca de la razón de ser de las SGR; una que, aun sin monetizar, es sumamente valiosa.

Es que, para las pymes, el acceso al financiamiento siempre fue un problema; las SGR surgieron como la llave que abrió el candado del crédito restringido y, de la mano de la tecnología, se destacan en el universo fintech. Hasta hace poco, la banca privada no tenía líneas específicas y focalizaba su cartera en individuos y grandes cuentas, así como la banca mayorista solo apuntaba al segmento corporate y la Bolsa de Comercio era vista como exclusiva. La aversión al riesgo cambió cuando surgió el aval: la pyme ya no va sola a buscar dinero, ahora cuenta con asesoramiento y una garantía de pago sobre el crédito solicitado.
Desde que surgió la industria de las SGR, hace 15 años, cerca de 30.000 pymes argentinas recibieron avales sobre un universo de 800.000 en todo el país: el potencial del negocio salta a la vista. Esta herramienta funcionó como un atractivo para mirar a las pymes con otros ojos y destrabar las líneas de préstamos al minimizar el riesgo con el traslado a un tercero confiable.

Las SGR comenzaron a operar como si fueran las unidades de riesgo crediticio del sector bancario, para un mercado con volumen atomizado y poco atractivo que estaba desatendido. Hoy, son 36 sociedades activas y, en conjunto, garantizan el financiamiento de las pymes por $ 36.200 millones en todo el país. El ranking del departamento pyme del Ministerio de Producción lo encabeza Garantizar (del Banco Nación), seguida por Acindar Pyme, Aval Federal, Los Grobo e Intergarantías.
Y la última información disponible de la Sepyme muestra números muy alentadores para el sector. Por ejemplo, la cantidad de nuevas pymes asistidas, es decir, aquellas que ingresan al sistema de garantías recíprocas, muestran un incremento interanual del 90%. Darío Wasserman, presidente de Garantizar, confirma el buen momento que atraviesa el sector: “En nuestra compañía, si miramos los resultados acumulados de enero a junio de 2018, tenemos una performance excelente. Duplicamos el monto de garantías emitidas en ese período, pasando de
$ 3.000 a $ 6.000 millones, con un saldo de garantías total de casi 10.000 mipymes, que son el 70% de las empresas asistidas por el mercado”.

Crédito y algo más

Cuando una SGR recibe a una empresa que busca un aval, primero determina que se trata de una pyme inscripta y, acto seguido, analiza su balance para ver si es sujeto de crédito. Para eso, las solicitantes cuentan con un sistema de precalificación inmediata en la web (y también en una app para IOS y Android, en el caso de Aval Federal) conocido como “simule su crédito”, que les permite adelantar un paso. Luego, se realiza la entrevista en la SGR sobre el pedido concreto; por ejemplo, una línea de $ 5 millones para cheques propios, $ 8 millones para terceros, $ 10 millones por préstamos bancarios.
Hay muchos productos en el mercado y, para cada solicitud, se establece un tope de aval, de acuerdo con su potencial capacidad de repago. Si todo está en regla, a las 72 horas se instrumenta el aval, que es la forma de “materializar la teoría” y, con el balance de la pyme a la vista, la SGR establece cuáles líneas son factibles de garantizar. Al socio partícipe le cobran una comisión por estructuración por única vez, que va del 0,45 al 0,75% según la línea solicitada y, luego, un porcentaje anual con relación al riesgo que toma la SGR.

Gustavo De Gennaro

“En nuestra compañía, buscamos cambiar la forma de pensar. En el pasado, le dábamos los avales a la pyme para que consiguiera lo que le hacía falta. Hoy, nos sentamos junto al dueño para pensar dónde quiere estar en los próximos tres años. Nuestros asesores comerciales ya no son solo oficiales de cuentas”, señala De Gennaro, quien antes trabajó casi dos décadas en el JPMorgan y el Bank of America.

