Mismo juego, misma cancha

13 de Marzo de 2017 - Alberto Padilla

 


El consenso del mercado es que 2017 es el año en el que no sólo la Argentina saldrá de su recesión, sino que incluso tendrá un repunte importante.

Todo dice que la economía del país crecerá al menos 2,7%, que no está nada mal, sobre todo viniendo de dos años de recesión. Pero incluso un importante sector de analistas -extranjeros, no locales- apuesta a que la Argentina crecerá al menos un 4%. Esto solo en 2017, los subsiguientes deberían ser incluso mejor.

Y hay buenas razones para ello, unas hechas en casa, otras de importación. Sobre éstas últimas, hay que decir que el ciclo de los commodities ya va al alza. Quizá no veremos, en el mediano plazo, los celestiales precios que disfrutamos antes, pero tampoco veremos los infernales niveles recientes. En todo caso, serán niveles de precios muy convenientes y sostenibles en el tiempo. Adicionalmente, las señales indican que las cosechas este año vienen muy buenas.

En segundo lugar, el entorno económico exterior también está al alza. Con la excepción de Brasil, todo el resto de los mercados relevantes para la Argentina está registrando aceptables niveles de crecimiento: China, Europa, Latinoamérica, Estados Unidos.

Por el lado de las razones hechas en casa, como todo en la vida, ya con no decir mentiras, a uno le va bien. Así, con el solo hecho de sincerar las variables económicas, con dejar de mentir en inflación y tipo de cambio, la Argentina va a ganar mucho. Siempre hubo oportunidades para invertir pero, si un inversionista cualquiera -no tiene que ser sofisticado- no puede conocer la verdadera inflación y el verdadero valor del dinero, tampoco puede ponerle un valor -un precio- a lo que está adquiriendo o invirtiendo.

El mismo juego

Pero ahora que la Argentina está jugando el mismo juego que el resto del mundo, también puede aspirar a jugarlo en la misma cancha. El país quedó tan rezagado, tan atrás, tan cerrado por tanto tiempo, que hoy se presenta como una de las opciones más atractivas del mundo.

Durante el tiempo en que la Argentina estuvo cerrada, en el mundo en general, pero en Latinoamérica en particular, se dio un torrente de inversión extranjera: mercado de capitales, construcción, tierras productivas y fábricas. Hoy, en la Argentina, todo eso está ahí en espera de que alguien venga a recogerlo.

Por el lado interno, queda mucho por hacer y sufrir. El sinceramiento se tiene que dar en toda la economía, no solo en las variables financieras. El problema de vivir en una economía de la mentira es que es insostenible en el tiempo. Un gobierno no puede manipular y subsidiar precios por siempre. Cuando hay que dejar de hacerlo, el problema se hace aún mayor que lo que era antes de que se comenzara a hacer.

Los servicios y los precios

Los argentinos se quejan de los aumentos a los servicios, pero los precios no eran reales. Por cada precio irreal que se paga, las finanzas del Estado se descomponen aún más. El problema de los gobiernos populistas no lo tiene el populista, sino quién viene después: es al que le toca pagar los platos rotos.

Mauricio Macri no subió los precios de los servicios, solo ha dejado de controlarlos. Ha dejado de utilizar dinero del Estado para pagar parte de la cuenta de cada argentino. En todo caso, este año la economía vuelve a crecer y la inflación, lento pero seguro, va a la baja. Los argentinos deberán a comenzar a notar la diferencia en el corto plazo.

Solía decir que la Argentina era un país único porque era el único país con control cambiario, con recesión económica, con inflación manipulada. Ahora, ya la Argentina dejó de ser única. Y eso es muy bueno.

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