Así piensa el hombre más rico de la Argentina

16 de Mayo de 2017 - Alex Milberg

 


Alejandro Bulgheroni, el hombre más rico de la Argentina, cuenta cómo su familia y empresa superan la muerte de su hermano Carlos. Su relación con los Macri y el futuro del país con Vaca Muerta.

En lugar de ir al piso más alto, adonde está su oficina en obra, vamos al más bajo. Atravesamos una puertita que pasa desapercibida a la vuelta del ascensor con una botonera de seguridad. Del otro lado, una recepción angosta con luces mortecinas que termina en una sala de reuniones sin ventanas. De otra puerta casi invisible, a un costado de la sala, emerge Alejandro Bulgheroni, el hombre más rico de la Argentina con una fortuna estimada en US$ 3.300 millones.

Chairman del Grupo Bridas tras la muerte de su hermano Carlos en septiembre del año pasado, Bulgheroni ocupa el puesto 581 en el ranking global de multimillonarios de FORBES.

A diferencia de Donald Trump, que se enojaba con la revista porque decía tener más dinero que el publicado, Bulgheroni, al igual que la mayoría de los empresarios argentinos, prefiere no hacer comentarios al respecto.

En cambio, durante una hora de charla, sí se extenderá sobre el futuro del país, la situación de la industria petrolera y su visión del presidente Macri. Y aunque se siente más cómodo hablando sólo de petróleo, aceptará compartir las experiencias personales que le marcaron su vida: desde su relación personal con el dinero y el poder hasta la influencia de su padre, los mayores obstáculos que debió superar, la relación y los recuerdos de su hermano y el futuro de la tercera generación de una empresa que se convirtió en la segunda productora de gas y petróleo de la Argentina.

¿En qué cambió su rol desde que es el chairman del grupo, luego del fallecimiento de su hermano?

Yo he estado mucho tiempo al frente de la compañía, no es que ahora me cambie la vida. Con mi hermano, teníamos una relación en la que él estaba en un lado y yo en otro, y manejábamos las cosas muy independientemente. Recién en los últimos años yo me alejé un poquitito por otra cuestión, que no tiene que ver con el manejo de la empresa.

¿Qué extraña de su hermano?

El sentido de la urgencia (sonríe). A mi hermano, cuando tenía 29 años, le dijeron que se moría en cinco meses. Y a partir de ese momento, quiso hacer todo ayer, y tuvo esa angustia de que tenía que hacerse todo urgente. Eso fue una característica que tuvo hasta el último día, porque una vez que se empezó a manejar de esa forma, no pudo cambiar. Después, durante años, consultamos muchísimo todo lo que tenía que ver con los negocios, decisiones. Y ahora lo extraño porque él tenía otra mentalidad totalmente distinta a la mía.

¿En qué se diferenciaba?

Teníamos otro carácter, nos complementábamos.

¿Cómo fue esa convivencia en la conducción de la empresa por más de 30 años?

Cuando mi padre nos llamó, nos dijo que dejaría de trabajar, pero que, si queríamos, seguiría con nosotros con la condición de que después trabajáramos juntos. Ahí nos enganchó, los dos recogimos el guante y seguimos trabajando juntos, y teníamos, en ese sentido, una gran unidad. Papá siguió hasta el último día. A partir de ese momento, nos repartimos las tareas. Carlos tomó los temas administrativos, financieros y legales, porque era abogado, y yo lo operativo, porque soy ingeniero.

¿Y, ahora, cómo es el traspaso de una generación a otra?

En aquel momento, veníamos trabajando los tres juntos hacía años. Igual, uno nunca se prepara para ese momento difícil. Nos dolió cuando papá nos dejó. La ida de Carlos fue más anunciada pero, al final, siempre termina siendo imprevista. Pero, como ya he dicho, la familia está fuerte y unida y la empresa, organizada, y espero que así pase a la próxima generación.

¿Qué virtudes cree que heredó de Carlos su sobrino Marcos, actual vice de la empresa?

El tesón. También heredó su capacidad de trabajo, es muy trabajador.