El CEO de de Aval Federal se refiere así a que los problemas de caja se pueden resolver con la rápida y fácil negociación de cheques, pero el verdadero desafío es conseguir capital para invertir en proyectos y buscar la sustentabilidad. En este sentido, como la SGR tiene los papeles de la pyme a la que avala, también puede gestionarle la apertura de cuentas en los bancos, donde hay cientos de millones de pesos disponibles a mediano plazo y a tasas muy convenientes. Por caso, en Aval Federal lanzaron como novedad el año pasado los cheques propios a sola firma con aval hasta $ 3 millones, que funcionan como un descubierto bancario, lo que les permite a las pymes descontarlos en la Bolsa o el mercado de capitales a valores razonables.
En el mercado argentino, además del scoring sistematizado del crédito, para determinadas operaciones de aval se utiliza una escala de visitas, que consiste en el traslado de un asesor al domicilio de la pyme para entrevistar al propietario y verificar su operatoria. Más allá del comité virtual, ese encuentro presencial permite fidelizar el vínculo e incluso surgen nuevas oportunidades de financiación. Sin embargo, en el sector aseguran que el modelo pyme local en su mayoría es artesanal, familiar, por oposición al profesionalizado. “Hay carencia de recursos: el dueño de una pyme no tiene músculo ni tiempo, está básicamente preocupado por cubrir la quincena y, cuando escucha hablar de prospecto de emisión de ON pyme avalada, se agarra la cabeza”, confiesa un especialista del sector. Gran parte de las pymes tienen pasivo de corto, están muy apalancadas y nunca pasan a pasivo de largo, ni saben que pueden hacerlo sacando un pagaré bursátil, que es como un cheque a 6 o 36 meses. Esto es conveniente para los que tienen ingresos en divisas porque exportan parte de su producción, o una constructora que vende sus metros cuadrados en dólares; pueden matchear la moneda, pagar una tasa del 11% en lugar del 40% y alargar el plazo. Otros productos que tomaron impulso mediante SGR fueron las líneas de inversión productiva de las entidades públicas (LIP) y algunos bancos privados, con una tasa del 17% y hasta siete años de plazo. Estas alternativas alivian la carga de la pyme y le permiten crecer en ese lapso.
Para dar sus avales, las SGR exigen una contragarantía de la pyme, como una fianza personal, un campo, un inmueble o una prenda sobre una maquinaria. Las que venden con cupones de descuento también pueden ceder en garantía la cobranza de estos para obtener la línea de crédito. “Muchas pymes tienen guardados en el cajón activos de valor que no necesariamente son hipotecas o prendas y no los ponen en juego como garantía performance. Por caso, un productor que vende soja a futuro a Cargill en el MAT de Rosario tiene un contrato en el cajón que, una vez analizado el riesgo, puede servirle como garantía y no lo sabe. Todo activo de valor tiene su precio”, explica el CEO de Aval Federal, que en el último ejercicio pasó de una cartera viva de $ 530 millones a $ 1.550 millones.

La demanda se divide en cinco sectores: industria, comercio, agro, servicios y construcción, y la clave para las SGR es distribuir de forma equilibrada el mix. El monto promedio que las pymes solicitan para aval es $ 1.800.000 para capital de trabajo a mediano plazo e inversiones, según indica Garantizar. En cambio, para cheques de pago diferido avalados, el valor es inferior a los $ 100.000. “Del total de garantías emitidas a la fecha, un 90% se monetiza a través de los bancos, lo que nos permite que sean sobre financiamiento de mediano y largo plazo”, dice Wasserman.

En el primer trimestre de 2018, el mercado de las SGR se mantuvo estable y, como consecuencia del estancamiento de la actividad económica, desde abril pasado cayeron las operaciones con el mercado de valores. “Como las empresas venden menos, cobran menos y no negocian sus cheques de terceros. Pero en mayo aumentó la cartera irregular, con varias pymes que recibieron cheques sin fondos, y tuvimos que salir a cubrirlas”, comenta De Gennaro.
Sin embargo, todo indica que el rol de las SGR seguirá siendo clave: en junio, a pesar de las turbulencias cambiarias y económicas de la macro, las carteras de las SGR empezaron a regularizarse y muchas pymes renovaron sus pedidos de nuevas líneas de crédito. El puente sigue intacto.

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