Daniel Pelegrina: “Se está mirando más lo que sucede en la City que en el motor productivo”.

3 de Junio de 2019 - Santiago Eneas Casanello

 


El presidente de la Sociedad Rural, comparte su visión de la crisis y afirma que “el principal error son las retenciones ”.

“El principal problema es la inflación. No podemos seguir con estos desequilibrios, es algo que desde hace 50 años no se puede dominar y los políticos deberían ponerse de acuerdo de una vez, asumir que es un flagelo para todos los argentinos y decidir terminar con esto”. Estas palabras categóricas salen de la boca del presidente de la Sociedad Rural, Daniel Pelegrina. Ingeniero agrónomo de la UBA, es un productor rural de la localidad de Castilla, en el norte de la provincia de Buenos Aires, y desde los años 80, parte de la política activa de la más antigua de las asociaciones rurales del país.

Fotos: Juan Ulrich

El campo parece ser algo así como la última esperanza. De manera casi dramática, se espera que se liquide la cosecha e ingresen “los dólares del campo”. ¿Cómo ves la coyuntura?

Estamos en un momento bisagra para Argentina. Se abre la oportunidad de generar los cambios profundos que necesita este país, que viene desde hace 70 años haciendo distintas cosas mal. En ese sentido, hay que interpretar lo económico como una película que, pese a la ansiedad propia de los argentinos, no puede ser rápida y fácil, porque tantos años de desajuste en cuestiones no solo de la economía sino de la democracia misma hacen que la reconstrucción sea lenta. Dicho esto: tenemos al campo como un protagonista importante, por lo menos para esta administración, desde hace tres años y medio. No fue así para la anterior. Argentina, dolorosamente, nunca sintió orgullo de ser un país agroindustrial. Muchas veces se miró al campo como la vaca lechera que hay que exprimir hasta el último litro. Y vimos un cambio de tendencia en ese sentido. Con diálogo, intención de reconstruir una sinergia entre lo público y lo privado, y a partir de ahí con cuestiones importantes.

¿Por ejemplo las exportaciones de carne?

Esa fue una buena sorpresa en el sentido de que veníamos haciendo todo mal, sobre todo en los años kirchneristas, para perder mercados y prestigio. Pero la excelencia de nuestra carne, que en el mundo siguen valorando, permitió reconstruirnos muy rápido y abrir mercados que ya estaban colonizados. La carne es un buen ejemplo de algo que se hizo bien. Lo mismo diría con los limones. O el maíz, que cuando se le sacaron las retenciones hubo un espectacular incremento en las superficies cultivadas y los rindes. Ese Macri, el que le sacó las retenciones al maíz, era el que nos gustaba. Tomando decisiones fuertes.

Cuando se produce una devaluación, se percibe que el campo es un sector favorecido. ¿Es así?

No, es al revés. Estos movimientos bruscos en el tipo de cambio nos complican mucho por la cantidad de nuestros costos asociados al dólar. Precios que se desbalancean automáticamente y todo es peor. Por ejemplo, fertilizantes, agroquímicos, tecnología e incluso los combustibles, que tienden a internacionalizar sus precios.

¿En qué creen que hay un “debe” por parte del Gobierno hacia el campo?

No nos cansaremos de decir que el principal error son las retenciones. Hay un tema anímico, además del económico. Porque confiábamos en el camino propuesto que era, sin retenciones, generar rentabilidad y volumen, y movimiento en toda la economía del interior. Y que, a partir de ese círculo virtuoso, el Estado pudiera captar impuestos. Por problemas que se comprenden, porque hay un incendio que hay que apagar con las mangueras disponibles, la realidad sobre la política de retenciones cambió, y ese es un golpe anímico para los productores. Y después hay aspectos macro que golpean nuestro negocio.

¿Como cuáles?

Hoy tenemos unas tasas insostenibles e insoportables para cualquier actividad privada. Cualquier proceso de transformación de la materia prima necesita inversiones y tasas que sean acordes a la rentabilidad del productor agropecuario que, en general, es baja. Tal vez, otra crítica que podemos hacer es que se está mirando más lo que sucede con la estabilidad financiera que con el motor productivo. Entiendo que la sábana es corta y que hay que arbitrar una economía desarmada, pero muchas veces se mira más la City, las pizarras y los índices que a los empresarios que producen o al interior del país.

¿Cómo ves el interior? ¿Qué clima se vive?

La gente tiene desazón y está preocupada por el momento económico. Aunque también tiene una mirada distinta a la de Buenos Aires y otro ánimo hacia el futuro, especialmente en el sector agropecuario. Es una energía distinta a la de la capital. La otra vez, alguien me dijo: “En Buenos Aires está la fábrica de veneno”. El productor tiene un estilo de vida distinto, que quiere seguir teniendo, más tranquilo, ligado a su familia y a su naturaleza. No piensa: “Vendo el campo y paso todo lo que tengo a tasa”. No hay posibilidad operativa ni es su vocación.

¿Cuáles son hoy los principales temas de preocupación hacia adentro del sector?

Temas más bien de coyuntura. Cuál es la mejor salida para la lechería. El peso mínimo de faena. O si podemos exportar novillos. Si conviene la negociación con la Unión Europea en algunos sectores. Temas impositivos. Impacto de tasas municipales. Los caminos rurales. Mucha agenda que tiene que ver más con lo micro. Intentamos tener una mirada de faro largo. Al menos eso propone la Sociedad Rural.

¿Cómo ven los socios la coy untura electoral este año? ¿Tienen un candidato favorito?

Intentamos no tomar partido sino aportar ideas y acompañar buenas políticas. Nosotros apoyamos o no las distintas políticas de esta administración. Pero el gobierno anterior fue directamente la “antipolítica” agropecuaria. Veremos a los candidatos que aparezcan y tengan la mejor oferta según lo que imaginamos para la política agropecuaria. Después, cada uno sabrá dónde meter su voto.

¿Cómo ves el lugar de Argentina en el mundo? ¿Hay que abrirse más? ¿Apuntar incluso a acuerdos de libre comercio?

La historia indica que, con el intercambio comercial, vienen el desarrollo y el crecimiento. Argentina debe integrarse al mundo de manera inteligente y de modo más agresivo. Y no solo es trabajo del Estado sino también de los privados. No hay que tenerle miedo al ida y vuelta. Ser proteccionista provoca grandes costos.

¿Cómo son hoy los emprendedores rurales?

Tenemos una ventaja enorme: la juventud de nuestros productores, que tienen un altísimo nivel de capacitación, son inquietos, y muestran ingenio y creatividad. Si mejorara la conexión a Internet, que está peor que nunca, nuestros pueblos podrían ser el embrión de grandes proyectos, no solo del agro sino de tecnología.

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