Bulgheroni prefiere no profundizar la charla sobre la tercera generación, que incluye a sus sobrinos y a sus cuatro hijos. Un poco por reserva personal, otro para preservar a los menores. “Son muchos chicos de distintas edades. Con el tiempo, cada uno será dueño de su destino”, dice. Se le pregunta cuál sería su consejo o regla de oro para ellos. “Quiero que les vaya bien y sean felices. Creo que el ejemplo es la mejor educación. Por suerte, mis hijos y el hijo de Carlos nos vieron trabajar”, dice.

El camino a convertirse en el hombre más rico de la Argentina

Bulgheroni recuerda la primera vez que vio un pozo. Fue en 1964. Tenía 21 años. Admite que no fue “un shock” ni recuerda haber sentido algo en especial. “Venía hablando mucho de petróleo y pensando en petróleo, pero no recuerdo nada puntual”, explica. Se pasó todo ese verano en Comodoro Rivadavia.

Sí siente que su entusiasmo por el negocio y sus aspectos técnicos prevalecen 50 años más tarde. Es también de lo que se siente más seguro al conversar. En 2016, Grupo Bridas anunció inversiones por US$ 1.400 millones. La más grande, por US$ 900 millones, en el Golfo San Jorge. La mayoría se destinará al desarrollo de yacimientos.

“Uno no sabe cuánto va a salir de un pozo hasta que se agota y termina el proceso. Hasta entonces, sólo hay riesgos geológicos y operativos. La única defensa que tiene el petrolero ante bruscas disminuciones del precio es no invertir, dejar de perforar”.

¿Por qué?

Hay mucha gente que cree que nosotros cerramos los pozos y guardamos el petróleo. No. Cuando yo perforo un pozo, lo más rentable es producir lo máximo. Por eso, la única capacidad que tiene el inversor petrolero de manejar un poco su futuro es decidir sobre las inversiones futuras.

¿En cuánto tiempo proyectan recuperar esa inversión?

Un escenario optimista sería tres años. En cambio, un escenario pesimista sería 14 ó 15 años.

¿Cuándo alcanzará Vaca Muerta su máximo potencial?

Más allá de los temas petroleros y geológicos, que son la gran parte del riesgo, hay otros temas. Las condiciones que existían en la Argentina eran cada vez más difíciles: no venía tecnología ni equipamiento por las trabas a las importaciones. Si los contratistas ganaban plata, no la podían retirar. Y además, en Estados Unidos había mucho trabajo. Durante el kirchnerismo, perdimos mucho tiempo como país y fue muy negativo para todos los argentinos.

¿Qué es lo que lo preocupa ahora?

Ya se ha hecho mucho para cambiar el panorama. Veremos qué sucede cuando podamos aplicar las nuevas tecnologías en Vaca Muerta. Cuando el Gobierno anterior fijó un proyecto de US$ 7,50 para el gas, a nosotros no nos cerraba económicamente para Vaca Muerta, pero sí para producir tight gas y lo hicimos. Fue muy importante porque, en ese momento, se estaba importando gas a US$ 15/MBTU. Me preocupa el precio futuro del gas, aunque se está hablando que en el largo plazo el mercado va a fijar las condiciones y precios del gas, y que el Gobierno no va a intervenir.

Pero está la cuestión de las tarifas.

En lo único que puede intervenir es en manejar un poco los subsidios para la gente necesitada. Hay que diferenciar entre el precio del gas en boca de pozo y la tarifa del gas llevado al domicilio del consumidor. Cuando uno pretende que el productor subvencione, no tiene mucho futuro. A partir del 2002, se quiso que fuera así y funcionó mientras había reservas desarrolladas. Pero se paró toda la inversión y luego hubo que importar gas a precios muy altos. Hubiera sido mucho más barato producirlo en el país, y hubiera dado más trabajo a la gente. Pero se eligió que los productores subsidiaran, y no pueden: tienen que ganar plata para seguir produciendo e invirtiendo, si no, nadie lo puede hacer. Algunos invertimos, pero en general se dejó de invertir. La tarifa baja de gas hizo aumentar el consumo, lo cual resultó en mayores importaciones.

¿Cuándo cree que se va a empezar a percibir la reactivación?

La reactivación ya está comenzando, principalmente en Vaca Muerta, donde se han logrado los acuerdos entre Nación, Provincia, gremios y empresas. En otras zonas del país, todavía se están discutiendo estos acuerdos, que espero se firmen en el corto plazo. Las empresas de servicios están trayendo nuevas tecnologías y hay muchos operadores que anunciaron nuevas inversiones. Si todo esto se pone en marcha, la producción puede empezar a aumentar en el próximo año y, en cinco años más, llegar al autoabastecimiento.

¿Cuántos puntos le da a Macri en su primer año y meses de gestión?

Creo que se están haciendo las cosas de la mejor forma posible. La situación del país estaba muy difícil, más complicada de lo que se pensaba. ¿Calificación? Más de 7.

¿Le sorprendió que sea Presidente?

No, porque estaba preparado y venía haciendo una buena campaña. En determinado momento, las cartas se tienen que jugar sobre la mesa. Me pareció un logro importante y no hay que subestimar a la gente, que es la que elige. Además, lo conozco hace muchísimos años, le tengo mucho aprecio.

¿En qué se parecen él y su padre?

En la garra. Franco tiene muchísima garra y Mauricio, también. Aunque yo no comulgo con los boquenses… Creo que él tuvo mucha experiencia en la Ciudad y eso se ve en lo que está haciendo ahora. Está bien orientado y hay que tratar de que siga adelante.

¿Qué tres consejos le daría?

Que siga adelante, que siga adelante y que siga adelante.

¿Cómo cree que le irá en octubre?

Yo creo que está haciendo lo mejor para el país en el mediano y largo plazo. Muchas veces se toman medidas que no son muy populares y hay mucha gente que está en contra. Pero, en el estado en el que estaba el país, no había más remedio que hacer cosas pensando en el futuro. Acá está el problema del corto versus el largo plazo.

¿Cómo le pueden afectar los resultados? ¿Le preocupa?

Nosotros invertimos a muy largo plazo. Todos los gobiernos van a cambiar. Nosotros empezamos a invertir en petróleo en el ’58. Nosotros invertimos en lo que el país necesita. Por otro lado, este gobierno ordenó las finanzas del país, se propone llevar la Argentina al mundo y solucionar los problemas que mencionaba antes, lo que generará nuevas inversiones en la medida que mejore el costo argentino.

¿A qué llama “el costo argentino”?

El costo argentino existe hace años, no lo inventé yo. Por ejemplo, el costo de la mano de obra para nosotros era un 30% más alto que en Estados Unidos. Pero, si le agregamos la productividad del operario de allá con la productividad de acá, estábamos en el 100%. Cuando la mano de obra en un proyecto de cierta naturaleza es del 40% y pasa a ser del 60%, se vuelve económicamente bastante difícil.

¿Cuál fue el obstáculo más difícil que tuvo que enfrentar en su vida?

El más difícil fue recuperar a mi padre cuando fue secuestrado.

¿Cuál fue su mayor error?

Sobreinvertir en algún proyecto.

¿En cuál?

Prefiero no recordarlo.

¿A quién admiró más en su vida?

A mi padre, por la enseñanza de sus valores. Eso fue lo más importante que nos transmitió.

¿Qué es el poder?

Es algo que mucha gente no sabe manejar, entonces se embriaga y se equivoca. El poder permite hacer muchas cosas, siempre que uno no se crea que el poder es todo.

¿Fue cambiando su visión al respecto del poder con el paso de los años?

No. Solamente confirmé muchas cosas que pensaba.

¿Alguna vez le preocupó el dinero o le dio culpa?

Culpa, no. El dinero, para todos, es la retribución al esfuerzo, ya sea que uno está trabajando por su cuenta o en una empresa. Nunca tuve culpa de tener un peso más o uno menos. Creo que siempre hay que trabajar pensando en lo que uno tiene que hacer o de qué manera. El dinero tiene que ser algo que aparece como consecuencia.

De las cosas que el dinero no puede comprar, ¿cuál elegiría?

No se me ocurre, ya tengo todo.

 

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